lunes, 31 de marzo de 2008

Poner nombre a los gadgets denota soledad

Inspirado por un post de Kaworu (hola, chiquillo) y por el estudio que afirma que poner nombre a los gadgets denota soledad.

Siempre le he puesto nombre a las cosas. Comienzas poniéndole nombre a los juguetes, desde que eres pequeño, sobre todo a los muñecos y a los peluches. Luego tú, o tus padres, le ponen nombre al coche. En mi casa los tres primeros coches se llamaron Mingui (bueno, en realidad el primero se llamó Willy, pero mi hermano pronunciaba mejor Mingui), y a partir de ahí el único que tuvo ente nombrada sería el Basurillas. Los demás también han tenido nombre, pero no los hemos llegado a llamar de una forma tan habitual o automática por ellos, sino simplemente el coche. Y es mucho menos divertido, y aumenta la distancia afectiva con el objeto.

En fin, que siempre terminamos por ponerle nombre a las cosas con las que más contacto tenemos en la vida diaria, o las cosas a las que más apego tenemos. Nuestro coche, nuestra tele, nuestro estéreo, nuestro móvil, nuestro portátil, nuestra perforadora de papel (la mía se llama colmillitos). El aire acondicionado de la ofi de turismo de San Ildefonso era R2. La estufa de la iglesia de San Miguel, Leocadia. Cuando mi madre se compró la primera lavadora, automática, mi hermano le preguntó para qué servía (debía tener unos tres años). Mi madre le dijo que para que mamá tuviera más tiempo. Un día mi hermano tenía ganas de ir al parque y mi madre le dijo que cuando acabase las tareas de casa. Él le dijo, con las palmas hacia arriba y cara de obviedad 'Pues pon la Tomatica y vámonos'

Incluso las colecciones. Todos mis jabalíes tienen nombre. El último se llama Furious y da un poco de miedillo. Pero hasta puse nombre a mi cerdito hucha, Murray. Y mis amigos les ponen nombre a las casas: El Poney, la Antrosera, el Flet, el Orcotalan... en fin...

Llamar a tu memoria USB el piticlín, o a tu portátil Luci (por Lucifer) son otros ejemplos de gente cercana a mí que, casi sin darse cuenta, otorga nombre propio a sus posesiones. A veces fruto del aprecio, otras veces fruto de la cotidianeidad.

Y ¿Por qué hacemos esto? Cada uno puede aportar su respuesta. Pero en mi caso son las tendencias animistas, las creencias en el Geist de todo lo que existe y, por ende, la necesidad de otorgarle una identidad propia que además los enlace con mi universo, las que me hacen buscar nombre a las cosas. Estoy convencida de que no existe diferencia entre cuando llamé a mi primer muñeco Pepe y cuando me traen un jabalí nuevo al que me apresuro a bautizar. No se trata de infantilismo. Se trata de inclusión, de un nuevo registro en el sistema conceptual de la realidad más inmediata.

No por ello dejo de relacionarme con las personas. Eso es absurdo. Pero esas mismas sensaciones de espíritu inherente en los objetos son comparables a aquel nosequé que me impedía siquiera beber en la iglesia en la que trabajaba porque me imponía solemnidad aun no siendo cristiana, o la sensación apabullante y de silencio que embarga al entrar a una cueva, o la introspección a la que te somete un bosque en otoño.

Seguro que os pasa, como me pasó a mí al leer el post de Kaworu, que os dais cuenta ahora de la cantidad de cosas de vuestra realidad cotidiana a las que habéis puesto nombre. Seguid haciéndolo. Es una pequeña muestra de magia. Aunque si me lo queréis comentar, me pica la curiosidad :)


Besos
Findûriel, intentando recobrar documentos.

Y ahora mi canción favorita de Weezer, en la que tengo un 100% en el Guitar Hero:

MY NAME IS JONAS

sábado, 29 de marzo de 2008

Un poco de humor tolkiendili




Un pequeño consejo: si os ofrecen un trabajo de quince días nonstop, pensáoslo dos veces. Esto es peor que donar sangre todos los días: parezco un puñetero vampiro congelado.

Ya no sé si soy del siglo trece, de estilo renacentista, o si me han donado a la parroquia a modo de exvoto. Lo que sí sé es que en las iglesias NO se fuma, NO se habla por el móvil (y menos enmedio de una visita guiada), NO se pide dinero dentro, NO se duerme y, por el amor de Eru, NO se esconde uno en los confesionarios para darle un susto a la peña.


Findûs, 'agurría' ya. Mañana soy persona después de las siete de la tarde :) Con el pico picaba la hoja, con la hoja picaba la flor... y todo el mundo de vacaciones, y todo el mundo de vicio friki, y yo congelada, porque a Leocadia se le ha acabado el butano... ays...

jueves, 27 de marzo de 2008

Ocho

Bueno, realmente hablamos del ocho combinado con el cero. Porque buceando en las discografías predilectas, no podemos negarle una diminuta pincelada de genialidad a aquella década a la que nunca miro con interés, que fue la de los ochenta. Ya estaba demasiado ocupada comiendo ceras de Manley y odiando los pantalones piratas que me ponía mi madre como para además fijarme en la música (que me parecía mediocre, y la inmensa mayoría me lo sigue pareciendo) que se oía en Rockopop o El Kiosko.

Pero, oh, para redimir una década de petardeo están ellos, los únicos, los sublimes Pixies. Ningún grupo aparte de ellos (y quizá los Vaselines) tienen dentro una crueldad tan naïf, una contracultura tan simple pero a la vez tan llena de matices, una rudeza tan inocente... Si es que con sólo escucharlos me transportan a un puro dolor adolescente (en el sentido literal de la palabra, en el de adolecer) en que las espirales dominan los dibujos.
Desde aquella pieza de genio que fue Surfer Rosa, una de mis canciones favoritas de los Pixies: Broken Face. El vídeo es de la reunión de la banda en tiempos actuales, y aunque la voz de Frank Black no aguanta como antes, es un placer oírlos again.

There was this boy who had two
Children with his sisters
They were his daughters
They were his favourite lovers

I got no lips, I got no tongue
Where there were eyes there's only space
I got no lips, I got no tongue

I got a broken face, uh-hu, uh-hu
I got a broken face...

Sirva esto como ocho, aunque no puedo dejar de recordar temas como Where is my mind?, Gigantic, el inolvidable Debaser o la hipnótica Alec Eiffel.

