jueves, 31 de enero de 2008

Integrismo nombarfai

Dedicado al anuncio que la Comunidad de Madrid ha hecho como publicidad de la exposición 'Dos de Mayo' que organiza Reverte, y que por desgracia no anda colgado en ninguna web para que lo veáis...

Porque parece que los castellanos no luchamos en la Guerra de la Independencia, mireusté... lucharon todos menos nosotros (o al menos se los menciona a todos menos a nosotros)... y eso que se menciona a los madrileños, que por entonces (y hasta hace unos veinticinco años) eran castellanos...

Hale, el mapa del territorio de Madrid en el siglo XVIII. Para que se hagan una idea de hasta dónde llegaban sus vastísimas, extensísimas y kilométricas fronteras. Ojo, que está situado 'al revés': más o menos el sur está hacia arriba.

Y para quien no se lo crea, he aquí el enlace.



Qué penita que se vea tan pequeño, por Eru...

Findûriel, hinchada de hartura y henchida de orgullo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Para cosas como esta se inventaron la guitarra y el lenguaje


Pues eso, bitxo ;p

Inmortales canción y guitarra, ¿verdad? Adoro a Silvio...

Findûriel

martes, 29 de enero de 2008

Hombre

Siguiendo el ejemplo de Crisóphilax, e inspirada por esta entrada, la entrada de hoy comienza con una prodigiosa poesía de Blas de Otero llamada Hombre. Es uno de los sonetos que más me han impactado de toda la literatura en verso que he leído.


Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser Hombre: horror a manos llenas.
Ser - y no ser - eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!




Y creo que es el momento de desvelar por qué el cerdito-mascota que tengo en la columna de la derecha se llama Ozymandias... No tiene nada que ver con los cómics, con la música o con el cine, aunque todos estos Ozymandias le deben su nombre a la fuente primigenia que me inspiró...



I MET a Traveler from an antique land,
Who said, "Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,


And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read,
Which yet survive, stamped on these lifeless things, The hand that mocked them and the heart that fed:


And on the pedestal these words appear:
"My name is OZYMANDIAS, King of Kings.
Look on my works ye Mighty, and despair!"


No thing beside remains. Round the decay
Of that Colossal Wreck, boundless and bare,
The lone and level sands stretch far away.



Es un soneto estremecedor de Percy Bysse Shelley.

La imagen de las piernas derruidas de este antiguo rey Ozymandias enmedio del desierto, junto con un rostro ceñudo, testigos mudos de una imagen mucho más gigantesca y terrible de un rey de antaño, me dieron miedo la primera vez que leí el poema. Esa muda amenaza en el pedestal: Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes. ¡Contempla mis obras, tú poderoso, y desespera! contribuyeron a esa imagen terrible de una gloria pasada que debió sobrepasar la imaginación.

Pero ahora lo vemos, más inmortal que nunca pero completamente destruido, enmedio de un estéril erial. Sus miembros de piedra no pueden subyugarnos, su pose heroica no puede causarnos admiración ni respeto... sin embargo, aún restan sus piernas, su rostro decrépito y esa frase, seguramente grabada por un atemorizado escultor, que nos traspasa como un dardo congelante.

Casi da pena no conocer la imagen de aquel orgulloso y temible ídolo... Sabemos que así no puede decepcionarnos, pero también frustra, en algún modo. El poder político, tan tentador y absoluto, sólo es absoluto un suspiro de edades. Después se esfuma.

Además, nos habla de dos de las pasiones de Shelley: el mundo antiguo y las obras de arte, que no hablan pero que cuentan más de lo que nos pensamos. Recomiendo Ode to a Grecian Urn, para rematar el conjunto.

Hablaría horas sobre este poema, sobre las estatuas egipcias que lo inspiraron, sobre la vida de Shelley... pero ese es motivo de otro post :)

Besos y poesía

Findûriel

lunes, 28 de enero de 2008

Crónicas de un viaje mallorquí - Tercera etapa (III - comiendo y taberneando)

Después de que nos contasen lo del pí de Ternelles, ya sólo nos quedaba reunirnos con Amras y Baya, que habían quedado en acompañarnos para comer. Hicimos un poco más el lelo antes de despedirnos del pino.

Taluego, tronco
Fuimos entonces en dirección a la plaza, donde estaban adecentando el pavimento después del mercado del domingo (aquí los mercados son el jueves y el sábado). En el centro, una pila de leños aguardaba pacientemente el momento de arder. Aquel fin de semana eran fiestas en Mallorca, y en todos sus pueblos se encenderían hogueras para celebrar la víspera de San Sebastián.

