martes, 26 de agosto de 2008

Fotos en la penumbra

Que parezco un fantasma, todo el día en el claustro, y hoy me he quedado finalmente sin voz. Benditas iglesias románicas en el siglo XII, hoy en día gracias a la tacañería y las 'viejas costumbres' me dejo la vista cuando intento enfocar cualquier cosa que no sea de al menos un metro de alto, por las seis luces AMARILLAS que me dejan encender en la iglesia. Que sí, que es un prodigio cuando un grupo interesado en el románico te pide que apagues las luces completamente para sentir lo que vería una persona del doce al entrar en esa iglesia, el recogimiento y la solemnidad, y te pones a hablar bajito con el grupo, invadida de un sosiego y una complicidad completamente maravillosas...

Pero el resto del tiempo... intentar hacer cualquier cosa con esas luces amarillas es un suplicio. Coser, leer, observar los cuadros (que no se ven, a ver si en un futuro les proporcionan la iluminación fría e indirecta adecuada) e intentar que el turista los vea es una misión imposible. Echo de menos la apertura y blanca luminosidad de San Miguel. Más que nada porque las horas muertas en las que el turista al uso (que no callejea) no se acerca al templo, las paredes se me caen encima. Adoro la iglesita, pero en días como hoy, dolorosamente luminosos, me toca salir del templo en plan famosa, con unas gafotas de sol.


Leyendo 'El diccionario del diablo' de Bierce en la iglesia. Lo malo es que no me puedo reír demasiado alto XD XD Observen el tono amarillento de la foto... No, no tengo hepatitis.


Esto es un montaje de Nightmary, pero no se crean que está demasiado alejado de la realidad XD XD

Besos, que mañana será otro día y tengo preparado un post segoviano para los ojos ávidos.

lunes, 25 de agosto de 2008

Just a little rain

A veces un poco de lluvia no es lo que parece. La lluvia, que parece intocable, de repente se vuelve un peligro. Su rumor nos socava, su simple roce hace que nos lloren los ojos, las caricias de sus gotas nos queman la piel.

Y entonces sabemos que las nubes son urticantes, que las flores son venenosas. Todo aquello que surge de la contemplación de la belleza, entonces, es sumamente peligroso. Y aquí somos arrojados, para llorar y tocar, para llevarnos a la boca corolas y gotas, y encontrar el regusto amargo de las espinas y la ponzoña. Y volvernos adictos al dulce dolor de la pérdida de lo efímero, al placentero tormento que entraña escuchar de lejos, ver al otro lado del cristal, oler en la distancia un ramo de narcisos que prometen placeres mortíferos y suaves hojas de puñal en las entrañas.

Los ecos nos despiertan deseos que creíamos dormidos de dolor lacerante de caricias sinceras, de llagas producidas por el leve roce de unos labios, que con su calor y su aroma a amor verdadero nos dejaron una infección persistente a los antibióticos más potentes. Añoramos mientras, postrados en nuestros lechos de dolor y pestilencia, recordamos las garras cariñosas que nos desgarraron el vientre a base de zarpazos y ronroneos y nos dejaron al aire las tripas palpitantes.

Enfermedad curiosa la del amor...

Findûriel, contando hacia atrás.

viernes, 22 de agosto de 2008

Por fin llega...

La expansión que todos estamos esperando.



Al menos todos los que jugamos a World of Warcraft.
En mi caso, realmente la expansión afecta de forma un tanto negativa a mi personaje principal, Akaibu, ya que no me gustan nada algunos cambios que introducen para su clase, Sacerdotisa Oscura (¡viva el dps! ¡yo-no-curo!). Además no seré una de esas obsesas que lucharán con uñas y dientes por subir a 80, ya que Akaibu aún no llegó a 65 y la tomo en los escasos ratos libres en que tengo los ojos descansaditos.

Juego al WOW hace unos tres meses, y me divierte mucho. Además de una diversión, ha supuesto para mí el poder conocer gente genial, con la que compartir ese ocio como si fuéramos una pandilla. Y me permite saltar, por arte de magia 550km y un mar para poder hacer un picnic o idear una aventura fantástica con la que sentirme un poco más cerquita. Me permite compartir algo más con la gente que tengo lejos, algo que no podría hacer de ningún otro modo en tiempo no vacacional.
A veces simplemente hablo con la gente que juega conmigo, con los que he llegado a desarrollar una relación muy divertida. Podemos estar en una instance, matando dragones por ejemplo, y hablar a la vez sobre la base filosófica de la religión; o podemos estar cabalgando durante millas y millas mientras tratamos de resolver acertijos.

Y además, me encanta subir de nivel las habilidades y oficios del personaje. Compartir pesca, recogida de hierbas o de cuero para pociones o peletería. Enviar por correo componentes que ayudan a subir reputación con ciertos pueblos (y a bajarla con otros ^^). Prestar dinero para conseguir la montura épica, o hartarse a battlegrounds hasta que consigues la mascota conmemorativa de las Olimpiadas (¿verdad, Yuli?)

