Mostrando entradas con la etiqueta Londres. Mostrar todas las entradas
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Posted by Findûriel in , , | 2.1.11 9 comments
Llegamos a la última parte de esta crónica, quizá la más extraña de todas, ya que sería una interminable retahíla de fotografías. Nos pasamos el día entero (hasta la hora de cierre, las 18:30) en el British Museum, otro de mis sueños cumplidos. Coincidió con otro de mis dias horribles, junto con el día de Oxford, en los que tenía pintas de tísica no decimonónica.


Careto junto al British. No había dormido casi nada, pero... ¡allí estábamos!

Y qué decir del British... repletísimo de maravillas de todos los países, de cultura antigua, de piezas vergonzantemente valiosas. Comer bajo una estela mesopotámica no tuvo precio. Aunque voy a limitar a tres las piezas cuyas fotos mostraré en el blog, porque si no empiezo y no paro... hice más de cien fotos, una pasada.

El friso de las Panateneas. Más impresionante en persona de lo que había imaginado. La instalación del monumento era maravillosa, dispuesto en contínuo y con dos preinstalaciones táctiles y visuales. Cada milímetro explorado, explicado y analizado. El frontón y el tímpano posterior, deliciosos. Impresionante al entrar, acongojante al pasear, turbador a la hora de partir.


Sublime tauromaquia cretense. Estuvimos dando vueltas a la vitrina un buen rato. Una maravilla estética, una acrobacia en el tiempo. El escultor fue un auténtico genio plástico.

El yelmo de Sutton Hoo. EL YELMO, con mayúsculas. Hasta se me saltó la lagrimilla, podría decirse que era la pieza por la que fui al British. Tuve tiempo de sacarle al Sutton Hoo Hoard una docenita de fotos antes de que la batería de la cámara dijera que no quería trabajar más. Un gran momento, sin duda, de todo el viaje.

Después del British, encontramos una tienda de cómics junto a la entrada principal (se llamaba Gosh!) a la que dimos un repasillo, y como la entrada de metro por la que habíamos salido (sí, la de Freddie Mercury con el puño en alto) estaba cerrada por aglomeración, paseamos un poco por Oxford Street y nos sentamos a tomar un chocolate y a hojear las compras que hicimos en el museo. Por mi parte, un libro sobre las piezas más importantes, un booklet del tesoro de Sutton Hoo y otro del Staffordshire Hoard (en proceso de ser restaurado).

Para terminar la crónica, una lista que elaboramos, como diversión, entre Guillem y yo.

COSAS QUE NO HAY EN LONDRES

- Papeleras.
- Empresarios honrados (cuando fuimos a preguntar por el wi-fi del hotel, nos dijeron que había que pagarlo. Ok, vale... ¿a cuánto?. CINCO LIBRAS LA HORA).
- Café decente.
- Ingleses. Yo creo que están en peligro de extinción.
- Gente que moleste con el humo del tabaco.
- Billetes de tren asequibles.
- Ascensores / escaleras mecánicas.
- Fuentes para beber en la calle.
- Agua de grifo decente.

COSAS CHACHIS/CURIOSAS QUE HAY EN LONDRES

- Gente que come/bebe en los teatros de musicales.
- Gente que se descalza en el tren.
- Españoles haciéndose los guays (en particular, una especialmente idiota en el andén de Queensway, que hablaba a voces con una amiga en un inglés macarrónico, presumiendo de estar estudiando en London).
- Tejados. No os lo creáis, pero los echo mucho de menos cuando viajo a ciertas ciudades en las que no acostumbran a tenerlos.
- 7up Free. Guillem pudo volver a tomar refrescos.
- Té a litros.
- Museos genialosérrimos gratis.
- Ardillas descaradas de Hyde Park.
- Comida escocesa que está deliciosa.
- Gente fumando shishas en la calle, tapados con mantitas de cuadros y sentados en sofás.
- Una sola cola para muchos mostradores/máquinas expendedoras. Ya podríamos aprender por aquí...
- La Oyster Card, ese gran invento.
- Moquetas.
- Un tren que lleva a Oxford.
- Jasidim.
- Imprevistos en el metro. Cada día la aventura vuelve a empezar...

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Con esta parte, ponemos punto y final a la crónica. Espero que os haya resultado interesante y, como siempre, me dejo miles de cosas en el tintero. Pero espero volver y remediarlo.

