Nos habíamos quedado a mitad del segundo día, debido al pejiguero explorer del portátil de Mallorca, así que reanudamos el periplo por la Pérfida Albión en el Natural History Museum.
Comimos en el mismo museo, ya que teníamos sólo dos horas para todo antes del meeting con SoniucaInLondon, y la verdad es que lo disfrutamos. Los sándwiches estaban de vicio, así como el zumo sin azúcar (por fin, algo adaptado para los diabéticos) exprimido aquella misma mañana, y el bizcocho con plátano del postre.

Esta fotografía no es una ida de olla. Es una de las servilletas de la cafetería del Natural History Museum, y sirve para ilustrar algo curioso que encontramos en Inglaterra.
Consumimos muchísimo agua embotellada; entre que el agua del grifo está repletita de cal, que estábamos constipados (tosiendo todo el rato), y que yo bebo mucho, tomamos agua embotellada de gran variedad de marcas. Bueno, pues todas, y cuando digo todas es absolutamente todas, tenían en la etiqueta un mensaje solidario.
Si compras nuestra marca, diez pennies irán para hacer pozos en Somalia. Si consumes la nuestra, por cada litro de agua llevaremos dos al tercer mundo. La nuestra gasta un 10% de sus beneficios en pastillas potabilizadoras para los lugares que tienen el agua contaminada. Y la nuestra vacuna de la malaria a una persona por botella.
Pero eso no es todo. Por cada café de Starbucks, 15 pennies iban para la lucha contra el sida. Cada hamburguesa del McDonald's, era un lapicero para un niño en una escuela sin recursos. Cada pizza de speck & rocky (qué ricas, las joías) llevaba un acto solidario con Haití.
Carteles solidarios, de reciclaje, de desarrollo sostenible, de reutilizar, de donar, de causas... prácticamente todo lo que compras o consumes (hasta los kleenex del Tesco) lleva su gramito solidario. Que no digo yo que no esté bien, oiga, que está muy bien. Lo que cabe preguntarse es si este buenrollismo no lleva su brizna de sintético. Pero aun así, no dejaba de sorprender.
(Por cierto, mención especial merece la botella de 'agua volcánica'. La etiqueta decía que la sacaban de un cráter de volcán extinguido, y garantizaban un "100% vulcanicity")
Además de solidarios, sabrosos.
Ese señor que veis detrás era el encargado de recoger las mesas y de limpiar las bandejas. No le vimos un mal gesto, un gruñido ni cara de amargado. Fue otra cosa que nos gustó de los sitios que visitamos en Londres: que la gente era eficiente y limpia. La inmensa mayoría de la gente que comía en aquella cafetería no dejaba las bandejas en la mesa, sino que se las entregaba a este señor al irse y él tiraba los desperdicios y clasificaba la vajilla, limpiando la bandeja. Si alguien dejaba la suya, no pasaba un minuto antes de que él la recogiera y pasara la bayeta por la mesa.
Una delicia, vamos.
Nos encontramos con SoniucaInLondon a la salida y ella nos trazó una ruta la mar de interesante. Me quedé con muuuuchas ganas de ver el Victoria&Albert, pero eso lo dejamos para la próxima.
Relativamente cerca estaba Harrod's, pintoresca vista para los turistas más 'snOObs' de Londres. SoniucaInLondon estaba excitadísima con la decoración navideña que ya empezaba a inundar las calles de Londres, y nos llevó a través de las secciones de Harrod's como una bailarina, descubriendo impecables empleados, comida colocada al milímetro, productos exclusivos traidos de la Cochinchina en un carro tirado por bueyes albinos, y la escalera egipcia. He de decir que no deja de ser una visita antropológicamente interesante, pero no olvidemos que la base en la que se sustenta ese recurso es cuanto menos... banal. Es alucinante ver cómo el supermercado de los sueños de toda snob existe, con sus pirámides perfectas de bombones, sus filetes cortados y dispuestos en forma de arcoiris, o la mortadela doblada en forma de rosa. Lo que la típica snob ignora es que los verdaderos Jet no salen de casa para comprar, ni siquiera a Harrod's.
Wellington Arch
Llegamos, bajando por Constitution Hill, a las puertas de Buckingham Palace. La Reina estaba en casa y lo supimos porque, como nos comentó nuestra guía, la bandera de su familia ondeaba en lo alto del palacio. Los aviones pasan bastante bajito sobre el palacio, y relativamente despacio.