¡¡Larga vida a los Pixies!!
Findûriel, this monkey's gone to heaven...

martes, 25 de marzo de 2008

Día Tolkien

Los 25 de Marzo celebramos el Día Tolkien, ya que fue este día en el que el anillo fue arrojado al interior del Monte del Destino para su total, dramática y emocionante destrucción. Bueno, el anillo y el dedo corazón derecho de la mano de Frodo, dicho sea de paso :)

ITHILIEN

La tierra, dura contra su rodilla, estaba húmeda. Lluvia. Sangre. Lodo. No lo sabía. Se apoyó con la palma un instante, tratando de recobrar el aliento ahora que todo parecía estar en silencio.
Se sustentó en el hombro de su compañero caído para levantarse de nuevo. Observó cómo su propia respiración se convertía en violento vaho. Retiró la mano del hombro frío. Una babosa escalaba por la comisura de la boca del cadáver.

– Es un caracol.
– No es un caracol, estúpida, es una babosa.
– ¡Un caracol!
La niña le lanzó una patada a su hermano aunque sin intención de golpearlo, y salió corriendo en dirección a la casa. Él se quedó quieto, sonriendo con tibieza. Miró hacia los lados. Cuando creyó que nadie lo veía, se agachó para recoger la babosa y se la metió en uno de los bolsillos del chaleco.
El padre sonrió desde detrás de las cortinas. Seguro que se internaría en la espesura aquella misma tarde, a darles de comer a sus amigos los lagartos de cabeza azul. Devolvió las pesadas cortinas a su lugar. La niña entró con la mirada baja y se sentó en el suelo, cerca del arcón.
– Mi hermano es un idiota.
El padre se acercó. Arrodillándose ante su pequeña, le sacudió la arena de las rodillas y los pies descalzos con dulzura.
– Hermano mayor tenía razón en este caso. Eso es una babosa, hermana pequeña.
– Es un caracol…
– Los caracoles, hermana pequeña, tienen una concha en su espalda. Es la tienda de hueso de los animales indefensos. Así como la víbora tiene sus escamas y sus colmillos, el caracol tiene su escudo.
– ¿Como padre?
La niña señaló hacia el rincón del oeste. El sol se estaba poniendo, y las armas del padre refulgían en seda, plata y acero. El padre se volvió de nuevo hacia ella.
– Sí, como padre.
– Padre tiene colmillos – la niña señaló la espada que, envainada, ofrecía un aspecto de paz y arte –, y también tiene aguijones – volvió el pequeño dedo hacia el carcaj colgado sobre el arco desmontado –. Padre es una víbora, y un escorpión.
– Padre también sabe ser caracol – apuntó el padre, inclinándose hacia su niña –, recuerda que también tengo un escudo.
Se levantó del suelo en que estaba acuclillado para volver a apartar las cortinas. La madre volvía con el cesto bajo el brazo repleto de frutas por el camino.
– Y si a padre le quiebran la flecha, le embotan la espada y le arrancan el escudo, ¿Qué animal será entonces?
El hombre no volvió la vista.

‘Una babosa’ pensó el guerrero, escudriñando la penumbra del bosque en bruma, ‘padre será una babosa, hija mía…’
Avanzó unos pocos metros antes de inclinarse sobre el costado. La herida era bastante profunda. Se examinó la mano con la que tapaba aquel tajo. Estaba negra y amarilla.
Rebuscó con la mirada entre la multitud de cuerpos caídos que lo rodeaban. Necesitaba agua para tratar de reparar aquello.

Se cuadró. Quería ir a la guerra.
– Siguiente…
Aquel hombre daba bastante miedo. Es decir, infundía respeto. Eso era lo que le había enseñado su padre, que los soldados no sienten miedo, sino respeto, por sus superiores. La armadura brillante, las cuentas de su cabello, la arrogancia de su mirada, exudaban tanto respeto que él se cuadró aún con más firmeza cuando le tocó el turno de ser examinado. La punta del mango del látigo le alzó la barbilla. Aquel general nunca tocaba a los candidatos, solamente se comunicaba con sus soldados.
El superior dio varias vueltas alrededor de él. Golpeó brutalmente con el mango la parte trasera de las rodillas, pero el joven consiguió no derrumbarse de dolor. Tampoco cerró los ojos. Pero maldijo hacia dentro. El general comprobó tanteando con esa empuñadura los músculos compactos y flexibles del joven, la largura de sus brazos, la firmeza de sus tobillos. El joven sudaba suavemente, como la planta que se humedece en rocío.
No se permitió respirar aliviado cuando lo vio cambiar de candidato. No flaquearía.
Su número fue cantado al final de la jornada. Se le entregó una espada, templada y firme como su carácter, flexible y afilada como su alegría. No se lo diría aquella noche a su esposa, que lo aguardaba en las mantas y el calor, con los aceites y el silencio, porque aquella noche sería para calma y reflexión. Pero sí se lo susurraría al vientre que esperaba, cuando su mujer pequeña estuviera dormida, sí se lo diría al primer vástago que aún no había nacido. Tu padre es soldado, le susurraría, tu padre es soldado. El destino es nuestro.

Escupió en la corriente y observó el color de aquella saliva. No había rojo ni amarillo, no había mal sabor en el paladar, ni hiel en los labios. Le costó arrodillarse en el lecho embarrado, y la mano se le había pegado a la herida con la sangre coagulada.
Recordó la sangre de su esposa mientras quemaba los trapos manchados para que el olor no atrajera a las bestias. Del mismo modo quemó los linos ensangrentados de su propia cama después de que llegara el primero de sus hijos. Llegó sin lloros, sin ruido, ni aun cuando lo cubrieron en tierra y ceniza para darle la bienvenida, ni aun cuando los otros soldados lo zarandearon de mano en mano para reconocerlo como suyo. La hija sí gritó, vaya que si gritó. Las mujeres del campamento rieron como locas con los chillidos de la pequeña.
Y el tercero vendría en la ciudad, acunado por los olores de la miel y la leche, pero poco tiempo respiró en la tierra. Y también se lo dieron a las llamas, fuera de las murallas de la urbe, para que se lo llevara el viento a las praderas del otro mundo. Y se marcaron en la frente con las cenizas y los huesos, para que el olor dijera que era un humano el que viajaba por las brisas, y no una bestia hendida por el fuego.
Vendó el costado herido. No le provocaba demasiada confianza la camisa amarillenta que había arrancado de aquel cadáver para hacerlo, pero no tenía nada mejor a mano.