Esto no es una simple chisquera... esto se ve desde los aviones lo menos.
Nos metimos para esperar en el callejón donde más corriente pasaba de todo Pollença... Es que somos así de simples y originales :) Y entonces nos llamó Amras, al que se le había ocurrido aparcar, mira tú por donde, al otro lado del pueblo.
Así que quedamos directamente en el lugar donde íbamos a comer. Resultó ser un bar gallego (y yo con mi camiseta de bable, no veas) donde nos dijo Aina que se comía genial de pinchos. Se nos unieron Amras y Baya, y nos sentamos fuera. Les conté que había extraviado la chapa de 'Alma Bombadil' y Baya me regaló una. Qué cielo...
Vino el camarero y pedimos. La conversación fue más o menos esta:
- ¿Para comer, chicos?
- Sí (estómagos rugientes)
- Tenemos pulpo a la gallega, croquetas, calamares, fritada, caminantes...
- Bueno... pónganos uno de cada y ya luego si eso le pedimos más.
- ¿Uno de cada?
- Sí, sí, uno de cada
El camarero se marcha alucinado por nuestro saque...

Nada más sentarnos y pedir, empezaron a ocurrir cosas extrañas...


Amras probó la fruta prohibida: ¡bebió 7up sin que nadie se lo prohibiera!


¿A quién se le ocurriría envasar, etiquetar, embalar y vender Coca-Cola... en una botella de Fanta? Telchar fue nuestro cabeza de turco, se la bebió asumiendo todos los riesgos...

Comimos de todo menos manillas de cerdo (que era lo que el camarero llamó caminantes, qué gracioso), y repetimos de calamares. Todo muy rico. Lo que es hablar, no hablamos demasiado, estábamos demasiado ocupados con mascar a dos carrillos. Que mucho elfo, mucho elfo, pero luego todo el mundo se apunta a comer como hobbits ¬¬

Por cierto: probé la fritada mallorquina, que no me quisieron decir de qué estaba hecha en un principio (en palabras de Aina porque si no no te lo comes) pero noté enseguida el sabor característico. Esto es hígado. Y esto corazón... Resultó ser casi lo mismo que la asadura o bofada que comemos aquí. ¡Loor a los riñones al jerez!

Y como una es embajadora de Imladris, y eso no se olvida, qué menos que exportar las magnas costumbres de mi smial a Tol Eressëa...

Y, no podía ser de otro modo, se brindó por Imladris con nuestro famoso brindis de las croquetas.

Acabamos el ágape (que nos salió baratuco) y nos despedimos para el resto del viaje. Espero volver a veros pronto. Sabed que tenéis una guía solícita en Segovia si os pasáis por acá, y si vuelvo yo, que todo sea tan bueno como fueron estos días vividos con vosotros.

Volvimos a Sóller después de recuperar a Morris (y de que Telchar le forjase en la parte trasera con el yunque y el martillo enanos) e hicimos un poco de tiempo antes de ir al siguiente compromiso. Quizá demasiado, porque a las ocho nos informaron de que deberíamos estar allí hacía media hora...

Demasiado tarde hasta para un mallorquín, jajajaja...

Antes de entrar en casa de Yolanda, encontramos dos carteles (en mallorquín y castellano) en que nos daban la bienvenida a la taberna 'Ca Nostra'. Intrigada, me pregunté qué me habrían preparado...

Fue fantástico. Se habían currado un juego de preguntas y respuestas para otro 'forastero' (en su caso, de Almería) y para mí sobre nuestras ciudades. Luego nos dimos los regalos de amigo invisible (un marco de fotos donde pondré una foto de este viaje, seguro) y nos obsequiaron con un siurell a los inmigrantes.

Un siurell es una figura de cerámica que tiene trabajado un silbato en la parte posterior (del sonido, su nombre). Si lo soplas, ahuyenta los malos espíritus. También se dice que los vientos que a veces azotan la isla producían miedo a sus habitantes, que trataban con el silbido del siurell de espantar estos vientos. Están pintados en blanco, y decorados con pinceladas de verde, rojo o azul.

Lo curioso también es que eso del silbato con formas de animales o personas es característico de los pastores de Segovia... XD XD

Me lo pasé genial, y atesoro tanto el siurell como el marco, así como (buena mitómana que soy) el papelito que nos dieron con la figura escrito en mallorquín y castellano, y el papelito de las preguntas. Yolanda también me dio unas cuantas pautas para tratar a los mallorquines (como ella es catalana... XD) bastante curiosas y útiles.