En las puertas del chalet de Elizabeth, la segunda de su nombre, reina de los ándalos y los rhoynar...
Como SoniucaInLondon nos dijo que estaba peleada con Charles por no sé qué que ella puso en el facebook sobre sus pabellones auditivos, no nos invitaron a tomar el té en el pisito de él (que estaba un poco más abajo), pero Charlie, siempre tan jovial, nos mandó un pequeño desfile de guardia montada para nuestro solaz y entretenimiento.
Siempre tan jovial... las capas eran una pasada :)
Bajamos atravesando St James' Park (ahí tuve que hacer una parada técnica, porque no podía respirar) y vimos (por fuera, no había tiempo) el búnker del señor Churchill, donde se fumaba los puracos y le hablaba al cuello de su camisa. También vimos el principio de Downing Street, y sólo el principio. Nosotros pensábamos que se podría pasar por delante de la casa del Prime Minister (con su consabida seguridad, of course) o que, como mucho, la casa es la que estaría vallada, pero... la calle entera está cerrada. Con verjas. Según nos contó SoniucaInLondon, la siempre simpática y cordial Margaret Thatcher fue la que mandó cerrar la calle. Es que tenía demasiados amigos y fans y, ya se sabe, estaba harta de flores en los peldaños de casa.
Y al doblar una esquina...
OMG si es el gran Ben :)
Nos hicimos una serie de fotos chachis de rigor, y como nosotros molamos, pues quedaron de escándalo...
Mandatory
Se puede ser más guay, pero... no, no se puede ser más guay :)
Pena que el Parlamento estuviera en obras u.u
Westminster Abbey, el centro del cotarro
Después de quitarnos la espinita con todo este arsenal de importantes monumentos, SoniucaInLondon nos avocó al vandalismo. No a mí, que estaba demasiado asfixiada, pero sí a Guillem. Ocurrió en Trafalgar Square, donde se decidieron a subir al pedestal de la estatua de Nelson y hacerse una foto con uno de los leones.
No se puede subir. No sólo por la 'prohibición', es que tampoco hay escaleras. Intentaron trepar, pero era muy complicado. Al final, unos porrerillos que estaban subidos les echaron una mano y lograron conquistar la estatua de Nelson.
Ojo al tamaño del león... hay cuatro y cada uno está hecho con el metal de los cañones de los barcos del bando vencido.
SoniucaInLondon y sus famosérrimas gafas verdes :)
Pasamos como un relámpago por China Town, donde los indicadores de las calles además de estar en inglés están en mandarín, y nos dirigimos hacia Picadilly con calma porque yo estaba bastante malita y teníamos que ir al West End.
Y de repente... vimos que Leicester Square estaba abarrotada de gente, había cientos de personas, un jaleo relativo, muchos flashes y gente apelotonándose contra unas vallas forradas de plástico y fuertemente guardadas por policía...
What's that fuzz?
Y, ¿qué era? Nada más y nada menos que el preestreno, con las estrellas y todo, de la primera parte de la séptima peli de Harry Potter.
No! Really?
Completely!
Nos vimos de repente en una marabunta friki que además ¡era un frikismo de los nuestros! Si os fijáis en la foto superior, veréis al actor que hace de Profesor Flitwick.
Y vimos a más actores. Bueno, yo los intuí, fue SoniucaInLondon la que, con mi cámara generosamente en la mano e inclinándose sobre la marabunta, logró sacar unas cuantas fotos. Las fotos que hizo son un pedazo de triunfo: estábamos como que en tercera fila, y estaba todo lleno de fans voceadores y empujadores que llevaban, en algunos casos, varias horas allí.
Evanna Lynch, que interpreta a Luna Lovegood
Mi amiguete, mi colega Jason Isaacs
John Hurt, aparición confusa, porque la gente empezó a gritar 'Ian McKelleeeeeeen!' y casi nos da un patatús.
Ralph Fiennes, for God's sake...En ese momento ella hizo su aparición. Helena Bonham-Carter. Fue la actriz, en el rato que estuvimos allí, que más se acercó a la gente y más autógrafos firmó. Llevaba su aspecto normal, de espantaja fashion. Y entonces ocurrió. Llegó a nuestra zona y se puso a estrechar manos. Sonia la llamó, y alargó la mano hacia ella...