Un beso
Posted by Findûriel in , | 25.11.10 11 comments
Nos habíamos quedado a mitad del segundo día, debido al pejiguero explorer del portátil de Mallorca, así que reanudamos el periplo por la Pérfida Albión en el Natural History Museum.

Comimos en el mismo museo, ya que teníamos sólo dos horas para todo antes del meeting con SoniucaInLondon, y la verdad es que lo disfrutamos. Los sándwiches estaban de vicio, así como el zumo sin azúcar (por fin, algo adaptado para los diabéticos) exprimido aquella misma mañana, y el bizcocho con plátano del postre.


Esta fotografía no es una ida de olla. Es una de las servilletas de la cafetería del Natural History Museum, y sirve para ilustrar algo curioso que encontramos en Inglaterra.
Consumimos muchísimo agua embotellada; entre que el agua del grifo está repletita de cal, que estábamos constipados (tosiendo todo el rato), y que yo bebo mucho, tomamos agua embotellada de gran variedad de marcas. Bueno, pues todas, y cuando digo todas es absolutamente todas, tenían en la etiqueta un mensaje solidario.

Si compras nuestra marca, diez pennies irán para hacer pozos en Somalia. Si consumes la nuestra, por cada litro de agua llevaremos dos al tercer mundo. La nuestra gasta un 10% de sus beneficios en pastillas potabilizadoras para los lugares que tienen el agua contaminada. Y la nuestra vacuna de la malaria a una persona por botella.
Pero eso no es todo. Por cada café de Starbucks, 15 pennies iban para la lucha contra el sida. Cada hamburguesa del McDonald's, era un lapicero para un niño en una escuela sin recursos. Cada pizza de speck & rocky (qué ricas, las joías) llevaba un acto solidario con Haití.
Carteles solidarios, de reciclaje, de desarrollo sostenible, de reutilizar, de donar, de causas... prácticamente todo lo que compras o consumes (hasta los kleenex del Tesco) lleva su gramito solidario. Que no digo yo que no esté bien, oiga, que está muy bien. Lo que cabe preguntarse es si este buenrollismo no lleva su brizna de sintético. Pero aun así, no dejaba de sorprender.

(Por cierto, mención especial merece la botella de 'agua volcánica'. La etiqueta decía que la sacaban de un cráter de volcán extinguido, y garantizaban un "100% vulcanicity")

Además de solidarios, sabrosos.

Ese señor que veis detrás era el encargado de recoger las mesas y de limpiar las bandejas. No le vimos un mal gesto, un gruñido ni cara de amargado. Fue otra cosa que nos gustó de los sitios que visitamos en Londres: que la gente era eficiente y limpia. La inmensa mayoría de la gente que comía en aquella cafetería no dejaba las bandejas en la mesa, sino que se las entregaba a este señor al irse y él tiraba los desperdicios y clasificaba la vajilla, limpiando la bandeja. Si alguien dejaba la suya, no pasaba un minuto antes de que él la recogiera y pasara la bayeta por la mesa.
Una delicia, vamos.

Nos encontramos con SoniucaInLondon a la salida y ella nos trazó una ruta la mar de interesante. Me quedé con muuuuchas ganas de ver el Victoria&Albert, pero eso lo dejamos para la próxima.

Relativamente cerca estaba Harrod's, pintoresca vista para los turistas más 'snOObs' de Londres. SoniucaInLondon estaba excitadísima con la decoración navideña que ya empezaba a inundar las calles de Londres, y nos llevó a través de las secciones de Harrod's como una bailarina, descubriendo impecables empleados, comida colocada al milímetro, productos exclusivos traidos de la Cochinchina en un carro tirado por bueyes albinos, y la escalera egipcia. He de decir que no deja de ser una visita antropológicamente interesante, pero no olvidemos que la base en la que se sustenta ese recurso es cuanto menos... banal. Es alucinante ver cómo el supermercado de los sueños de toda snob existe, con sus pirámides perfectas de bombones, sus filetes cortados y dispuestos en forma de arcoiris, o la mortadela doblada en forma de rosa. Lo que la típica snob ignora es que los verdaderos Jet no salen de casa para comprar, ni siquiera a Harrod's.