Al día siguiente, por la tarde, ya montada en el avión, me di cuenta de la cantidad de cosas que me llevaba conmigo. Este viaje me ha hecho un poco más sabia. Y aunque fuese de noche, el viaje de vuelta fue igual de hermoso. Porque descubrí que los hombres también trazan constelaciones en la tierra con las luces de sus pueblos, de sus ciudades, de sus granjas.


También descubrí que quienes suben las maletas al avión no son duendes... cómo lo harían con esas manos diminutas y esos bracicos corticos...

... y lo bien que sienta un Nesquik cortesía de Air Europa cuando estás con el ánimo tan bajo.

Volveré, no hay duda. Aún me quedan demasiadas cosas por ver en Mallorca, demasiados paisajes por descubrir, demasiadas costumbres por compartir. Besos a aquellos que habéis hecho posible esta aventura.

Findûriel.

domingo, 27 de enero de 2008

Too angry

Demasiado cabreada para escribir la crónica que debiera estar en este hueco. Braceo contra la corriente de manos que me quieren apartar de las aguas negras que invocan mi nombre, y consigo zafarme con toda la fuerza de quien quiere depurar una corriente de crudo en un mar de tranquilidad.

Expongo mis flores, vierto mis esencias y trato de encauzar el lodo para que se deposite en sus tanques de metal. Me cuesta mantenerme a flote pero repaso los ingredientes: unas briznas de milenrama dialéctica, una pizca de diplomacia, un tanto de explicación, un cuartillo de exposición, unas cuantas frases de sosiego, y un poco de reproche y espera. Bulle unos segundos, dejo reposar la mezcla.

Vuelvo a mi corriente primigenia, donde he dejado el mensaje de que me veía en la obligación de intentar enmendar una avería en la que se repetía mi nombre. Sigo con mis bordados, mis tareas, nuestros sueños, nuestras verdades, aquellas que prometían arrojar luz sobre la oscuridad provocada por un agujero negro de incongruencias y malentendidos (¿reales? ¿ficticios?)

Pero vuelvo a oír mi nombre repetido por la brea burbujeante, por el hedor de la inquina. Me doy la vuelta y me veo, trazada en letras de verde ponzoña. Findûriel por aquí, Findûriel por allá. Mi nombre, untado en veneno y puesto en las flechas de más allá del río, aquellas que quieren aniquilar la fauna de la Corriente de las Esperanzas, donde las manos conocidas se alzan para protegerme.

Pero me hundo.

Lucho contra la oscuridad que me engulle, trato de buscar una respuesta. Las voces amigas no quieren que la haga carne, palabra, papel, pluma. Saben que con la tinta de mi voz se pueden envenenar más saetas. Y se hará. Porque sólo el más salvaje puede arrancar los dientes de un niño para usarlos como munición.

Hay una rama que me busca, la veo entrar en la corriente sobre mí, la tomo con fuerza y ella me saca de las aguas. Escupo, lloro, vomito durante unos minutos, asfixiada por el peso del petróleo que me quiere ahogar los pulmones. Pero hay otras ramas, otros troncos que vienen para asirme de las axilas y sacarme a flote.

Y me susurran palabras de consuelo, me lavan el rostro inundado, me estrechan la mano. No es tu culpa. No es tu culpa.

Hay voces, sí, que me dicen que me lo busqué. Al menos aquellos que trataron de advertirme en un principio tienen la decencia de no regocijarse ahora en unos 'tenía razón, te lo dije'.

Entre los reproches y la brea me ahogan un poco, pero pesan algo más aquellas maderas que me mantienen a flote. Sé que la burda efigie que de mí han pintado al otro lado del río, donde vierten la ponzoña, se quedará colgada de un poste alto y ridículo. También sé que hay muchos que no me reconocen en esa carcasa pintarrajeada y decorada en plumas de papagayo. Ni siquiera las voces renegadas de mi corazón. Pero no puedo evitar asquearme cada vez que miro allí, a esa Findûriel falsa y deforme que han clavado en un palo.

Gracias a aquellos que me habéis demostrado que no es mi culpa. Necesitaba una balsa, no un peso en los tobillos.

Gracias a la brea por demostrarme que aún hay mal en el mundo, y que no debo intentar razonar con quien Eru no ha dado entendimiento.

