lunes, 26 de marzo de 2007

300


Ayer fui al cine con mi padre y mi hermano pequeño. Íbamos a ver 300, una película que mi hermano ya había visto, a mi padre sabíamos iba a gustarle, y por la que yo sentía gran curiosidad.
La verdad es que de Frank Miller sólo he leído la historia de Marv de Sin City. Me encantó, ha de decirlo. Esa mezcla de cine negro con realismo sucio me dejó pasmada. Poco después vi la película de Sin City, que me gustó (Bukowskianooo Bukowskianooo).
En el caso de 300, es una película que he ido a ver sin leer el cómic (que, por cierto, poseen mis hermanos y que leeré muy pronto), y sin ningún tipo de información adicional excepto la que te provee la educación en Cultura Clásica (que, a estas alturas, es bastante difusa). La sala estaba llena, buena señal para los productores de la cinta, pero algo que asegura que:
1. habrá un ruidoso.
2. habrá un flipao que aplauda-ría-grite en las escenas cruciales. (A este se le oye estés sentado donde estés sentado, con frases como "Tomaaa" y "Halaaa")
3. habrá alguien que, ignorando las clarísimas connotaciones de la peli, se lleve a los niños pequeños consigo.
4. habrá alguien que no pare de preguntar "¿Ese quién es?" "¿Por qué hace eso?"y, la gran pregunta que hace rechinar la curva del espacio-tiempo del cinéfilo "¿Que va a pasar ahora?" o sus variantes "¿Entonces?" y "¿Se ha muerto de verdad?". Los impulsos homicidas de esta pacífica señorita que les habla se vuelven 100 a los cinco minutos.
5. habrá un sabiñoño-sabiñoña, de esos que cuelan comentarios inteligentes en las frases lapidarias de la peli.

Rezando a San Cinexín, me senté en la sala. Había una "indivídua" tipo 5 al lado de mi padre. Él comentó a la salida "Si llega a estar la Moni en mi sitio...". Una verdad como un puño.
La película, visualmente, me gustó bastante. El uso de la cámara lenta, la alternancia de las velocidades en las batallas, me parece un recurso fácil y banal en las películas de acción; pero en películas como esta, en la que lo que prima es la percepción estética a través de la reproducción de la viñeta, el uso es impresionante. La banda sonora me ha gustado también, pero adolece de repetitiva: creo que la mujer que cantó en Gladiator se estará haciendo de oro, porque tanto en Alejandro, como en Troya y películas de la especie, recurren a los arreglos corales de quien parece la misma voz (y casi casi la misma canción). Estuvo genial el uso de la máquina y del Rock, todo hay que decirlo.
El gusto por lo grotesco, lo historiado, en Miller, no deja de fascinarme. Los rostros excavados, los miembros deformes, las voces macabras... en contraste a la limpieza, la deficinión de los soldados (no sólo los Espartanos) siempre me sorprende y me conmueve artísticamente. No debemos olvidar que, para otras sociedades de otros países, el gusto por lo grotesco que han cultivado las cortes y el pueblo español les ha llamado la atención.
Quizá lo que más me guste de Miller, y por ende de la peli (de lo que, cuando lea el cómic, comprobaré el nivel de aplicación) son los monólogos interiores, las sentencias omniscientes, a modo de recuento mitológico de una realidad paralela. Sus frases cortas me dejan sin aliento.

Pero... siempre hay un pero.
Señoras y señores, que ustedes vean una película basada en un cómic quiere decir que la ficción ha pasado un doble tamizado: el del dibujante-guionista (en este caso, Frank Miller, ese Orson Welles de su propia obra) que ha tomado en su imaginario aquello que quería expresar (a veces tomándolo de hechos, otras veces no), y el de los trabajadores del cine (que afinan aún más, convirtiendo la experiencia cinematográfica en un ángulo agudo). No están ustedes viendo un reflejo de la historia, ya no de la realidad, ya que cuando se habla de historia antigua el precipicio de la ficción, del cuento, te hace balancearte en el límite. Señores, señoras, no lo tomen como un padrenuestro. Ni siquiera es la intención del dibujante-guionista, ni de los trabajadores del cine. Ustedes no deben deformar esas percepciones.

Y otra cosa, a la número 5 de mi fila: el hecho de que sólo conozcas la historia de los espartanos no quiere decir que Jerjes perdiese. Quiere decir que el sistema educativo ha fallado contigo. El Imperio Persa es una de las mayores y más fascinantes civilizaciones de la antigüedad y, aunque no lo sepas, son nuestros antepasados. Así que, un poco más de respeto.
Por cierto, no sé si era intención de Frank Miller o de los cineastas provocar la carcajada fácil de los ignorantes del cine el poner en bandeja una ridiculización de Jerjes con el toque subliminal de homosexualidad, entendida como contemporánea, de No es a mi espada a lo que temen mis soldados. Espero que se trate de estos últimos quienes, conociendo la mentalidad del espectador medio, sabían que iban a reírse con un chiste tan horrendo.
En fin, fílmicamente impactante por la fotografía, y siempre interesante por los monólogos interiores, que, inexplicablemente, cesan a media película (joooo...). Recomendable para soltar adrenalina mental un sábado por la noche.
Findûriel
PD: a mi padre le encantó, le volvió loco!

3 comentarios:

Tarod dijo...

Coincidimos en bastantes cosas.

Yo no tuve graciosillo cerca, lo cual contribuyó a que me gustase en general.

La frase del persa, como otra entre dos soldados, con toques homosexuales... bueno, no las veo fuera de contexto en una historia de griegos de hace miles de años.

Ulmo Vailimo dijo...

Personalmente , me gustó mucho la pelicula tambien. Por la mayoría de motivos que comentas acertadamente.

Sin embargo como me paso en V de vendetta he tenido la desgracia de conocer antes el cómic xD. Y habiendo echado en falta pocas cosas del mismo (aunque si alguna). Me sobran varias cosas de la pelicula. Aunque ya me dirás cuando leas el cómic ;).

Findûriel dijo...

Bueno, Tarod, el toque homosexual tampoco me parece fuera de contexto, pero sí el hecho de que se haga unilateralmente. o sea "el prota es un macho, el enemigo es un mariposón". si hubiera habido connotaciones en ambos bandos... además el amaneramiento es un "invento" del siglo XVII, no de las épocas antiguas (que se lo digan a Pirandello)
besos