– Mátalo.
El cuchillo le temblaba en las manos. Los ojos se le escapaban a la espesura.
– Mátalo.
Los labios emprendieron un duro viaje desde la firme y pálida resolución al gesto contenido del llanto. No quería llorar. No le estaba permitido.
– Dámelo…
El padre arrebató con furia el cuchillo de las manos de su hijo, y lo clavó sin piedad en las carnes del animal. Chillando indefenso, sus patas breves y escuálidas intentaron llevarlo fuera del mordisco del acero, pero tenía el cuello atado a una estaca. El pequeño se tapó los ojos, incapaz de seguir viendo aquella masacre. Pero no pudo acallar en su cabeza los gemidos desesperados del animalillo ante las puñaladas.
Aun cuando el silencio le anunció la muerte de su perro no se destapó los ojos. Seguía escuchando los alaridos del animal en lo más hondo de su cráneo.
– La próxima vez, procura hacerlo tú – le susurró su padre, tomándolo del cabello y pegando la boca en su oído –, y trae un cuchillo más largo. Me ha costado llegarle a las entrañas. Ahora lo quemarás.
Dejó al pequeño sollozando sobre los despojos del perro y se alejó hacia la choza. Vio a la madre, acuclillada en la puerta de la tienda separando semillas, y a la hija, que hilaba en silencio pero con el rostro contraído. Pasó entre ellas como una sombra, y ambas lo escucharon desenfundar la larga espada de su vaina de madera.
– Hacia la orilla opuesta hay buena arena.
Aun habiendo oído las palabras calmas de la madre, la hija no alzó la mirada. Sintió el aire que su padre desplazó al rozarla mientras salía, con la brillante espada en la mano, y sólo cuando estaba lejos se atrevió a mirarlo. Sumergía el metal en el agua, y con gruesos puñados de arena fina frotaba filo y acero, para afinar el corte de su arma.

Le sorprendió el golpe de su propio cuerpo al caer. Llevaba varios minutos acuclillado en inconsciencia, sin haberse dado cuenta de cuándo había perdido el sentido.
No sentía los latidos de su propio corazón. Había perdido demasiada sangre como para conservar el sentido del tacto y el calor corporal. Temblaba, pero no sabía por qué, porque ni siquiera sentía el frío. Veía las briznas frente a su rostro tendido en el suelo, pero no notaba la caricia de su escarcha.
¿Por qué se acordaba ahora de ese perro escuálido, de ese saco de huesos que alguna vez perteneció a su hijo? Levantaron el campamento dos días después, y aquel chucho no habría aguantado ni dos días de camino. Maldición… Le dolió verlo flaquear. En aquel momento pensó que la agitación que le había llevado a apuñalar al cachorro era vergüenza por tener un hijo tan débil. Mientras la arena se le escurría entre los dedos, supo que esa agitación en realidad le enternecía, por tener un hijo capaz de la compasión en aquel mundo de guerras y espadas.
Su esposa lo había comprendido desde el primer momento. Su esposa… qué lejos le parecía ahora, tendido en medio de un bosque cuyo nombre no conocía, presa de un dolor sordo que lo convertía en un saco de tierra, incapaz de alzar las manos para darse muerte por sí mismo.

– No sufrió.
Tomó el cuerpo amortajado y lo depositó en la arena, empujando con los brazos fuertes el montículo hasta verterlo en el agujero. Lo allanó con las manos de un padre, pero con la firmeza de un guerrero. Aquella arena estaba sucia, llena de cortezas y hojas secas. No era una arena digna de recibir a su hija.
No hubo señal que la distinguiera del resto de tierra removida por los miles de pies de los soldados. El viento se encargó del resto, y las esquirlas de hoja borraron toda memoria. Paso tras paso marcharon hasta la frontera, donde los bravos siguieron el camino, dejando el mundo conocido atrás. Su esposa estaba allí, y la última vez que la vio agitaba la muñeca, y el brillo de sus brazaletes le cosquilleaba en los párpados. Acababa de trenzarle el cabello bajo el casco.
Su hijo tampoco estaba allí. Había conocido la crueldad demasiado pronto, y ahora era una cáscara vacía quien lo miraba desde las murallas.

‘Hermoso…’
La luz caía verticalmente sobre las hojas de la ribera. Una de ellas estaba inclinada por el peso del rocío. Allí de donde venía el soldado el agua se guardaba como una joya. Su esposa escurría las telas todas las mañanas, maravillándose en el brillo de las gotas. Cantaba al recoger el agua del pozo en los días de ciudad, como cantaba el brocal impulsado por sus manos escuálidas.
‘¿Por qué?...’
Ahora estaba a la puerta de casa, sentado mientras curtía la piel de una de sus cabras. A lo lejos había risas. La brisa caliente, picante, le hablaba de una noche congelada. Miró su rebaño. Dejaría que pacieran a la sombra de las dunas un poco más antes de conducirlos a las cuevas. Venía hacia él una pequeña oliva, un cúmulo de calor y olor a vida que se tambaleaba sobre los pies. Las manos grandes querían asirlo, ayudarlo, pero se contuvieron para que el esfuerzo mereciera la pena.
Se le agarró a la pierna entre carcajadas. El hombre no supo explicar el júbilo del bebé al encontrarse con su padre.
‘Pero…’
Marcharían. Serían uno. Serían gloria, lucha, terror, victoria. Serían un ejército como nunca se había visto en tierras de los débiles del norte. Serían lluvia de acero, truenos de filo, gritos de guerra. Serían honor, honor del desierto.
La primera batalla fue una victoria fácil. Aún ajusticiaban a los moribundos cuando llegó la segunda oleada. La batalla tercera fue algo más dura, y la cuarta un infierno de carne y sangre. Recibió un golpe en el hombro que le hizo humillarse, y el cerebro le enloqueció por un instante ¿Por qué estaba allí?
‘¿Por qué?...’

Vio cómo se le contraían los dedos, pero no supo si estaba soñando. Ya su conciencia lo abandonaba. Uno de los rayos del sol le acarició los cabellos desparramados por el suelo, y le titiló en las pestañas. Tenía tanto sueño…
‘…¿Por qué la muerte es tan hermosa?’
Las libélulas ya no sintieron miedo de su aliento. El guerrero no respiraría más.

domingo, 23 de marzo de 2008

Freak Love

Advertencia: estos casos están basados en hechos reales... o no...

AMOR FRIKI

Colecciona kokus de todos sus sobres de L5R para conseguirte aquellas fundas edición limitada del Clan del Escorpión que sólo se adquieren por internet.

Te regala (se regala) ropa interior de Superman para vértela puesta. Eres su súper favorito/a.

Se pasa toda una tarde y parte de la noche contigo hasta que consigues aprender a jugar al Carcassone sin perder tus puntos de granja.