Findûriel.

viernes, 25 de enero de 2008

Crónica de un viaje mallorquí (Tercera etapa II: Pollença)

Tras la necrópolis, y haciéndole caso a nuestros estómagos un tanto rugientes, nos dirigimos al precioso pueblo de Pollença. Por el camino Telchar, Natalia y Boromir me ponen al tanto de historias de este pueblo. Realmente todo el camino en coche de la excursión han estado relatándome cosas de los lugares por los que pasábamos. Que si entre esas dos montañas se dice que las brujas tendían una cadena para bailar encima por la noche (tela la distancia, ¡ya tenían ganas de hacer funambulismo entre dos montañas!); que si en aquel alto tuvimos el último reducto de resistencia contra los musulmanes y que los dos últimos defensores fueron asados a la parrilla (la primera torrada mallorquina XD); que si en Pollença una vez al año se corta un gran pino y... no, no, eso lo cuento más adelante.

Los restos de un molino junto a la carretera

Aparcamos junto al puente romano de Pollença. Lo pongo en cursivas, porque según Aina (que es de allí) y según Daedhel (recordatorio: historiador) no es muy fiable la denominación de romano para este puente. Lo primero, porque es bastante asimétrico.

El Pont de Pollença

Cruzamos el puente de tres ojos, que nos ofrece una clara vista de sus sillares de arenisca. Nada, los romanos y yo de toda la vida, ya ves, vengo de debajo del Acueducto, bromeo. El lecho del torrente está seco, pero su caudal debía ser importante, dado el ojo de desagüe que presenta en el centro.

Detrás de nosotros, un campito de almendros. Como os dije el primer día, en flor. Los que fotografié en esta instantánea (izq) no estaban demasiado poblados, pero os hacéis una idea.

Otro de los árboles que se cultiva profusamente en la isla, como ya os comenté, es el olivo. En Pollença tienen este hermoso tronco antiguo (der), que en realidad parecen tres troncos entrelazados en su crecimiento. La corteza de olivo es el tronco más hermoso y misterioso (junto con el de nogal), el que quizá más historia puede contarnos. No por nada los romanos dominaron el mundo conocido dado, en parte, a la oliva...

Y, claro está, después de cruzar el puente y allí junto a los arbolitos floridos (me señalaron un camino por el que aún está pendiente que hagan una de sus smiálicas excursiones montaraces) hacía falta algo de espíritu tolkiendili. Y allá fue Daedhel, inspirado por lo bucólico del paisaje y por las tiernas florecillas que le tendió Aina... y luego dirán que no los llamemos comeflores y trepaárboles...


















Daedhel y Aina... comeflores soy, mañana y hoy...



Aina nos conduce por las calles del pueblo. Lo primero que notamos es que el gallo (gallet) es el símbolo de Pollença: lo vemos en señales, carteles, fuentes, estatuas, nombres de establecimientos, escudos nobiliarios, placas... en fin, por todos lados.

Las calles son una auténtica preciosidad, con sus casitas bajas y el característico olor a leña ardiendo. También vemos la primera cruz del viacrucis. Hay una pequeña pendiente en las calles que atravesamos, hasta que llegamos a los pies del calvari. Y qué calvari...

365 escalones, nada menos... esto sí que son fieles :)

Bajando a la Plaça Vella nos topamos con el famoso pino (el pi de Ternelles) del que me habían hablado en el coche. Aina nos cuenta que todos los años los jóvenes van al monte, y cortan este gran pino. Se talla al final de la calle de Ternelles, y los jóvenes suben entonces hasta donde reposa el pino y hacen una comida. Después de esta tradicional comida (acompañada de la música de xeremíes) donde ya han tomado fuerzas para la davallada del Pi, lo suben en un carro (cuyas rodadas aún pudimos ver en nuestro paseo) y lo bajan empujando hasta la Plaça Vella, donde lo alzan ayudados de unas argollas encastradas en los edificios. El de este año mide más de 20m (izq).

En estas argollas (der) que han servido para pasar las cuerdas que lo alzarán, se dejan fijas esas maromas. Todo el tronco está embadurnado en una gruesa capa de jabón, y para cuando el pino alcanza la verticalidad la plaza está a rebosar. Entonces llega el momento de la osadía, cuando los mozos de Pollença tratan de encaramarse al pino para alcanzar la cesta que encumbra la copa, en la que encontrarán, como no podría ser de otro modo, un gallet. Hace tiempo que es de plástico, no os preocupéis, y a quien lo consiga se lo cambian por uno de verdad. Para ayudarse en su ascenso, pueden encaramarse a las cuerdas y quitarse las prendas enjabonadas para proseguir lo menos resbaladizos que puedan.

