viernes, 29 de enero de 2010

Entrada 400


Bueno, quién lo diría... desde que comencé a escribir en este blog (va a hacer pronto tres años) ha sufrido algún que otro cambio, sobre todo de estilo. En él, he comentado y compartido lo que sabía (y lo que iba aprendiendo). Con él he recordado viajes, merith, películas, música, obras de arte que he ido descubriendo y viviendo. En él algunas veces (he procurado que casi nunca) he vertido frustraciones, y también he volcado mi entusiasmo en cada pedacito de magia que conseguía cazar al vuelo.

Y ya son 400 las entradas que cumple, algunas veces florecido, otras veces al borde de marchitarse. Se dice pronto, 400. 400 estupideces o 400 piezas de genio, no lo sé, quizá un poco de todo, sobre todo cuando ha dado alas a temas escondidos y peculiares que necesitaban de un espejo donde reflejarse.

Así que este es vuestro cumpleaños. Cumplís 400 entradas conmigo. Muchas felicidades :)

Findûriel, soplando la velita.

viernes, 1 de enero de 2010

Tengo derecho

Reivindico mi derecho a sentirme triste. El año que se acaba de largar ha estado lleno de amargura y melancolía. Sí, han sucedido cosas buenas. Encuentros, merith, conferencias en universidades, la graduación, viajes, el trabajo al final del año. Pero ha habido otras muchas malas que eclipsan esos buenos momentos. Enfermedad, indiferencia, desprecio, desesperación, ira, muerte, pérdida...

Y cuando a la gente se le dice 'estoy triste' enseguida tratan de animarte. Pero no eligen un camino demasiado afortunado.

Algunos te dicen que te olvides de los malos momentos. Si hay un montón de cosas buenas que te han pasado, mujer, olvídate de las malas y quédate con las buenas. Pero es algo a lo que todo ser humano debería negarse. Existimos para disfrutar y aprender en los buenos momentos, sí, pero también para desgarrarnos y aprender de los malos. Es como pedirle a una flor que se olvide de marchitarse y así pensar que no morirá. Es como pedirle a la historia que se olvide de las tragedias, masacres y guerras... y todos sabemos lo que pasa cuando la historia se olvida de sí misma.

Otros te comparan consigo mismos. ¿Que tú estás triste? Pues figúrate yo, con lo que me ha pasado. Este tipo de personas son aquellas que te critican por dedicar tus esfuerzos a un proyecto cultural, o a un texto poético, en vez de donar dinero para los niños de Fambulé. También son de los que van elevando su status y se amargan con la vida que van eligiendo a medida que cambian, pero son tan mezquinos que se niegan a aceptar que todo lo que les amarga lo han elegido ellos. Y con ello intentan que te sientas culpable de tu propio dolor, que te sientas egoísta y rastrero.

Los hay que frente al dolor tratan de que veas lo bueno que tienes en ese momento. Pero si ahora tienes trabajo, te va bien, etcétera. Pero lo que no perciben es que lo que te duele es la ausencia. No vives sólo con el 'ahora', si así fuera, todos seríamos robots como peces, con una memoria de 5 segundos. No sentiríamos amor, pena, responsabilidad, melancolía. No podríamos aprender, ni soñar, ni imaginar, ni reír, ni llorar. ¿El estado ideal? No lo creo. Nos moriríamos antes de encontrar siquiera alimento.

Los hay que vuelven la espalda.

¿Por qué este rechazo a la tristeza? De acuerdo que riendo uno se siente mejor que sumido en la melancolía, pero ¿acaso sentir dolor no es necesario?
Si diéramos unas razones vitalistas, diríamos que cuando se está triste no apetece comer, ni moverse, ni procrear. Pero hay otros estadíos, e incluso confesiones, que nos impiden estos actos, y no por ello los vemos actitudes extrañas.
Desde un punto de vista creativo, habría quien podría aducir que la tristeza, con su dardo paralizante, impide la creación. Pero quien dijera eso demostraría una completa falta de visión histórica, literaria y filosófica. Incultura, al fin y al cabo.
¿Razones religiosas? Las creencias están llenas de miedo, tristeza, pérdida y lamento además de su alegría y vitalidad. La tristeza convive en el hecho de creer de un modo natural y, me atrevería a decir, imprescindible.
Y ¿qué nos queda? ¿las razones sanitarias? Hay tantas formas de morir hoy en día que no deja de ser una más.

En fin, que reivindico mi derecho a la tristeza. Pues prácticamente nadie invoca la presencia de consuelo verdadero: el empático. Para un ser humano realmente sensible, hacer daño a los demás es lo que debería hacerle recapacitar. Hacer daño con el propio dolor es lo único que puede sacar del aturdimiento.
Pero es tan gratuito en la historia de nuestra maldita especie hacer daño a los demás con la propia felicidad que tenemos aturdido o extirpado el sentir dolor con el de los demás.

Findûriel. Esperando que haya ardido el año 2009.