Bueno, quien juegue que disfrute con el tráiler. Quien no, que disfrute con él también, porque las cinemáticas son increíblemente espeluznantes. Hace tiempo que no le doy caña, de todos modos. Un día de estos volveré ¡Esperadme, mancos!

PD: Yo... ¡¡yo quiero un Egbert!! ¡¡Qué monérrimos que son!!

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Por cierto... he vuelto a encontrar CIERTO CASTILLO en una cartelera más antigua de una peli de Boorman...

domingo, 17 de agosto de 2008

Criaturas de la tierra

Despreciadas, atadas a la tierra con las cadenas que dan las raíces, comiendo polvo, sembrando esperanzas en los campos secos. Viviendo más allá de aquellos que deciden su destino, su modesto devenir, su tranquilo y extraño ritual de vida.
Remiendan sus días con un hilo que ya está acartonado, y sus puntadas se deslizan en silencio. Echan a la vida nuevas criaturas, que conocen el mundo a golpe de pisadas de bota y susurro de los maizales. Crecen y se pelan las rodillas en un mundo perdido, de vez en cuando vislumbrado por personas sin rostro que les arrojan unas migajas pensando que son gorriones y ellos pavos reales. Cuidan, cultivan, matan, perpetúan, aprenden pero no cambian, como el mundo que les rodea. Siempre las mismas colinas, los mismos valles. De vez en cuando una carretera nueva, un camino de tierra, una ruta aérea. Pero allí permanecen, en su mundo de corteza y cuero, para existir. Simplemente para existir, para eso vinieron al mundo, y tratan de hacerlo de la forma más terrenal posible.
Olvidadas, las criaturas de la tierra poseen una sabiduría que no comprendemos. Y que no podemos desentrañar, pues nosotros no podemos escuchar cómo crece la lluvia. Nacen en silencio, existen, y mueren también en silencio. Perpetuando el latido de un lejano pasado que ya hemos perdido para siempre.

Una de las mejores escenas del cine de EEUU. A ver si alguien ha visto esta peli...

miércoles, 13 de agosto de 2008

¿Me buscas?

Entonces di que me buscas, al menos alguna vez...

Qué poema tan genial.

Sí: tú me buscas.
A veces en la noche yo te siento a mi lado,
que me acechas,
que me quieres palpar,
y el alma se me agita con el terror y el sueño,
como una cabritilla, amarrada a una estaca,
que ha sentido la onda sigilosa del tigre
y el fallido zarpazo que no incendió la carne,
que se extinguió en el aire oscuro.

Sí: tú me buscas.

Tú me oteas, escucho tu jadear caliente,
tu revolver de bestia que se hiere en los troncos,
siento en la sombra
tu inmensa mole blanca, sin ojos, que voltea
igual que un iceberg que sin rumor se invierte
en el agua salobre.

Sí: me buscas.
Torpemente, furiosamente lleno de amor me buscas.


No me digas que no. No, no me digas
que soy náufrago solo
como esos que de súbito han visto las tinieblas
rasgadas por la brasa de luz de un gran navío,
y el corazón les puja de gozo y de esperanza.
Pero el resuello enorme
pasó, rozó lentísimo, y se alejó en la noche,
indiferente y sordo.

Dime, di que me buscas.
Tengo miedo de ser náufrago solitario,
miedo de que me ignores
como al náufrago ignoran los vientos que le baten,
las nebulosas últimas, que, sin ver, le contemplan.

Dámaso Alonso, 'En la sombra'. Hacía mucho que no ponía un poema, ¿no?

domingo, 10 de agosto de 2008

Haz Turismo

A veces el trabajo cara al público no es tan gratificante. Algunas veces te encuentras con gente que no desea mantener un clima de interés y respeto o bien con el lugar que visitan, o con la persona que está allí para ofrecerles un servicio de guía gratuita.
Creedme que el hecho de que se pongan guías gratuítos en monumentos de toda una señora ciudad Patrimonio de la Humanidad no es ni por asomo normal. La gente está acostumbrada a pagar por las visitas guiadas en todos los sitios, y se sorprenden cuando topan con un servicio personal y gratuíto de guía para un monumento para el que ni siquiera pagan entrada. Ese es el fenómeno normal.
El fenómeno que no es tan normal es el hecho de que se crean que estás allí para entretener a sus críos, o para aguantarles que te miren con cara de acelga mientras tratas de ponerle salsa a la explicación, sólo para contradecirte constantemente. O el hecho de que crean que como en la iglesia se está fresquito, pueden sacar el paquete de jamón de York y dar de merendar a los niños, que no dejan de sumergir las manos en las pilas de agua bendita o de corretear entre los bancos o, a veces, tras el altar. O que se pongan a tocar (A TOCAR) unos capiteles que tienen 800 años, personas adultas, hechas y derechas.

Además de vez en cuando el mundo te pone a prueba con devenires extravagantes. Como hoy.