Es esta una prueba de hombría, de gallardía, que tan sólo se celebra en este pueblo de todo el territorio mallorquín. No puedo evitar sonreírme, ya que en Castilla de siempre existe este mismo rito, los llamados mallos o mayos, ceremonia de uno de los cuales aún resiste a los impulsos globalizadores año tras año en el barrio segoviano del Cristo del Mercado. También se trae en un carro, y suele medir unos 70 pies. En la parte más alta, una cruz de la que colgaban jamones (hoy cintas simbólicas), y su superficie se frota con sebo de cerdo.

Ah, por cierto, esta callejita que véis en la foto de encima, es el último tramo que debe atravesar el pí de Ternelles. Y como el carro no cabe por ella, porque es minúscula, hay que meter el pino en la plaça a pulso, y con mucho cuidadito. Si con el carro en algunas calles hay que hacer virguerías para dar las curvas, imagináos encima hacerlo a mano como en este último tramo... Cuando lleguen a la plaça, debe ser la apoteosis...

El año que viene dejádmelo a mí... menudo soy yo...

Y como hoy sigo con la gripe a vueltas, mañana más de este domingo, que como véis dio mucho de sí... seguirán las peripecias de este grupillo en Pollença...

Findûriel.

jueves, 24 de enero de 2008

Crónicas de un viaje mallorquí (Tercera etapa I: de Cabos y Necrópolis)

En este caso sólo llegamos media hora tarde, y eso porque temíamos al hacha de Telchar. Expedición camino a lo desconocido iniciada, tripulación: enano y su señora enana, felfo y felfa, y un gondoriano que dejó la Morris-montura en el centro de ocio.

La panda que me arrastró de excursión... madre mía qué peligro (Telchar, señora enana, Boromir, Aina y Daedhel)

Cabalgamos a lomos del caballo de Telchar, Sombrita Grisácea, hacia yo no sé dónde pero seguro que guay, conociendo a esta gente fijo, y además friki, pongo la mano en el fuego por ello.

Primera parada: Cap de Formentor


Este es mi fondo de escritorio ahora mismo. Increíble.


Qué pasada... Aina me explica que este cabo es La Foto de Mallorca. La verdad es que merece ser la postal de todas las costas, todos los acantilados del mundo. Una maravilla al llegar, pero más maravilla al alcanzar el mirador.


Mirando a la izquierda... ojo al tamaño del barquito

Me sorprende lo calmo que es el Mediterráneo, que el mar no bata como el mar que conozco de siempre, el Cantábrico. El hecho de que el mar bata tanto supone, además de que te riza el pelo una barbaridad, que todo huele a mar. En Mallorca el mar está presente, susurra en vez de bramar, y acaricia en vez de agredir. Es otra forma de sentir el agua salada. Quizá con más paz, quizá con más calma. Detenemos el tiempo un buen rato, con las piernas colgadas hacia el infinito. Algún acrofóbico que otro nos grita que nos quitemos de tan al borde, pero es muy divertido estar allí, con los pies en la nada de decenas de metros.

Anda que si se nos cae una zapatilla, Aina... la que habíamos liao...


A la derecha, una almenara. Muchas de ellas salpican los altos y las costas de la Isla Solitaria, según las leyendas, para defenderse de los corsarios. Quizá en Umbar no sabían que estaban tan bien preparados, por eso Mallorca ahora mismo no es un bastión umbariano.


Ahí tenéis una de las almenaras... ¡Corsarios a la vista!

... y descubriendo agujeros en el suelo, había que hacer las chorrifrikifotos del momento, of course...
En un agujero en el suelo, vivía una hobbit... gracias, Nini, por darte cuenta en esta foto de que estoy más delgada... estoy echada a perder como hobbit, mira tú...
En estos agujeros del Cap de Formentor es donde se cultiva la mejor comida de elfo de toda la isla... con nutrientessss esencialesss, osea...

Segunda Parada: Necrópolis de Cala Sant Vicenç

Daedhel, libro en mano como historiador que es, nos conduce a una necrópolis pretalayótica. Si supiera lo que a mí me gustan estas cosas... Subimos por un caminito de tierra y hallamos la primera entrada a una de las tumbas, excavadas en la roca viva. Lo sorprendente es que, según nos cuenta Daedhel, se horadaron usando piedras como herramienta. Sus dimensiones y detalle, para tratarse de estos útiles de construcción, son impresionantes.