Wellington Arch

Llegamos, bajando por Constitution Hill, a las puertas de Buckingham Palace. La Reina estaba en casa y lo supimos porque, como nos comentó nuestra guía, la bandera de su familia ondeaba en lo alto del palacio. Los aviones pasan bastante bajito sobre el palacio, y relativamente despacio.

En las puertas del chalet de Elizabeth, la segunda de su nombre, reina de los ándalos y los rhoynar...

Como SoniucaInLondon nos dijo que estaba peleada con Charles por no sé qué que ella puso en el facebook sobre sus pabellones auditivos, no nos invitaron a tomar el té en el pisito de él (que estaba un poco más abajo), pero Charlie, siempre tan jovial, nos mandó un pequeño desfile de guardia montada para nuestro solaz y entretenimiento.

Siempre tan jovial... las capas eran una pasada :)

Bajamos atravesando St James' Park (ahí tuve que hacer una parada técnica, porque no podía respirar) y vimos (por fuera, no había tiempo) el búnker del señor Churchill, donde se fumaba los puracos y le hablaba al cuello de su camisa. También vimos el principio de Downing Street, y sólo el principio. Nosotros pensábamos que se podría pasar por delante de la casa del Prime Minister (con su consabida seguridad, of course) o que, como mucho, la casa es la que estaría vallada, pero... la calle entera está cerrada. Con verjas. Según nos contó SoniucaInLondon, la siempre simpática y cordial Margaret Thatcher fue la que mandó cerrar la calle. Es que tenía demasiados amigos y fans y, ya se sabe, estaba harta de flores en los peldaños de casa.
Y al doblar una esquina...

OMG si es el gran Ben :)

Nos hicimos una serie de fotos chachis de rigor, y como nosotros molamos, pues quedaron de escándalo...

Mandatory

Se puede ser más guay, pero... no, no se puede ser más guay :)

Pena que el Parlamento estuviera en obras u.u

Westminster Abbey, el centro del cotarro

Después de quitarnos la espinita con todo este arsenal de importantes monumentos, SoniucaInLondon nos avocó al vandalismo. No a mí, que estaba demasiado asfixiada, pero sí a Guillem. Ocurrió en Trafalgar Square, donde se decidieron a subir al pedestal de la estatua de Nelson y hacerse una foto con uno de los leones.
No se puede subir. No sólo por la 'prohibición', es que tampoco hay escaleras. Intentaron trepar, pero era muy complicado. Al final, unos porrerillos que estaban subidos les echaron una mano y lograron conquistar la estatua de Nelson.

Ojo al tamaño del león... hay cuatro y cada uno está hecho con el metal de los cañones de los barcos del bando vencido.

SoniucaInLondon y sus famosérrimas gafas verdes :)

Pasamos como un relámpago por China Town, donde los indicadores de las calles además de estar en inglés están en mandarín, y nos dirigimos hacia Picadilly con calma porque yo estaba bastante malita y teníamos que ir al West End.
Y de repente... vimos que Leicester Square estaba abarrotada de gente, había cientos de personas, un jaleo relativo, muchos flashes y gente apelotonándose contra unas vallas forradas de plástico y fuertemente guardadas por policía...

What's that fuzz?

Y, ¿qué era? Nada más y nada menos que el preestreno, con las estrellas y todo, de la primera parte de la séptima peli de Harry Potter.

No! Really?

Completely!

Nos vimos de repente en una marabunta friki que además ¡era un frikismo de los nuestros! Si os fijáis en la foto superior, veréis al actor que hace de Profesor Flitwick.
Y vimos a más actores. Bueno, yo los intuí, fue SoniucaInLondon la que, con mi cámara generosamente en la mano e inclinándose sobre la marabunta, logró sacar unas cuantas fotos. Las fotos que hizo son un pedazo de triunfo: estábamos como que en tercera fila, y estaba todo lleno de fans voceadores y empujadores que llevaban, en algunos casos, varias horas allí.

Evanna Lynch, que interpreta a Luna Lovegood

Mi amiguete, mi colega Jason Isaacs

John Hurt, aparición confusa, porque la gente empezó a gritar 'Ian McKelleeeeeeen!' y casi nos da un patatús.

Ralph Fiennes, for God's sake...

En ese momento ella hizo su aparición. Helena Bonham-Carter. Fue la actriz, en el rato que estuvimos allí, que más se acercó a la gente y más autógrafos firmó. Llevaba su aspecto normal, de espantaja fashion. Y entonces ocurrió. Llegó a nuestra zona y se puso a estrechar manos. Sonia la llamó, y alargó la mano hacia ella...