Y Helena, con sus pelos de homeless con dinerito, su sonrisa amarilla y su vestido hipercaro, pasó de ella. Olímpicamente. Estrechó todas las manos menos la suya. Y SoniucaInLondon hizo lo que mejor sabe hacer: ponerle humor. Y le gritó, enmedio del tumulto:
- '¡Helenaaaaaaa! ¡Tó atrezzao Helenaaaaaa!'
(para quien no sepa de dónde viene esto)
Así que, partiéndonos de risa, se nos hizo casi la hora de ir al West End, con lo que tuvimos que decirle adiós al preestreno sin ver a nuestro adorado Alan Rickman...
Así, como quien no quiere la cosa, lo que nos hemos encontrado... Jatetú...Por el camino, pasamos por Picadilly, con sus neones de Sanyo.
Sigo sin recordar por qué mirábamos al suelo... Ni idea...
Y de ahí, en cinco minutitos, ante la fachada del Queen's Theatre. SoniucaInLondon nos había fabricado un día especial que resultó maravilloso, y encima nos acompañó al teatro.
Como tenía que tomarme mi ración de antigripal-antipirético-descongestivo-demás drogas, fuimos a la cafetería de enfrente a por una botellita de agua después de recoger las entradas que había comprado hacía algo más de un mes por internet, como regalo de cumpleaños para Guillem.
El caso es que los camareros llevaban en los ID banderitas con los idiomas que hablaban, y mientras SoniucaInLondon y yo discutíamos si un vaso de plástico debe llamarse
cup o
glass (con mis sentidos embotados por la puñetera enfermedad), le dije 'mira, el camarero lleva una bandera española en la ID. Se lo voy a decir en castellano'.
SoniucaInLondon me dijo que no tenía arrestos para decirle una sola palabra en castellano. De hecho, ese camarero se fue a por nosequé y me tocó otro. Pero en su ID ponía 'Carlos' y también tenía una bandera española. Mis palabras más o menos fueron:
'Hola, ¿me darías por favor un vaso de plástico para esta botella de agua? Es que me tengo que tomar la medicina. Muchas gracias'
SoniucaInLondon se había olvidado de que soy Garrinoreana también.

En las puertas del teatro, estábamos más que nerviosos. A la entrada había un puesto de merchandising, pero decidimos dejarlo para la salida. Nuestros asientos estaban en la platea, en la fila tres, y a pesar de que temí que estuvieran demasiado cerca, no fue así. Veíamos toda la profundidad del escenario y teníamos a la orquesta delante.
Guillem salió un momento para hacerse con un programa grande del musical, y yo me quedé en la butaca, asombrada porque la gente estaba comiendo y bebiendo en la platea. Había un ambigú, como en muchos teatros, pero jamás había visto a la gente comer en el teatro, ni beber ¡cerveza! o comer helados en las butacas. Eso sí, muy educada y silenciosamente, pero me chocó.
Tan feliz...
Yo tosí durante el musical. Menos de lo que podría haber tosido, ya que me chuté a base de bien de caramelos y sorbos a la botella de agua, pero estaba demasiado avergonzada por mis toses como para calmarme.
De todos modos, disfruté muchísimo del musical. La escenografía era impresionante, cabe destacar las dos plataformas giratorias (que permitían que el tiempo pasase como en un zootropo, o el cambio rápido de escena); la estructura que sirvió tanto de puente, como de mobiliario urbano, como de barricada; los juegos de luces que convertían la prisión en calle, la calle en hogar, el hogar en cloaca; y las decoraciones interiores, llenas de trampillas por las que se deslizaban los actores.
Yo conocía el argumento, pues leí el libro años ha, pero el musical realmente me conmovió. No voy a citar canciones, porque todas son maravillosas, tampoco voy a citar actores, porque todos estuvieron sobresalientes, pero sí citaré dos momentos en los que la lagrimilla se me escapó de los ojos.
El primero fue la canción '
Castle on a cloud', que me encogió el corazón. El segundo, cuando Javert busca en la trinchera a Jean Valjean y no lo halla, y da la vuelta a la estructura, que se gira con las plataformas... para revelarnos a Enjolras muerto, yaciendo en los escombros sobre la bandera revolucionaria. Ahí se me partió el corazón.
Ah, y el momento epifánico fue ese 'Do you hear the people sing?' que hizo cantar a todo el teatro. Una maravilla.

Mereció mucho la pena la espera, la pelea con la televenta, la lluvia y la tonelada de caramelos para la garganta. Un final de día espectacular.