Se entera de que te están caneando en el Diablo II Online y acude rauda/o a rescatarte con su arco socket con palabra rúnica que otorga 30-45 de daño de frío.

Bucea por internet para comprarte aquella serie rarísima que te apasiona, y acaba pagando portes desde Thailandia, que es el único lugar donde venden sus DVD compatibles con Europa.

Hace lo indecible por compartir contigo merith.

Es capaz de dejar por un momento sus cómics favoritos de toda la vida y darle una oportunidad a esa serie de manga que lees porque se lo has recomendado.

Sacrifica su usual tarde de Magic porque te apetece simplemente que os quedéis en casa juntos.

Te presta su warlock nivel 62 para que comiences a jugar al World of Warcraft sin que seas carne de cañón.

Busca en la red hasta hallar un torrent activo de la versión apócrifa de tu peli de serie Z favorita.

Comparte contigo el ensayo, trabajo, poema o canción derivados que está elaborando, para que le hagas sugerencias varias antes de echarlo al mundo.

Le pone a vuestra mascota nombres como Miles Vorkosigan.

Crea un programa de ordenador que genera nombres faëricos, sólo para ayudarte en la ambientación de un evento sobre la fantasía al que ni siquiera va a asistir.

Se curra un texto en klingon para felicitarte el cumpleaños.

Consiente que una habitación de vuestra vivienda se convierta en campo de batalla cuando vienen tus amigos a jugar, y además sea expositor de tus figuras, cómics y/o libros.

Le limpia el polvo a tus cientos de figuritas, y no se queja cuando vienes de la tienda con unos cuantos puñados más. Él/ella es así de comprensivo.

Ve contigo una peli thailandesa en v.o. sobre el cultivo del loto que dura tres horas, aunque las pelis que le gustan son las de palomitas.

Se conecta wireless con su Nintendo DS a las tantas de la madrugada porque al fin ese malgache le ha pasado naranjas para el Animal Crossing, y quiere compartirlas contigo.

Se lee todas las publicaciones y ve los telediarios de la mañana para advertirte cuáles hacen spoiler del último de Harry Potter y que no te chafen el final.

Compra en una tienda tela del rojo correcto, en otra tela del negro correcto, en otra gomaespuma, en otra hilo de bordar, en la siguiente unas zapatillas negras, en la de más allá cordón rojo... y se deja las pestañas en el traje de guerrero saiyan para tu feria del cómic.

Findûriel. Seguro que tenéis muchas cosas que contar, ¿alguien añade algo más?

miércoles, 19 de marzo de 2008

Meme: My rock band

Robado del livejournal de Deraka-chan


Ve a la página de inicio de Wikipedia y dale click a página aleatoria. Ése es el nombre de tu banda. Dale a página aleatoria de nuevo; ése es el nombre de tu álbum. Dale a página aleatoria 15 veces más; ésas son las canciones de tu álbum.

Vamos allá...

MI GRUPO: Aparcamiento compartido. Argh. Esto apesta a grupo de pop meloso tipo Presuntos Implicados o Cómplices, o a banda ñoña de pop de los 80.

MI ÁLBUM: Volèm Viure al País. Ok, eso significa que pongo el título en otro idioma diferente del mío para que sea más molón. Y lo pongo en catalá, para que sea molón y alternativo, huyendo de las bandas que se lo ponen en inglés. Comienzo a dar un poquito de asco XD XD XD

MIS TEMAS:

1. Riojano precastellano. Comenzamos filológicos, esto me gusta. Por si no lo sabían, este grupo pertenece a una nueva corriente (tan nueva que la acabo de crear right now) que se llama Punk-Rock filológico deconstruccionista abstracto. El nombre del grupo era para despistar. Somos así de snobs.

2. Tebaína. Vale, drogas, sólo me falta el sexo y el Rock&Roll.

3. Porsche Carrera GT. Que conste que tenemos pasta, babe.

4. Warning:, curiosamente el 6º álbum de Greenday. Ahí, que se noten las influencias de los grandes :)

5. Communauté de communes du secteur d'Illibéris. En francés, toma ya. Ante todo, multiculturalidad y pedanteo, que para eso la teclista es francesa.

6. Principado del Pindo y Voivodía de Macedonia. Juer, esto sí que suena pijo, como a nombre de caballo de carreras o de Yorkshire Terrier con pedigrí.

7. Veliko Tarnovo. Es que queríamos una canción reaccionaria y con faltas de ortografía. No, es mentira, que tenemos un guitarrista búlgaro y quería su minuto de gloria filológica.

8. Edgar Douglas Adrian. Porque además de la filología, amamos la fisiología ¡Viva la fisiología!

9. Director Kuno. ¡Ostras! ¡Y somos otakus!

10. LZ-138. Porque no podía faltar el punto friki de peli mítica, hombreya.

11. Fujiwara no Saneyori. Nuestra percusionista japonesa compuso este tema, porque lo de la canción otaku no le convencía para nada. Ella es más de J-Dramas.

12. André Cardinal Destouches. En realidad esta canción es una versión punk-rock de su famosa pastoral Amadis de Grèce. También somos amantes de los clásicos de la música lírica, of course.

13. Otto Dietrich. Este tema en alemán nos lo escribió el bajista que es de allí, un tema como muy de Westfalia y que suena como si fuera de Ávila.

14. Agujero sacro posterior. ¡Vaya! aquí está el tema sobre sexo que andábamos buscando.

15. Manómetro diferencial. Bueno... y... este tema... en fin... que también el onanismo merece su lugar en el repertorio, que algunos somos solteros...

COMPREN NUESTRO DISCO, y quizá les regalemos una chapa o les pidamos un donativo para el siguiente.

¡¡Eso quiere decir que os animo a todos a seguir con este nuevo meme!!

Findûriel, la vocalista naturista.

martes, 18 de marzo de 2008

Meme: ¿Qué vista tienes desde tu oficina?

Sí, es la segunda vez que lo hago (aquí la primera) pero, qué queréis, este trabajo es tan volátil...

Si miro a la derecha desde mi mesita destartalada...


Retablo Mayor de la Iglesia de San Miguel, que donde va triunfa el figura, como dice el anuncio. Y ahí a la derecha lo tenéis, triunfando mientras le pisa los higadillos a Satanás, en una talla del siglo XVII.
Arcángel mío, sólo tú repartes leña, que para eso eres el Boss de las Milicias Celestiales...

Si miro delante...