Y Helena, con sus pelos de homeless con dinerito, su sonrisa amarilla y su vestido hipercaro, pasó de ella. Olímpicamente. Estrechó todas las manos menos la suya. Y SoniucaInLondon hizo lo que mejor sabe hacer: ponerle humor. Y le gritó, enmedio del tumulto:

- '¡Helenaaaaaaa! ¡Tó atrezzao Helenaaaaaa!'

(para quien no sepa de dónde viene esto)


Así que, partiéndonos de risa, se nos hizo casi la hora de ir al West End, con lo que tuvimos que decirle adiós al preestreno sin ver a nuestro adorado Alan Rickman...

Así, como quien no quiere la cosa, lo que nos hemos encontrado... Jatetú...

Por el camino, pasamos por Picadilly, con sus neones de Sanyo.

Sigo sin recordar por qué mirábamos al suelo... Ni idea...

Y de ahí, en cinco minutitos, ante la fachada del Queen's Theatre. SoniucaInLondon nos había fabricado un día especial que resultó maravilloso, y encima nos acompañó al teatro.
Como tenía que tomarme mi ración de antigripal-antipirético-descongestivo-demás drogas, fuimos a la cafetería de enfrente a por una botellita de agua después de recoger las entradas que había comprado hacía algo más de un mes por internet, como regalo de cumpleaños para Guillem.
El caso es que los camareros llevaban en los ID banderitas con los idiomas que hablaban, y mientras SoniucaInLondon y yo discutíamos si un vaso de plástico debe llamarse cup o glass (con mis sentidos embotados por la puñetera enfermedad), le dije 'mira, el camarero lleva una bandera española en la ID. Se lo voy a decir en castellano'.
SoniucaInLondon me dijo que no tenía arrestos para decirle una sola palabra en castellano. De hecho, ese camarero se fue a por nosequé y me tocó otro. Pero en su ID ponía 'Carlos' y también tenía una bandera española. Mis palabras más o menos fueron:
'Hola, ¿me darías por favor un vaso de plástico para esta botella de agua? Es que me tengo que tomar la medicina. Muchas gracias'
SoniucaInLondon se había olvidado de que soy Garrinoreana también.

En las puertas del teatro, estábamos más que nerviosos. A la entrada había un puesto de merchandising, pero decidimos dejarlo para la salida. Nuestros asientos estaban en la platea, en la fila tres, y a pesar de que temí que estuvieran demasiado cerca, no fue así. Veíamos toda la profundidad del escenario y teníamos a la orquesta delante.

Guillem salió un momento para hacerse con un programa grande del musical, y yo me quedé en la butaca, asombrada porque la gente estaba comiendo y bebiendo en la platea. Había un ambigú, como en muchos teatros, pero jamás había visto a la gente comer en el teatro, ni beber ¡cerveza! o comer helados en las butacas. Eso sí, muy educada y silenciosamente, pero me chocó.

Tan feliz...

Yo tosí durante el musical. Menos de lo que podría haber tosido, ya que me chuté a base de bien de caramelos y sorbos a la botella de agua, pero estaba demasiado avergonzada por mis toses como para calmarme.
De todos modos, disfruté muchísimo del musical. La escenografía era impresionante, cabe destacar las dos plataformas giratorias (que permitían que el tiempo pasase como en un zootropo, o el cambio rápido de escena); la estructura que sirvió tanto de puente, como de mobiliario urbano, como de barricada; los juegos de luces que convertían la prisión en calle, la calle en hogar, el hogar en cloaca; y las decoraciones interiores, llenas de trampillas por las que se deslizaban los actores.

Yo conocía el argumento, pues leí el libro años ha, pero el musical realmente me conmovió. No voy a citar canciones, porque todas son maravillosas, tampoco voy a citar actores, porque todos estuvieron sobresalientes, pero sí citaré dos momentos en los que la lagrimilla se me escapó de los ojos.
El primero fue la canción 'Castle on a cloud', que me encogió el corazón. El segundo, cuando Javert busca en la trinchera a Jean Valjean y no lo halla, y da la vuelta a la estructura, que se gira con las plataformas... para revelarnos a Enjolras muerto, yaciendo en los escombros sobre la bandera revolucionaria. Ahí se me partió el corazón.