Los expedicionarios parece que están de juerga en vez de a la entrada de una tumba :)

Bueno, nada más ver la entrada de la tumba más grande, hubo quien se emocionó...

¡Cariño! ¡Hemos encontrado nuestro nidito de amor perfecto! ¡Mudémonos!

Dentro la tumba estaba distribuida a lo largo de un pasillo central. A los lados de este pasillo había horadados unos huecos donde se colocaban los cuerpos, y al fondo una pequeña sima donde se depositaría el ajuar, y los huesos una vez despojados de la carne corrupta.
Pero ese esquema se vería mejor en la segunda tumba, con una entrada mucho más angosta.

¿Lo has pensado bien, amor? Aquí no nos cabe la mesa de jugar a Warhammer...

Tuvimos que gatear un trecho hasta entrar a esta segunda tumba. En ese momento nos llamó Altáriel, que me pilló a gatas, así que la pasé con Telchar, que en un principio no iba a entrar. Pero al final, se animó.


Que no se diga que un enano teme atravesar el Sendero de los Muertos, hombreya...

Hay algunas fotos de dentro, cortesía de la Señora Enana y su arte al tirar fotos (las mías salieron fatal), en las que se ve la reunión secreta del no-smial de los pretalayóticos, que pasará a la historia por los relatos que allí se contaron y los misterios que allí se revelaron. A los lados de nuestras cabecitas, podéis ver las repisas talladas en la roca en las que colocaban las luces de aceite que alumbraban la tumba.

No sé si Telchar había pasado de la entrada cuando nos hizo esta foto.

Estuvimos allí un buen rato, atentos a las explicaciones de Daedhel, quien nos explicó que tampoco está muy claro el uso de las hornacinas que había a los lados de la entrada de la tumba. Como no había demasiado polvo en suspensión, las fotos salieron muy bien. Además, una vez sentados a los lados del 'corredor central' la luz del sol incidía en el fondo, en aquella pequeña sima que habría albergado huesos, objetos personales y quién sabe si amuletos, símbolos religiosos o simplemente secretos de las personas que allí reposaban...


En ocasiones veo necrópolis...

También me sorprendió, huelga decirlo, el excelente estado de conservación de las tumbas, y lo respetadas que estaban, casi casi perfectas. Y más siendo un sitio al que se puede acceder libremente, se puede entrar y salir con soltura y sin atravesar controles, puertas o pedir permiso. Vamos, que en otros lugares te esperas encontrar como mínimo los restos de un botellón.

Bueno, lo dicho, pasáos cuando queráis. Mi casa es vuestra tumba... digooo, vuestra tumba es mi casa. Bueno, que ya me entendéis. Hale, a trabajar en la mina :)

Y como otra de las cosas que me he traído de Mallorca es un resfriado de aúpa, pues siento tener que cortar la crónica aquí por hoy. Mañana sigo con lo que hicimos el domingo en Pollença (que tiene mucha miga) y los eventos nocturnos.

Besos!

Findûriel.

miércoles, 23 de enero de 2008

Crónicas de un viaje mallorquí (Segunda etapa)

Amanecer a las mil. Darse cuenta de que desayunar es inútil, pero desayunar de todos modos. Compromisos por cumplir: unos cuantos. Agarramos a Morris y nos disponemos a buscar un lugar en Palma donde nos den de comer más tarde de las cuatro.

Por el camino, aventuras y desventuras del túnel de Sóller, chicles de fresa y Daniel Higiénico. ¡Esta ronda la pago yo! Veo a las ovejitas mallorquinas pastando entre los olivos, y me alegro de que no asolen los campos bajo estos árboles con sustancias cáusticas para que queden bonito, sino que pongan al ganado ovino (parecen churras, no sé exactamente de qué ramal, pero churras) a matar las hierbas. Un bravo por los mallorquines a ese respecto.
Entramos con el coche a Palma, buscamos aparcamiento. Esa tarde, a partir de las cinco, hay reunión de smial. Nadie sabe que estoy allí. Al ladito de la tienda Gotham y aún metidos en el coche, nos topamos con Brog (Oso). La conversación es la siguiente:

Boromir - ¡Buenas tardes!
Oso - ¡Qué pasa! Aquí, esperando a que abran.
Findûriel (asomando la cabecita desde detrás de Boromir) - ¡Hola!
Oso - ¡COÑO!