Pareja de personas mayores, evidentemente jubiladas, y claramente con pasta para viajar donde quieran. A los cinco minutos se nota a la legua que son estadounidenses. Escuchan la explicación al principio con interés, interactuan con la guía, asienten y respetan el tiempo que se les dedica.
Pero al poco rato, la situación cambia.
Pasan de admirar una obra de arte a preguntarte si la Santa Catalina del cuadro es una representación de Isabel la Católica quien, como todo el mundo sabe, provocó un genocidio lleno de torturas y esclavismo en América (única ocasión en que los verás usar América para todo el continente, no te malacostumbres porque no volverán a hacerlo) simplemente porque a los pies tiene a Maximiliano I. Se niegan a entender que San Sebastián salga vestido en las pinturas del XVI debido al recato de la época, porque el desnudo es algo natural. Arrugan la nariz ante la pila bautismal de 800 años porque está oscurecida por humo y aceite de las lámparas de ocho siglos, y cómo es que no la limpian.

Hoy, en concreto, la matraca ha sido la de las corridas de toros. La mujer, profundamente indignada, ha sacado el tema cuando he mencionado a una mujer parte del grupo que bordaba que el manto de la Vírgen de las Candelas tiene un trabajo parecido al de los trajes de torero, ya que se hizo en un taller de estos menesteres. Se ha lanzado inmediatamente a decir que los españoles no teníamos vergüenza porque dejábamos sufrir a los animales para divertirnos, los torturábamos sobre la arena escudándonos en la tradición. De nada ha servido decirle que es una fiesta en franca decadencia de público, y que hay mucha gente tratando de abolirla.
Claro, ella nunca se comía el pescado con cabeza porque le daba pena el pobre animal. Por eso los americanos (amén Jesús) comen la carne mayoritariamente picada, porque son piadosos con el aspecto de los animales sacrificados, tienen una sensibilidad especial hacia la vida. Los corderos asados, para ellos, representan la barbarie de un pueblo que se niega a evolucionar en su sensibilidad hacia la vida.
Después de esta cadena de despropósitos se ha lanzado de cabeza contra el boxeo (¿? qué tendrá que ver el culo con las témporas), que también es la demostración de que nos gusta la violencia, a los europeos, nos gusta ver cómo la gente se pega y sangra, nos gusta ver cómo incluso se mueren, porque es el deporte más mortal del mundo.

Después de esta perorata y de algo más de sinsentido (después de intentar hablar con calma de las diferencias culturales tras lo de los toros, he desistido por completo de intentar razonar o dialogar) a una le dan ganas de... de enumerar los incontables crímenes que estos sinvergüenzas están cometiendo cada segundo de cada día contra la humanidad, la libertad, la cultura, la naturaleza, el pensamiento... contra la vida en general cuando les sale de las bowlings. Y me hubiera encantado contestarle con poesía.

Pero una trabaja cara al público, y ciertas cosas no se pueden cantar...



Y así además aprovecho y saco a pasear a mis amantísimos Celtas Cortos, de los que os tengo que hablar un día de estos... de los conciertos a los que he asistido, de la púa de Jose Sendino, de mi portada en el periódico con su camiseta, de la gorra-holograma de Carlos Soto, del autógrafo de Oscar... en fins...

Findûriel, el Túnel de las Delicias

PD: Ah, bueno, para el trato ético que se dispensa a los animales en los EEUU, recomiendo ver el documental en defensa de los derechos animales Earthlings. Aunque, la verdad, es la peor película gore que he visto en mi vida, así que sólo le deseo la tortura a esta señora que come carne picada y pescado sin cabeza :)

lunes, 4 de agosto de 2008

sábado, 2 de agosto de 2008

Música sin traducir

Una amiga me dijo un día que no encontraba canciones en castellano 'que le convencieran'. Ya que las canciones en castellano son completamente comprensibles, tendemos a ser especialmente exigentes con su letra una vez que la música nos ha complacido.
Además daba la casualidad de que a esta amiga la música de autor, la que quizá sea más susceptible de gustar al estar compuesta de agudos poemas, no le gusta especialmente.
Así que recurro a los clásicos de la música popular, que contienen joyas de incalculable valor y de versos que más que grandes, son eternos.

Y, sin desmerecer a Lucho Gatica, mi favorito es Antonio Machín. Esas canciones orquestadas que se han convertido en la banda sonora de los gramófonos clásicos de bisabuelas nostálgicas que lo oían en la radio...

Con clásicos como 'Angelitos negros', 'Toda una vida', 'El manisero', 'Dos gardenias' o 'Mira que eres linda', Machín conquistó el mercado y los corazones de todo el mundo. Lo que poca gente sabe es que Machín está enterrado en España, más concretamente en Sevilla, donde sus seguidores y compatriotas lo recuerdan cada año rociando de ron cubano su lápida y cantando sus canciones. Este año habría hecho 105 años.

Preferimos quedarnos con el anuncio de champú de la nueva cantante de un conjunto que no me atrevo ni a nombrar, porque su nombre me parece de una falta de respeto intolerable.

Un besuco sonado (como las maracas de Machín)

Findûriel