Ah, y el momento epifánico fue ese 'Do you hear the people sing?' que hizo cantar a todo el teatro. Una maravilla.


Mereció mucho la pena la espera, la pelea con la televenta, la lluvia y la tonelada de caramelos para la garganta. Un final de día espectacular.
Posted by Findûriel in , | 17.11.10 7 comments
El segundo día de nuestro periplo por tierras inglesas amaneció bastante pronto. Como teníamos el desayuno incluido en la estancia, nos levantamos a tiempo de aprovechar su franja horaria (de 7:30 a 9:30). Cuando bajamos al hall, no sólo nos encontramos con los 91 escalones de costumbre, sino con que el comedor estaba en el sótano. Dos tramos de escalera y un poco más de fatiga respiratoria después, nos pudimos sentar a desayunar.

Guillem quedó bastante decepcionado del desayuno. Aparte del té fuerte típico inglés, y una fuentecilla escasa de leche, no había más alternativas líquido-alimentarias con las que llenarse el estomaguillo, y precisamente no demasiadas cosas más (croissants y mermelada). A mí el té inglés con leche me gustó, pero la verdad es que todo estaba en proporciones bastante escasas y, aunque fuera libre, te cansabas de apretar el pulsadorcito para que cayera un hilillo de nada de leche.

Esa mañana llovía pero no llovía, algo bastante típico de los climas cantábricos y, por lo que vimos, del noviembre londinense, con lo que tampoco se nos complicó demasiado el plan que teníamos. Llevar intermitentemente un paraguas era bastante molesto, con lo que nos decantamos por la verdadera prenda estrella de este viaje: los gorros.

SoniucaInLondon nos había dicho que hacía un frío polar. A Guillem se lo parecía, pero a mí no me pareció para tanto. De hecho, creo que no me puse en todo el viaje los guantes. Fieles a la esencia de lo que queríamos que fuera aquel viaje, nos dispusimos a dar un tranquilo paseo por Hyde Park.


Las 'fuentes italianas' de Hyde Park

Paseamos trazando la ruta que nos había indicado Soniuca, y descubrimos un Hyde Park hermoso y tranquilo. Había bastante gente paseando, corriendo o con los perros. Los perros que vimos en todo el viaje la verdad es que estaban muy bien educados y no vimos en ningún momento que hubiera excrementos en las aceras, con lo que inferimos que los dueños también estaban muy bien educados.

Más allá de las 'fuentes italianas' (lo pongo entre comillas porque sólo había una fuente) la corriente se convertía en la llamada 'Serpentine', donde pudimos admirar gran variedad de aves acuáticas y hermosos árboles entre los juncales. Nos salieron al paso las ardillas de Hyde Park, tan descaradas que llegaban a ponerse de pie a escasos centímetros de nuestras zapatillas para pedirnos algo de comer.


London squirrels drive me nuts!

Si se bordea el comienzo de The Serpentine, y escondida entre unos árboles y ficus, encontramos la estatua de Peter Pan donada por el señor Barrie. La había visto en fotos, y pensé que estaría subida a un pedestal a cierta altura... pero la verdad es que está en el suelo y la basa es digna de verse, llena de figuras faëricas, animales y niños perdidos.


Comparando el tamaño en escala '1 estatua/1 gondoriano'


Peter con su caramillo

Fue una pena que ninguna de las fotos que saqué de la basa saliera bien, la falta de luz hacía que me salieran movidas. El lugar elegido, aunque está un poco apartado, es ideal, y en otoño es aún más bonito.

Seguimos caminando por Hyde Park en dirección sur y ecuchamos una barahúnda no muy lejos, con coches en embotellamiento incluidos. Me he enterado más tarde de que se trataba de una manifestación porque quieren retrasar la edad de jubilación, y eran los estudiantes los que estaban en pie de guerra. Mientras, algún miembro de la Familia Real decidía darse un garbeíllo por el parque y nosotros pudimos hacer un par de fotos a su coche último modelo...


¿Quién iría dentro? Lo que es seguro es que mojarse, no se mojaba...

Hyde Park es un parque moderadamente grande y que está muy bien cuidado, digno de verse en otoño y con mucha tranquilidad por la mañana. El paseo fue muy agradable y me encantaría volver a pasear por él en otra época del año (y, por qué no, hacerle fotos a mis bjds en el parque y la estatua de Peter Pan).