El órgano de la iglesia, del siglo XVII y que no funciona hace mucho. Le faltan la inmensa mayoría de los tubos, todas las teclas y las claves, es poco más que un armazón.
Que le falten tiene una explicación: los tubos se fundieron para convertirlos en munición en diversas guerras. Desarrollo sostenible a costa de las obras de arte, como en Hoja de Niggle.


Si miro detrás...

Sepulcro del ilustre segoviano Andrés Laguna. Hijo de judío converso, fue un doctor de la medicina tan refutado y experto que fue médico personal del emperador Carlos I, de su hijo Felipe II y del papa Julio III. Por lo visto no llegó a ningún IV.

Filólogo (tradujo a Aristóteles y Galeno), botánico, filósofo y no fue más porque no le debía dar tiempo entre los caprichos de los pacientes y la gota.

Y si miro a la izquierda...

No está en el inventario del patrimonio antiguo de la iglesia de San Miguel, pero debería.
Os presento a mi adorada Leocadia. Esta mañana, cuando he abierto la iglesia, además de darme cuenta del yuyu que da (parecía el desván de Los Otros en versión XXL) abrir un templo a oscuras en una mañana lluviosa, con vírgenes de ojos de cristal y cristos de melenas naturales sangrando en las esquinas; también me he dado cuenta de que hace un frío del carajo.
He aguantado como he podido hasta que una de las feligresas de las que vienen a limpiar el templo everyday me ha sacado a trompicones y empujones esta destartalada Agni del año de la tana, con bombona dentro y todo, y que se enciende con cerillas :)
Tiene tres posiciones: un quemador, dos quemadores y combustión cabreada, como toda buena estufa viejuna. Pero he bendito a este cacharro y ya veis que hasta lo he bautizado.
Leocadia, que haría yo sin ti siete horas encerrada en una iglesia gótica en la que los radiadores sólo se encienden el domingo... qué calentita que se está a tu vera (al menos medio cuerpo, porque el otro medio sigue helado) cuando no vienen turistas y hay que alejarse de tu lado, oh glorioso cacharrete del año de la polka...

Bueno, el que no se haya escondido que se esconda. Es decir, si yo puedo poner fotos de la Leocadia, vosotros podéis poner fotos de vuestro escritorio lleno de papelajos, o de la obra que veis por la ventana, o del perro que os pasa por el despacho, o de las cucarachas de la biblioteca.

No me seáis manguis y seguid el meme.

Findûriel.

domingo, 16 de marzo de 2008

Diecinueve

Dejemos hablar a los poetas.

sábado, 15 de marzo de 2008

Las llaves

Sí, es verdad, tengo las llaves. Las llaves de mi nuevo trabajo. Y no es como tener las llaves de un despacho, de la puerta de una oficina, o de una garita.

Son las llaves de una iglesia.

De una iglesia en la que voy a pasar la mayoría del tiempo durante los próximos quince días sin interrupción, ayudando a la gente a comprender la historia que acaeció entre sus paredes. Que no es poca, ni baladí.

Se trata de la iglesia de San Miguel, la única iglesia de toda la ciudad advocada a una criatura angélica, nada menos que a un arcángel. Y en el retablo mayor está con su lanza, derrotando a la bestia, a Satanás, en forma de dragón o serpiente de la antigüedad. Y también lo tenemos en la portada, en una de las tres figuras que pertenecían a la antigua iglesia románica.

Porque esta iglesia, hoy situada en uno de los lados de la Plaza Mayor de Segovia, fue antes una iglesia románica que se encontraba en el centro de la plaza. Pero a principios del siglo XVI, y estando llena de gente que rezaba la salve, se derrumbó. Tan sólo pereció una persona en el derrumbamiento.

Entonces la ciudad compró los terrenos para hacer la Plaza Mayor actual, y Rodrigo Gil de Hontañón emplazó la iglesia que vemos hoy en un lateral, aprovechando hasta media altura los restos románicos, y añadiendo una hermosa estructura gótica hasta completar la bóveda de cañón de una sola nave.

La visita bastante gente, sobre todo por el hecho histórico que albergó la iglesia antigua y que marcó la historia de España. El 13 de Diciembre de 1474, habiéndose enterado la infanta Isabel de que su hermano el rey Enrique IV había muerto, salió del Alcázar y en el atrio de esta iglesia se proclamaría Reina de Castilla, posteriormente conocida por el pueblo como Isabel la Católica.

(Ahora es cuando Altáriel me dice como hace un rato: tía, ¡¡tienes las llaves de la iglesia donde se proclamó a Isabel la Católica!! XD XD XD)

Dentro, además de las piezas artísticas que la decoran (entre ellas un retablo altorrelieve alemán increíble) está el sepulcro del insigne segoviano Andrés Laguna, médico de Carlos I, Felipe II y los papas Julio III y Pablo III nada menos. También fue un insigne botánico, científico y filólogo: tradujo obras de Aristóteles, Galeno y Luciano de Samosata. Y un hermoso sepulcro tallado que ampara los restos de Don Diego y Doña Mencía.

Así que allí trabajaré, y de allí tengo las llaves. Es un sitio frío, como todas las iglesias, así que me llevaré mucho abrigo. Y las visitas son gratis, así que sios queréis apuntar sólo tenéis que acercaros a Segovia un día y entrar, que estaré por allí.

Findûriel

Cine Club: Cartas desde Iwo Jima

Decepción. Lenta y dolorosa, que comenzó siendo esperanza y se fue convirtiendo en incredulidad hasta desembocar en esta decepción. Creo que de los libros podrían haberse sacado más fidelidades que las que muestra este film.

Hago mías muchas de las palabras de esta crítica en filmaffinity:

Un rostro humano: la mitad izquierda, de tez blanca, pupila azul y pelo rubio, llora manchada de sangre y tierra; la mitad derecha, de tez dorada, ojo rasgado y pelo negro, yace sin vida. Así es la interesante propuesta antibelicista del veterano Clint Eastwood (Los puentes de Madison); una idea que, sea original o no, ha sido escasamente llevada a la gran pantalla: No a la guerra. ¿No estamos ya cansados de ser incitados a la lucha, a la toma de armas y a la ira?
Pero por muy buenas que sean las premisas de las que parte este film hermano de 'Banderas de nuestros padres', también nos cansan las películas lentas si no encontramos una razón suficiente para que sean tales, no siendo una de ellas tratar de inmergirse en el estilo nipón.

Amén, hermano. Parece que Eastwood ha intentado hacer cine japonés y no lo ha conseguido para nada del mundo. Y es demasiado 'forzadamente poético' para ser cine americano, y demasiado yanqui para ser japonés, con sus pensamientos en voz alta y sus miradas al horizonte (aunque aquí las hay, y demasiadas), así que consigue un pastiche lentorro para ser 'Banderas' y demasiado lacrimoso para ser japonés.