Buena respuesta para ser el primero del smial con el que nos topamos. Le pido discreción, y él se compromete. Aparcamos y nos indica un par de establecimientos en los que no nos mandarán al peo si comemos a aquella hora.

Por cierto, Oso, que no me olvido del dibujo para el calendario, ejem, ejem...

Misión nº1: encontrar un BBVA y comer. Palma se sucede en callejas bulliciosas pero no escandalosas, en palomas confiadas y gentes que hablan bajito. Desfila bajo mis pies en palmeras, olor a fresco, punkis y escenarios con pruebas de sonido. Está en fiesta, pero aún se repliega en la calma del mediodía de siesta.

Misión cumplida. El KFC tiene dos plantas, donde aún come bastante gente. Mi primera visita a un KFC, aunque deforeste que da gusto. Pruebo por primera vez el gelat fet a Sóller para satisfacer la curiosidad de Boromir, y me sonrío al darme cuenta de las particularidades a las que se adaptan las cadenas de fast food en cada lugar en que se asientan. Ya me gustaría probar uno de los famosos batidos de litro que trasiegan en EEUU con la hamburguesa megagigante... El helado muy bueno, por cierto, de chocolate y en su punto óptimo de frío. No podemos decir lo mismo de las patatas, por desgracia...

Misión nº2: entrar en el Gotham y no morir en el intento. Nos cuesta lo nuestro, aunque Boromir recibe unas ocho o nueve heridas en la cartera, una de ellas en forma de tocho de relatos de Lovecraft que algún día me prestará :) Telme está en el mostrador, confiado en su éxito ante las ansias consumistas de un friki redomado. Se sorprende de igual manera que Oso. Me dice Esto no son las Canarias. Yo le contesto Nunca dije que fuese a las Canarias (requiebro filológico). Noto un cierto integrismo parecido al mío en sus palabras, y lo comprendo perfectamente. Compro el Bleach número 20 y pido, como en casi todas las tiendas de cómics, que me ponga un sello de la tienda.

Es sencillo el por qué pido el sello, aunque a los dependientes siempre les suena raro. Cada vez que me compro un cómic por primera vez en una tienda distinta, me gusta que lo marquen, para recordar que estuve tan lejos comprándolo. Pero todos los dependientes, indefectiblemente, me miran con cara de perplejidad. Debo tener cómics de unas ocho tiendas distintas en cinco ciudades diferentes.

Misión nº3: Llegar al lugar de reunión del smial de Tol Eressëa. Recompongo mis atavíos de embajadora de Imladris para llegar con otro apoteósico 'SORPRESA' a la reunión de tan lejanos compañeros.

Amras se queda con la boca abierta. Ni siquiera me presenta a los miembros que no conozco, así que he de hacerlo yo (anda que...). En la reu, si no recuerdo mal, estábamos hasta aquel momento Oso, Kaworu (al que se da la bienvenida en aquella reunión al smial de forma oficial), Daedhel, Boromir, Amras, Baya, Aina y un chico que viene a presentar unas jornadas la mar de interesantes en las que quizá encaje Tol Eressëa como participante.

Baya intentó ponerle los cuernos (figurados) a Amras mientras sujetaba el libro de Actas

Por el escaparate cruza una sombra ominosa. Sé quién es. Abre la puerta y suelta un sonoro:

- No puede ser...

Telchar, el enano afrentado, se sienta junto a mí y exige su duelo a janken y pulso chino. Pero Oso impone paz momentánea, aunque no dejamos de retarnos con la mirada mientras degustamos nuestros refrescos e infusiones.

Reunión interesante, de la que pudieron sacarse varias cosas útiles. Aquel proyecto de jornadas tenía una pinta estupenda. Dan la bienvenida al nuevo miembro, se habla de una excursión en ciernes, de planes internos de los que tendremos noticias muy pronto, se hace un poco de brainstorming, aparece Mothglin y entonces es cuando me entero que Tol Eressëa tiene libro de actas y todo.

Y llega el Punto Tolkien. Nos pasamos un buen rato hablando de la ficción de Tolkien no perteneciente a la Tierra Media, de dragones que hablan, de animales que fanfarronean, de muerte y pintura, y de cosas que no tienen nada que ver, todo gentilmente registrado por la perenne grabadora de Telchar (cuya Señora Enana también se nos ha unido).

Telchar y una servidora posando con el pulso chino para la cámara

Al término de la reunión, y ya en la calle, se ofrecen para montar una excursión en coche el domingo por la mañana. No hay planes que lo impidan, así que quedamos. Qué gente más maja, por Eru. Nos decimos hasta luego y descubrimos que el sol ya se ha ido. Y que Telchar y yo no hemos satisfecho nuestro duelo.