Saliendo del parque por la parte sur encontramos el Royal Albert Memorial. No es otra cosa que un pedazo de monumento que la Reina Victoria le dedicó a su consorte, debía ser una forma de 'compensar su soberanía', dado que él era consorte y ella la Reina. Ella tiene edificios, monumentos y fragmentos de la historia dedicados a su nombre, ya que la época de esta reina fue muy próspera para Inglaterra, así que creando hitos como el Royal Albert Memorial o el Royal Albert Hall, ella trató de que se recordase también la memoria de su marido.



El Royal Albert Memorial

El Royal Albert Memorial es un templete elevado, con profusión de esculturas, dorados, mármoles y relieves, en cuyo centro se aposenta el consorte coronado en laureles. En cada esquina de este monumento, un pedestal sostiene conjuntos escultóricos alegóricos de cuatro de los continentes.



América


Europa


Asia

... y de África juraría que saqué foto, pero debieron salir desenfocadas. El animal era un camello y salían personajes de variadas razas.

Enfrente de este memorial, el Royal Albert Hall.



Enfilamos Exhibition Road entre los gritos de la manifestación y las decenas de Bobbies que subían por la calle, hasta llegar al Imperial College que es donde estudia ahora mismo SoniucaInLondon. Ella nos enseñó las instalaciones donde estudian algunas de las mentes más brillantes de la física futura, una universidad de metal y cristal con grandes espacios abiertos y dinámica estructura por colores, donde la gente tiene libertad para distribuir su tiempo de estudio. Sonia está encantada con su College.


Vistas desde la ventana de Soniuca

Después nos enseñó lo cerca que tiene la residencia, en una placita encantadora, y su habitación. Nos comentó que muy cerca teníamos tanto el Victoria&Albert (que, desgraciadamente, quedará para la próxima) y el Natural History Museum, que es donde terminamos yendo y, dado el tiempo que teníamos (dos horas) hasta nuestra cita con SoniucaInLondon, recorrimos sólo una ínfima parte. También queda seguir con él la próxima vez.

El museo por dentro es in-cre-í-ble. Tiene varias partes dedicada cada una a una materia (física, colección de animales disecados, fósiles, teoría de la evolución, botánica, geología...) de las que pudimos ver por encima las de geología, física y fósiles. Lo poco que vimos nos dejó asombrados. Aparte, el edificio es titánico, y tiene una decoración asombrosa.

Accedimos por la entrada lateral frente a la que te encuentras con una escalera mecánica que atraviesa un enorme globo terráqueo...


Este enooooooooooooooooooorme fósil de Ictiosaurio, el único de este tamaño completo, fue descubierto por la paleontóloga Mary Anning en 1811


Pasillo de los fósiles de reptil


El hall del braquiosaurio

Vimos cosas que me hicieron mucha ilusión, como esqueletos de Dodo, la estatua de Darwin o el maravilloso artesonado dedicado a la botánica.



(Segunda parte del primer día, próximamente)
Posted by Findûriel in , | 16.11.10 12 comments
FOREWORD

Lo primero que quería reseñar en esta crónica es que nunca había viajado al extranjero, si obviamos un viaje a Portugal en el que volvimos cargadas de toallas. Uno de mis sueños era coger un avión y saltar una 'frontera' para ir al extranjero, y ya que fue a la pérfida Albión, mejor que mejor.
Este viaje me lo ha regalado mi chico, y estaba enclavado en el centro de las vacaciones de un mes que me correspondían en la empresa. Ha sido un viaje emocionante y entrañable a partes iguales, aunque un catarro más fuerte de lo normal me impidiera disfrutarlo a tope. Caminar más de diez minutos para mí era un suplicio, me ahogaba y me ponía fatal. Me he pasado el viaje colgando del brazo de mi novio y teniendo que decir que 'no' a muchas cosas que tenía pensado ver. Tampoco es que nos planteáramos el viaje en plan 'tenemos que ver esto, esto otro, el Big Ben, la Torre de Londres, desayuno británico, el cambio de guardia, etc etc'. Nos lo planteamos más como nuestra primera toma de contacto con Inglaterra.