Porque ese es el error que este grande del cine presenta: tratar de perfilar dos cosmovisiones, como son la americana y la japonesa, no es empresa fácil en absoluto; y puede ser que ambas se den juntas, pero nunca revueltas. Así es que encontramos a lo largo de los 141 minutos de Cartas desde Iwo Jima una esquela de patriotismo americano, mezclado con el japonés, al que contribuye una hermosa y parsimoniosa banda sonora (Kyle Eastwood y Michael Stevens), que está a todas luces fuera de lugar por no introducirnos en territorio asiático.

El caso es que comienza bien, con unos toques como de koto... pero ahí se queda. Llegué a veces a escuchar algo parecido al ¿swing? y al jazz...

Y detalles como la frase que pasa de la carta del soldado americano, al discurso final del coronel Nishi (Tsuyoshi Ihara), no hacen sino empobrecer al bando oriental mostrándoles faltos de principios, más que servir de elemento de unión entre ambos.

¡Completamente de acuerdo! Parece que no puede otorgar la identidad necesaria a los japoneses, si no es comparándolos mediante símbolos como éste. Luego tiene frases lapidarias que dan a entender que los estadounidenses son lo más de la civilización, los más educados, los más avanzados, y los que más respetan los derechos humanos 'Se nota que no conoces a ningún norteamericano' brrrrrrrrr... Y ese banquete en que queda clarito que los japoneses van ciegamente a la guerra por que se lo ordena su país, en cambio los norteamericanos sólo apoyan a su país cuando lo consideran justo... brrrrrrr...

A esto se añade una fotografía que trata de ser realista en grado sumo, siendo así que el espectador, de tanto forzar la vista en la oscuridad, al igual que los propios soldados acaba con dolor de cabeza. Y sin ser suficiente la penumbra, exiguos son los datos que se nos dan acerca de la preparación previa al combate, de la construcción de la intrincada red de túneles con que minaron Suribachi y demás, de la cantidad de soldados de que se componía el ejército imperial japonés, de los movimientos de uno y otro frente una vez comenzada la batalla, etc.

Ya me hubiera gustado una buena explicación, y no el modo de rodar de esta peli, que parece que todos los soldados están ahí amontonados sin saber dónde van, se dan al suicidio con una facilidad pasmosa y sucumben al desorden a pesar de pertenecer al ejército más disciplinado del mundo. Y la fotografía pretende ser tenebrosa, pero resulta inescrutable. No hay juego con las pequeñas cosas, si exceptuamos el fajín de mil puntadas, y tampoco aprovecha las sombras como podría haber hecho.

La línea temporal no ayuda a suplir esta falta de claridad, sobre todo cuando observamos flashbacks poco fluidos o cambios de escenarios diurnos a nocturnos mientras los soldados corren despavoridos de una colina a otra.

Esa es otra. No sabemos nada del Japón de la época, sólo que sus dirigentes parecen despiadados, pero nada de los civiles si no es por un escasísimo flashback que nos limita a una mujer. No sabemos qué guerra se vive allí, ni siquiera por las insuficientes cartas de los familiares a los soldados. Pero en 'Banderas' mucho glamour, mucha prensa, mucho acento tejano. ¿Es que los dos generales a los que admiramos en la película, deben ser nobles porque saben inglés y han estado en contacto con tan admirable nación como los EEUU? Precisamente por eso esta película está más cerca de El último samurai que de Capitan Conan.

Pero la batalla termina, y a pesar de que los nipones han sido masacrados, el entrañable personaje encarnado por Kazunari Ninomiya, Saigo, derrotada y melancólicamente, nos mira y llora: el bien y el mal, no entienden de banderas.

Paradójicamente, 'rescatado y curado' entre los amables estadounidenses. Porque la escena esa en que los USA muestran su crueldad nos suena a fake de lejos, no es ni mucho menos un 5% de Abú Grahib, un 2% de Vietnam ni un 1% de Guantánamo. Al final, ganan los buenos, porque al fin y al cabo, aquella apestosa isla era una victoria moral mediante una banderita de héroes anónimos, que luchaban contra gente pequeña, desorganizada y desposeída de honor (en cambio, tienen un peculiar dedo flojo con el suicidio) y de compañerismo (no como el buen indio que se vuelve con sus compañeros, unos héroes)...

No hay ni un asomo de heroísmo, de cooperación, entre los japoneses de la película. Hay una parada ante un disparo (qué yanqui, por dior), alguna que otra estampita, paseos inútiles, estrategias fatales (como el comienzo con las trincheras en la playa) e incluso una imitación de pin-ups cantando escenificada por infantes de un colegio. Y el reclutamiento... por favor... como si los norteamericanos fueran voluntariamente.

La verdad, Clint, te me has caído con todo el equipo.

Findûriel, decepcionada.

PD: Me ha encantado ver a Ninomiya Kazunari, con su personal forma sencilla de actuar, casi cándida, mostrar la fortaleza interior que puede tener un soldado raso. ¡¡Sigue así, Shou-chan!!

jueves, 13 de marzo de 2008

Veintidós

Desde el momento de mi nacimiento ciertas coincidencias tienen que ver con el veintidós.

Nací a los once minutos del vigesimosegundo día de Octubre. Un veintidós bastante accidentado, que mi madre aún siente como veintiuno 'para mí naciste un veintiuno, hija'.

Veintidós peldaños había que subir para llegar a nuestra pequeña vivienda alquilada, que abandonamos para venirnos a vivir a nuestra casa en propiedad, en la que vivo ahora. En aquel entonces, mi portal era el número veintidós.

Un día nos cambiaron la numeración, dividiendo toda la finca en dos plazas. Y mi portal fue el once. Pero justo entonces encontré mi complemento, mi mejor amiga, que vivía... en un portal once (si mal no recuerdo). Juntas volvíamos a formar el veintidós.

A los veintidós tuve una pequeña crisis de creencias, y me enseñaron a echar las cartas (que ya se me ha olvidado, así que no me lo pidáis). Veintidós son los arcanos mayores del tarot en el que intentaba leer respuestas.
Otros dos onces se cruzaron en mi vida el año pasado. Un once en el calendario que trajo un nacido en once...

