sábado, 12 de mayo de 2007

Filología

Me encanta recopilar textos que hablan de los verdaderos nombres de las cosas... Aquí van algunos que seguro reconocéis...

Julieta: - ¡Solo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres el mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro tu nombre! ¿Qué hay en tu nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora ¡Romeo, rechaza tu nombre; y, a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mí toda entera!
Romeo: -Te cojo la palabra. Llámame sólo "amor mío", y seré nuevamente bautizado ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!

- Hm, no está mal - dijo Bárbol -. Podemos hacerlo. Así que habitáis en agujeros, ¿eh? Parece muy bien y adecuado. ¿Quién os llama hobbits, de todos modos? No parece una palabra élfica. Los elfos crearon todas las palabras antiguas; ellos empezaron.
- Nadie nos llama hobbits. Nosotros nos llamamos así a nosotros mismos - dijo Pippin.
- Hm, hm. Un momento. No tan deprisa. ¿Os llamáis hobbits a vosotros mismos? Pero no tenéis que decírselo a cualquiera. Pronto estaréis divulgando vuestros verdaderos nombres si no tenéis cuidado.
- Eso no nos preocupa ― dijo Merry ―. En verdad yo soy un Brandigamo, Meriadoc
Brandigamo, aunque casi todos me llaman Merry.
― Y yo soy Peregrin Tuk, pero generalmente me llaman Pippin, o aun Pip.
― Hm, sois realmente gente apresurada ― dijo Bárbol ―. Vuestra confianza me honra, pero no tenéis que ser tan francos al principio (...) En cuanto a mí, no os diré cómo me llamo, no por ahora, al menos. (...) Ante todo me llevaría mucho tiempo; mi nombre crece constantemente; de modo que mi nombre es como una historia. Los nombres verdaderos os cuentan la historia de quienes los llevan, en mi lenguaje, el viejo éntico, como podría decirse. Es un lenguaje encantador, pero lleva mucho tiempo decir algo en él, pues nunca decimos nada, excepto cuando merece la pena pasar mucho tiempo hablando y escuchando.


― ¿Puedo preguntarte una cosa más? ― dijo Atreyu, reanudando la conversación. Ella asintió sonriendo ― ¿Por qué sólo puedes curarte si recibes un nuevo nombre?
― Sólo su verdadero nombre hace reales a todos los seres y todas las cosas ― dijo ella ― Un nombre falso lo convierte todo en irreal. Eso es lo que hace la mentira.

― Quizá el salvador no sepa el nombre que debe darte.
― Sí que lo sabe ― respondió ella.
Los dos se quedaron otra vez silenciosos.

― Todo apunta ― prosiguió el orador, cuando los murmullos se hubieron acallado ― a que la niña Momo ha sido ayudada a escapar de nuestra detención. Todos saben de quién estoy hablando. Se trata de aquel maestro Hora.
Al oír este nombre, la mayor parte de los hombres grises se encogió como si los hubiesen pegado, otros se levantaron y empezaron a gritar, a la vez, como energúmenos.
― ¡Por favor, señores! ― gritó el cuarto orador con los brazos extendidos ―. Les ruego encarecidamente que se dominen. Sé perfectamente, como todos ustedes, que la mención de ese nombre no es del todo decente. Yo mismo he tenido que vencerme, pero tenemos que ver las cosas con claridad. Si aquel... 'Alguien' ayudó a Momo, tendrá sus razones.

Digan mi nombre una, dos, tres veces... ¡Llámenme ahora! Haré lo que quieran... ¡Me comeré un perro! ¡Auuuuuuuuuuuuu!

— Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no sepas su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...
— ¿Quién?
— Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.
— ¿Por qué no?
— Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...

Hagrid tragó, pero no le salía la voz.
— ¿Quiere escribirlo? — sugirió Harry.
— No... no sé cómo se escribe. Está bien... Voldemort. —Hagrid se estremeció—. No me lo hagas repetir.


Del mismo modo, siempre terminamos hablando con nuestros amigos de por qué nos llamamos como nos llamamos, o incluso, qué significa nuestro nombre...
Findûriel. Parafraseando al ex-profesor de Níniel: "Si tienes un nick, es que juegas al rol"

7 comentarios:

Ilmendil dijo...

"- Les preguntaré su nombre - le contestó Medra. Luego sonrió-. Si me lo dicen podrán entrar.Y cuando crean que lo han aprendido todo, podrán salir otra vez. Si pueden decirme mi nombre."

Extraido de "Cuentos de Terramar" de Úrsula L. Le Guin.
Lo mejor del libro, la idea de los nombres verdaderos,íntimos y cargados de poder. Hacen al que conoce el suyo poderoso y frágil al mismo tiempo, por eso no se confia más que a aquellos en cuyas manos depositaríamos nuestra vida.

¿Umm y como se llamaba aquel cuento de hadas en el que la reina tenía que adivinar el nombre de un duende con el que tenía una apuesta?