LONDON CALLING

Nos presentamos en el aeropuerto de Palma a mediodía. Volábamos con EasyJet. Primer detalle: el 90% del pasaje eran ingleses jubilados.
Enseguida se nos hizo de noche, tanto, que vimos París desde el aire y lo único que podía distinguirse era el leve brillo del Sena.
Al llegar al aeropuerto de Gatwick tomamos el shuttle (en un pasillo, curiosísimo), que en cosa de un minuto te deja en la estación de tren. Allí, compramos los billetes para el Gatwick Express (unas 15L cada uno) que, en 30 minutos, te lleva a Victoria Station, en el centro de Londres. Como dato curioso decir que aún no llevábamos el chip cambiado de España con lo que, sentándonos en el tren, pensamos que iríamos en dirección a la marcha y fuimos marcha atrás. Hay alocuciones en los vagones en al menos cinco idiomas, y pasa un asistente con un carrito ofreciendo café, snacks, té y refrescos (cosa que también veríamos en el tren a Oxford).

Cuando llegamos a Victoria Station allí nos esperaba SoniucaInLondon. Nos sería de grandísima ayuda en este breve periplo inglés. Primero nos llevó a comprar nuestras Oyster Cards (pedazo de invento, señores) y montamos en el metro.

El metro de Londres es como Nobby Nobbs: impredecible y maloliente. Impredecible porque cada vez que entras al andén, hay una voz informando de que pasa algo: un descarrilamiento, una avería, un incendio, un percance... yo creo que no hubo vez en que entráramos y no hubiera una voz que informara de retrasos, cortes en las líneas o incluso supresión de servicios completos. Tiene pocas líneas y es muy manejable, pero bajo la premisa de que por una misma vía pasan diferentes rutas. Y huele a pis. No siempre, pero a vaharadas.
Las estaciones son en cierto punto bonitas, abovedadas, alicatadas, con gusto antiguo. Y no hay escaleras mecánicas, bueno, sí hay, pero muy pocas. Demasiado pocas.
Sin embargo, me gustó el metro.
Para llegar a la zona donde estuvimos alojados, pasamos por la estación en la que se reencontraron dos de los miembros de Placebo y que llevó a la fundación de la banda (South Kensington), y nos bajamos del metro en Byswater.

Sí, amigos, Londres huele. Huele como a una mezcla entre té fuerte, col cocida, mantequilla recalentada y agua estancada. Es un olor pegajoso, como a caramelo de brécol. Fui incapaz de discernir qué en concreto dotaba a Londres de ese olor peculiar y fuerte, ya que cuando pensé que era el Támesis, estábamos lejos de él. Cuando pensé que era el té, olía los tés que me daban y no me lo parecía. Olí la comida, y excepto ciertos alimentos enharinados, no lo encontré. El olor me esperaba en las esquinas y me atacaba implacable, de hecho, llevaba pañuelos mentolados para quitármelo de las maltrechas fosas nasales (bendita SoniucaInLondon). Al final, colegí que era una mezcla del agua de los grifos (que no podía tener más cal porque si no no correría por las cañerías), la mantequilla para cocinar y el té hervido. Ese té oscuro y casi espeso que era demasiado agresivo para el paladar mediterráneo, pero que con leche resultaba delicioso.

Estuvimos alojados al norte de Hyde Park, muy cerca de la calle Queensway. Habíamos contratado el hotel a ciegas, confiando en la agencia de viajes. No estaba mal, lo único que nos mató (sobre todo a mí) fue que la habitación estaba en un quinto sin ascensor. 91 escalones de casa antigua con el aliento de perro que traía yo conmigo.

SoniucaInLondon nos acompañó en el hotel. Nos explicó que lo de la moqueta es muy inglés, que estaba Londres ya decorado para las navidades, y nos explicó que nos tenía una rutaza preparada para el día siguiente. Fuimos a dar un paseo por Queensway, donde prácticamente todos los locales estaban abiertos a aquellas 'altas horas'. Había locales de venta tipo bazar, supermercados y restaurantes de muy variada índole: libanés, chinos, marroquí, italiano, escocés (terminamos cenando en la cadena SteakHouse escocesa, por mi parte unas chuletillas de cordero al vino tinto que no estaban nada mal, con coliflor y ensalada), cantonés, sirio, indio, oriental genérico... Nos fuimos a la cama y, mañana sería otro día.

De ese primer día no tengo fotos, os tendréis que esperar a la siguiente entrega :)

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