...I'm twenty two, don't know what I'm supposed to do
Or how to be to get some more out of me
I'm
twenty two, so far away from all my dreams
I'm twenty two, feeling blue...

martes, 11 de marzo de 2008

Camisas de cuadros


Era una prenda que solía llevar a los quince, a los dieciséis. En aquella época la camisa de cuadros manifestaba bastante carga de inconformismo. Manifestaba la victoria de la ropa sobre los roles sexuales. El hecho de que las chicas llevásemos camisas de cuadros significaba para nosotras que podíamos ser unas tirás, unas quinquis, que podíamos llevarlas sin ser leñadores, o petos vaqueros sin ser mecánicos, o botas desatadas porque nos daba igual el irnos a caer en los pasos de cebra. Eso sí, los cordones eran de colores. O llevábamos Tao, o Converse, cuando las Converse eran lo más tirao de las zapaterías y costaban ochocientas pelas.

Y aún así no dejar de ser femeninas, de ser sexys. Lo hermosa que me veía mi chico con la camisa de cuadros y una camiseta de tirantes mínima, contrastando la dejadez y anchura de la prenda superior con la curva de la cintura enfundada en un negro ajustado de la inferior. Y lo bien que sentaban las condenadas cuando conseguías salir de casa sin que te vieran tus padres con los pantalones rotos e imperdibles en las costuras.

Y ahora ponte, ponte una camisa de cuadros. Te llamarán camionero, te llamarán lesbiana. Serás incapaz de explicar que la llevas desde los quince, aquella edad en que los pechos ya no se podían esconder y te ardía el cuerpo ante la vista del punki que te gustaba. Aquella edad en la que te destacabas de aquellas pijas Sensación de vivir con su cabello cardado y sus labios pintados. Aquellos años en que estabas intentando encontrar quién eras, fallando casi en cada tirada, pero segura de tus pulseras, tus horquillas, tus pendientes, tu camisa. Una camisa bajo la que cabía de todo, hasta la desnudez. Debajo de esas camisas se podía esconder la ruina o la gloria.

No comprendo por qué una prenda ha de atarse a los cánones sexuales que la sociedad le imponga. Cada vez nos volvemos más cuadriculados, de eso estoy segura. No se puede llevar un arcoíris en las prendas: eres gay. No puedes llevar camisas de cuadros o el cabello muy corto: eres lesbiana. No puedes llevar el cabello rapado ni en verano: eres un skinhead. No puedes llevar un tatuaje que no sea una hadita, una florecilla, un corazón, una estrella: eres un punki. Eres un indeseable, lo mires por donde lo mires.

A lo mejor es que me estoy haciendo vieja. Pero creo que damos un pasito para delante sólo para retroceder dos. Hoy en día es impensable que una banda a nivel internacional elabore una canción o un videoclip como Jeremy, como Sliver, como Black Hole Sun (con lo necesarias que siguen siendo). Ningún grupo se llamará nunca Buzzcocks, ni Butthole Surfers, ni 7 Year Bitch. No volveré a vestir esas camisas si no es con nostalgia, para pintar una pared, para plantar un árbol, para pasear tranquila por páramos desiertos donde nadie me señale con el dedo ni me encasille en una caja que no me pertenece sólo porque su sistema de archivos es diez años más nuevo que el mío.

No me acordaba del repelús que me daban las caras deformes de este vídeo... brrrr...

Black Hole Sun, won't you come and wash away the rain?

lunes, 10 de marzo de 2008

Esclavas

Fantástico, Juan Francisco Casas. Nadie podría haberlo definido mejor en un dibujo. Porque estamos condenadas a ser esclavas...

Para Narquëlie, compañera de fatiguillas. La paciencia es la madre de la ciencia, pero a veces estamos hasta el c$%&o de esperar. Y sólo nos queda esperar más...

Más que humano (II)

(Viene de aquí, pero también puede leerse solo)

Dos horas, dos horas enteras pasaron antes de que Alicia encontrara a Evelyn. Una de ellas fue simplemente una hora perdida: vacío y dolor. La otra se deslizó uniformemente (...)
Encontró a Evelyn junto al estanque, tendida de espaldas, con los ojos muy abiertos. En uno de los lados de la cabeza tenía una protuberancia, y en medio de la protuberancia un agujero donde cabían tres dedos.
- No - dijo Evelyn dulcemente cuando Alicia trató de levantarle la cabeza.
Alicia apoyó suavemente sobre la hierba la cabeza de Evelyn y, arrodillándose a su lado, le tomó las manos.
- Evelyn, ¿qué ha pasado?
- Papá me golpeó - dijo Evelyn con serenidad -. Ahora voy a dormir.
Alicia sollozó.
- ¿Cómo se llama... - dijo Evelyn - cuando una persona necesita a otra persona... cuando deseas que te toquen y... las dos forman como un solo ser y no hay nada más en el mundo?
Alicia, que había leído algunos libros, meditó unos instantes.
- Amor - dijo al fin -. Es una enfermedad, es una cosa mala.
El rostro tranquilo de Evelyn se iluminó con una especie de sabiduría.
- No es una cosa mala - dijo -. Yo la sentí.
- Tienes que volver a casa.
- Dormiré aquí - dijo Evelyn, y sonrió mirando a su hermana - ¿Te parece bien... Alicia?
- Sí.
- No despertaré nunca - continuó Evelyn con esa misma rara expresión de sabiduría -. Quisiera hacer algo, pero ahora no puedo ¿Quieres hacerlo por mí?
- Sí, lo haré - susuró Alicia.
- Por mí - insistió Evelyn -. Aunque tú no querrás hacerlo.
- Lo haré.
- Cuando el sol brille mucho - dijo Evelyn - báñate en él. Algo más, espera... - cerró los ojos. Una arruga pequeña le apareció y desapareció en la frente -. Quédate en el sol. Camina, corre. Corre y... salta, muy alto. Mueve el aire al correr. También eso. No supe hasta ahora que quería hacerlo; y ahora... ¡Oh, Alicia!
- ¿Qué, Evelyn, qué?
- Alli está, allí está, ¿no lo ves? ¡El amor, con el sol en el cuerpo!
Los ojos dulces y luminosos contemplaron absortos el cielo del atardecer. Alicia miró también y no vio nada. Cuando bajó la vista comprendió que Evelyn tampoco veía nada. Ya no más.
A lo lejos en el bosque que se extendía más allá de la verja, estallaron unos tristes sollozos.
Alicia escuchó un momento. Luego, extendió la mano, cerró los ojos de Evelyn. Se incorporó y fue lentamente hacia la casa y los sollozos la siguieron, casi hasta que puso los pies en el umbral. Y aún entonces el llanto siguió dentro de ella.