Si lo recuerdo ya son dos más para tu colección. ^^

Finduilas dijo...

El cuento es "El enano saltarín" y más o menos, así es lo que canta cuando cree que nadie le está mirando (espiando este momento averigua la princesa el famoso nombre;), aunque hay varias versiones de la historia, como en todo.

"Tendré yo al fin
un príncipe que me sirva
pues de uno a otro confín
nadie sabrá que me llaman
el Enano Saltarín" ^-^

Los fragmentos que has puesto de Momo y La Historia Interminable son de mis favoritos...qué recuerdos, fue justamente Ende el que me introdujo en el mundo de la fantasía.
Y por cierto, no sé a vosotros, pero a mí me encanta tener un "nick" :Al fin y al cabo, Anas en el mundo hay muchas, pero Finduilas...sólo una!!Y es bonito tener un nombre que sólo usan algunos..es casi como el monbre mágico de los indios americanos, que sólo la gente cercana a ellos conocía :D

Finduilas dijo...

Pooor cierto, el cerdito de tu blog se llama Ozymandias por el vaagabundo de "La triología de los Trípodes"?? Sería mucha casualidad, un nombre tan raro....

Findûriel dijo...

No, querida Finduilas. El cerdito se llama Ozymandias por el poema de Percy Bysse Shelley, que más tarde daría nombre a muchos personajes de otras ficciones (como ese que mencionas, o uno de los personajes de The Watchmen). A ver si un día le dedico una entrada a ese poema, que es genial!
Gracias a las dos por los textos, añadidos a la colección quedan! Si alguien más quiere contribuír...
Findûriel, que colecciona cosas como esas.

keleb-dûr dijo...

Mi comentario va a ser largo. Es un mensaje que mande a la "Lista Tolkien" y tiene que ver con el tema. Me apasiona por cierto. ¿Una cosa cambia si le cambias el nombre?¿tendríamos la misma percepción de ella?¿yo sería diferente si me llamara de otro modo?

aquí va el mensaje

Hace ya un tiempo, propuse una pregunta (emulando pobremente a Alejandro Murguía y su Fabulosa historia de las palabras). Era ésta ¿qué tienen en común Tolkien, Pablo Neruda y Magritte?

Con todo el lío éste de Sineldor pasó un poco desapercibida y la verdad, hasta a mí se me había olvidado dar la respuesta (jejeje tengo que comer más rabitos de pasas para la memoria) ya que anduve algo liada. Hasta que Eledhwen me lo volvió a preguntar. Así que para satisfacer su curiosidad aquí va la respuesta, que desde luego, no es tan elaborada como las que da Bungo jejeje

Pues lo que tienen en común estos tres señores, son las palabras. Pero las palabras como forma más que como significado o herramienta de comunicación. Su belleza formal. Es decir:

- No he de explicar aquí el amor que sentía Tolkien por las palabras y por "su sonoridad". Cómo quedaba enamorado de un idioma por su sonido. Y, como si de un compositor musical se tratase, creaba nuevos vocablos a los que luego trataba de dar sentido y una historia. Como "hobbit".

-A Magritte, un pintor surrealista, también las palabras lo atraían. Solía argumentar que una palabra tenía un significado porque el ser humano se lo había dado. Y que una mesa se llamaba mesa porque nosotros así lo habíamos decidido, pero que la palabra en sí misma quizá nada tenía del objeto al que designaba. ¿Y si hubiésemos llamado mesa a una puerta? Famosos son sus cuadros al respecto en los que dibujaba una pipa de fumar y debajo ponía "esto no es una pipa". Leemos en la wikipedia: "Magritte dotó al surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y el real. Investiga las ambiguas relaciones entre palabras, imágenes y los objetos que estas denotan."

-En cuanto de Neruda, uno de mis poetas favoritos ¡qué decir!. Que las palabras, potentes y telúricas se le derretían en la boca. Y para muestra os dejo uno de sus poemas:

"Las Palabras
de Pablo Neruda
...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.
Me posterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo todas las palabras. Las inesperadas. .. Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen...
Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras...
Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo.. .
Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.
Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba...
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada...
Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.
Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías... Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes. .. el idioma. Salimos perdiendo... salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho...
Nos dejaron las palabras."

Findûriel dijo...

Gracias, Keleb! Hace tiempo que escribí un artículo sobre "la importancia del sonido en la obra de Tolkien" que iba precisamente sobre este tema. Pero lo dejé inacabado, y he perdido la multitud de notas que tomé para él. Pero es un proyecto que no he abandonado del todo, a ver si un día tengo tiempo y lo retomo...
Findûriel, viendo cómo crece su absurda colección "la importancia del nombre"

Eleder dijo...

"Muerte de la luz", la primera novela de Martin, tiene un párrafo especialmente bueno sobre este tema de los nombres e incluso de los "nicks". A ver si lo copio.