Misión nº4: comprar carne para la torrada de la noche. Consultando el reloj nos damos cuenta de que, como diría Ethan Hunt, es una misión imposible: todo está cerrado. Apelamos al poco hambre que tenemos y a la solidaridad de los compañeros de agrupación.

Misión nº5: comprar el amigo invisible para el domingo. Sólo nos queda abierto El Corte Inglés. Hacia allá nos encaminamos.

Ya las calles están más animadas, más llenas de gente. Es un gusto caminar por los carreres peatonales, donde ya hay encendidas brasas en bidones, y la gente con sus pincitas y sus platos asan carne. Boromir me explica que eso son las torradas populares: el ayuntamiento se ocupa de poner las barbacoas y encender el fuego, y las agrupaciones o cofradías de mantenerlo, tener arena y ocuparse de ellas. La gente llega con su carne, su pan y sus bebidas, y se hacen los chorizos, la carne, los botifarrons o las llonganises. Huele a humo en las calles y suena música, pero todo dentro de un ambiente familiar y distendido.


Qué envidia, ahí, todo el mundo bailando...

En la Plaza de España ya está en marcha la verbena. Cruzamos entre los palomos que aún remolonean por allí y llegamos al Corte Inglés. Queda poco para cerrar. Curioseamos pensando en comprar un bolsito de peluche (bueno, esto lo pensé yo porque tengo a veces ideas muy raras) o un GPS (entregándola por piezas equivalentes al valor del amigo invisible, una por fiesta, y que se pusieran de acuerdo para recomponerlo cuando estuvieran todas) y nos decidimos por dos regalos prácticos y curiosos, todo lo prácticos y curiosos que nos permiten los diez minutos que quedan de grandes almacenes abiertos, y de paradas en las estanterías de libros, como buenos frikis que somos.

Misión nº6: Llegar a la torrada y ballada de Palmanyola. No había demasiado tráfico, y pudimos aparcar sin problemas al lado de la fiesta. Mucha gente, mucha brasa y buen olor a torrada. Enseguida trabamos conversación con la gente de Estol de Tramuntana, la agrupación de Boro, de la que algunos estaban ya vestidos de feina (los que cantaban o tocaban). Mª Angels nos consoló los estómagos con un poco de comida (y, sí, bebida... qué sed), y probé tanto la llonganisa como el pan mallorquín, denso y moreno.

Qué pena que salgan tan oscuras... aquí, varios instrumentistas

La ballada popular fue una pasada. Me dieron una envidia tremenda. Los músicos se pusieron a tocar y cantar, y la gente enseguida bailaba con una soltura inaudita. Ya me gustaría a mí que el folklore castellano se tratase con ese respeto y ese entusiasmo que demostró la gente de Palmanyola. Allí me senté, hipnotizada por las breves danzas. Tanto, que me llegaron a preguntar si me aburría, pero realmente estaba tratando de cazar el esquema de los pasos para repetirlos mentalmente. Una auténtica delicia.

Algunas de las danzas eran más reposadas, otras más vigorosas. Los compañeros de Boro me explicaban las peculiaridades de algunas piezas, y me llamó la atención sobre todo la última, en la que la mujer iba retando al hombre a bailar con ella, alternándose las parejas. Si a la dama le gustaba el mozo con el que bailaba, trataba de lucirse con él trenzando intrincados pasos (y así a la vez lo ponía a prueba); si no era así, bailaba a lo simple, manifestando su poca disposición.

Al final de la actuación nos quedamos hablando con Yolanda, una de las cantantes, que se rió muchísimo con nosotros. Las brasas ya no ardían, pero el rescoldo calentaba, así que la gente se arremolinó con las sillas alrededor de las barbacoas, cantando y bailando un poco más o contándose historietas.

Danos algo para unas herbes, hombre...

Al día siguiente volveríamos a verlos, ya que se celebraban varios cumpleaños a la vez de miembros de la agrupación. Pero había que levantarse prontito, ya que nos esperaban los compañeros de smial para la excursión. Aunque, me aclaró Boromir, los mallorquines no se distinguen por su puntualidad. Por eso quedan sobre una hora, no a una hora en concreto :) ¡Quedamos sobre las diez y media!

Próximamente capítulo III: Al este del este, mallo del gallo y la taberna del mallorquín.