(Theodore Sturgeon, Más que humano)

Again, para el Rondador Nocturno

sábado, 8 de marzo de 2008

Veintisiete

(Extraído de microsiervos)

El 27 es un número curioso. Sobre él hay algunos hechos y extrañas teorías, algunos obvios como que 27 es 3×3×3 (3 al cubo), que si sumas los números entre 2 y 7 dan 27, que es la longitud (medida en pies) de un campo de tenis, o las cantidad de letras en varios alfabetos, de libros en el Nuevo Testamento o de bloques de un cubo de Rubik. Otras historias sobre el 27 son bastante conspiratorias. También hay gente que colecciona fotografías del número 27 (yo llevo tiempo con una colección parecida del número 42). Otros recopilan apariciones del 27 en cine, televisión y canciones.
Por otro lado, en el universo de
Star Trek, parece que el número extraño que se aparece por doquier en cualquier parte es el 47, sobre el que también circulan las más variadas teorías relativas a la serie.
No son
números chungos pero tienen… Algo.

Además de ser el número de letras que tienen el alfabeto español y hebreo, de ser el vigesimooctavo y vigesimonoveno números de pi (3.141592653589793238462643383279...) [nota: justo justo las posiciones siguientes a la vigesimoséptima], el peso atómico del cobalto, el número de lunas de Urano, el día en que nació Mozart y el número de conciertos de piano que compuso, también un código demasiado recurrente en las composiciones de Weird Al Jankovic, el número que se usa para llamar desde el extranjero a Sudáfrica...

Y mi edad en estos momentos (27 y unos meses). Hay incluso quien dice que si comienzas a pensar y fijarte en el 27, se te aparecerá de forma recurrente hasta casi dominar tu vida... hay gente p'a tó.

Y eso sin recordaros el famosísimo club de los veintisiete...

Findûriel, buscando 27s y ansiando el 26. Me ha gustado esa idea que tienen algunas personas de coleccionar números, a lo mejor añado colecciones de 22 a las mías de cosas absurdas e interminables...

viernes, 7 de marzo de 2008

Divina

Hoy hace veinte años que murió Harris Glenn Milstead o, lo que es lo mismo, la genial Divine. Un pionero, una oda al trash, una figura de primera clase salida de los suburbios de Baltimore.

Quizá la gente siempre recurre a la escena final de Pink Flamingos, pero lo que a lo mejor no saben es que llegó a ser un icono tal que fue el modelo para Úrsula, la bruja de La Sirenita. O que ya estaba contratado para la serie Matrimonio con hijos en el momento de su muerte. Tal era su humor y tanto lo conocía el equipo de esta serie que mandaron al funeral un gran ramo de flores con una tarjeta en la que ponía 'Si no quisiste hacer el show, podías haberlo dicho antes'. Y tampoco sabrían que fue toda una novedad su estilo musical.

Todo un símbolo del cambio, de la revolución estética y de conducta, toda una reivindicación encarnada en un cuerpo hecho para el humor y el pecado.

Descansa en Baltimore, pero seguro que allá donde esté no descansa nadie. Ya fuera en drag o no, era un ingenio constante. A hooray for the queen of filth!! desde este blog.

Reading 'La Balada de la Cárcel de Reading'


En la más nimia circunstancia que hizo juntarse los caminos de nuestras dos vidas, en el menor caso, de grande o de trivial importancia, que te llevó a pedirme socorro o placer, en su relación con la vida, ya se tratase solamente del polvo que danza en un rayo de sol o de la hoja que cae de un árbol, la ruina vino siempre después, como el eco de un grito doloroso o como la sombra que caza con el animal de presa.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Como un árbol

Porque, al fin y al cabo, este blog se llama Espera a la Primavera, ¿no?



Le sembraron sin semilla
naciendo al lado de las cenizas
y preguntaba ¿dónde está el agua?
siempre lo mismo, quizá mañana...



Y ha crecido sin volverse loco
y a pesar de tanto pinocho.
Está plantado entre ironías
con abono de fantasías.




Como un árbol, como un árbol...
Como un árbol, como un árbol...



Y van pasando lunas y hojas
y aunque las cuide, se le caen solas.
Y si florece alguna rama
el colorido no dura nada.



Como un árbol, como un árbol...
Como un árbol, como un árbol...



Y ahora que el sol quema su tejado
él se aguanta y mira p'a otro lado
y si el viento le balancea
se agarra al freno que hay en la tierra.

Como un árbol, como un árbol...
Como un árbol, como un árbol...


Y ve pasar las palomas blancas
que, como él, andan despistadas
en estaciones intermitentes
espectador de su propia muerte...



Como un árbol, como un árbol...
Como un árbol, como un árbol...


¿No creéis que esta canción podría hablar perfectamente de un Ent volviéndose Ucorno? :)

Findûriel, qué mal estamos a veces...

martes, 4 de marzo de 2008

Fotocrónica de la Reunión de Junta Directiva (primera parte)

Este fin de semana, como os dije, estuve fuera. Más concretamente en el albergue 'Fuente las Tablas' de Cuenca, un sitio precioso y aislado del mundanal ruido.

Fui en coche con Níniel (que demostró mucha mano al volante, y un gran coraje al conducir de noche cerca de los precipicios sin quitamiedos) y Balin. Al llegar al albergue, el número que alcanzaríamos de asistentes sería veintiuno.

El yogur de 500 gramos dio fuerzas al secretario Arathorn II para traer la leña y encendernos un magnífico fuego en torno al cual conversar y reírnos

Desde Lórien llegó el vicio, porque muchas lembas y muchas cosas pero luego bien que le dan al limpë y al miruvor...


'Por mucho tiempo cada uno de ellos cantó solo, o junto con unos pocos, mientras el resto escuchaba, porque cada uno sólo entendía aquella parte de la mente de Ilúvatar de la que provenía él mismo, y eran muy lentos en comprender el canto de sus hermanos. Pero cada vez que escuchaban, alcanzaban una comprensión más profunda, y crecían en unisonancia y armonía'


Gimli nos mostró el trabajo minucioso de digitalización de la ESTEL (nuestra revista), un verdadero trabajo de orfebrería enana. El albergue visto desde fuera, y una foto de lo cansadísimos que estábamos después de la aprobación del acta (ejem)...


Nos llevaron de paseíto, pero la CP se puso a hacer estampas por el bosque (a la izquierda, la Flagelación). Nos hicimos la primera foto grupal, y a la vuelta descubrimos la Ciénaga de los Muertos. Ylmir se negó a sumergirse y aguantar la respiración para sacarle una foto chula. Dice que es que no se había traído la armadura a la excursión :)


Mascahierbas en el banco de los Picapiedra. Elfhelm, Ylmir y Elanor Peucansat.