miércoles, 23 de mayo de 2007

No es Granada

No, no es Granada, ni Córdoba...
Hoy he descubierto una verdadera joya extramuros. La gente que visita mi ciudad suele limitarse a ver la Guía Patrimonio, pero a unos diez minutos andando del Azoguejo, está escondida esta verdadera joya del arte Mozárabe. Poca gente se acerca a conocerla, poca gente se interesa por el 80% de Segovia que se deja de ver en las rutas típicas, y San Antonio el Real es uno de los ejemplos más flagrantes.

Siento la oscuridad de las fotos, pero si picáis encima lo veréis en tamaño grande, y podréis apreciar los eneágonos entrelazados con endecágonos, los escudos de Enrique IV escondidos en la trama, los maravillosos rojos y dorados de su policromía, el detalle de sus grabados... Uno de los espléndidos artesonados que esconde este tesoro del siglo XV. ¡Por favor, picad encima de esta de la derecha y veréis de lo que hablo!

Pues este edificio, ahora convento de Clarisas Franciscanas de clausura, era por aquel entonces palacio de caza de Enrique IV, rey que amó a Segovia como no lo hizo ninguno. Tanto, que se hizo construír dos residencias (además de la que ya poseía en el Alcázar): El palacio de Enrique IV o de San Martín (que aún conserva muchas de sus partes intactas, y cuya capilla es una de las salas del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente), y este palacio de caza. Lo que tenéis a la izquierda es uno de los pasillos del atrio.

Porque Segovia, por aquel entonces, estaba rodeada de un bosque inmenso, que conectaba con los bosques de los montes de Valsaín (pertenecientes a la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia), y a diez minutos del punto más alto del Acueducto teníamos a los jabalíes correteando por entre los pinos...

Así como el Palacio de San Martín se construyó, según la leyenda, para que el rey pudiera irse de farra sin tener que pedir las llaves al alcaide del Alcázar cuando volvía a horas intempestivas y borrachuelo, este palacio se construyó como retiro y solaz del monarca. Está repleto de arte mozárabe, que tanto complacía al rey (¡tanto, que solía vestir con chilaba y turbante casi todo el tiempo!).
La policromía de este techo de la derecha (nada más y nada menos que la sacristía) está recientemente restaurado...

Porque, amiguitos, los techos están tal cual desde el siglo XV... Ningún otro edificio conserva los artesonados intactos desde aquel siglo, todos están reparados o restaurados. Esto se debe a que, al ser un convento, estaban mucho menos sometidos a desgaste, y a que la zona en que se sitúa el convento es seca y fría.
El atrio es digno de ver, porque se respira en él una paz y una intimidad difíciles de obviar. Es la columna vertebral en torno a la cual se reparten estas salas.

El más impresionante de todos los techos, a mi juicio, ha sido el de la sala capitular. Es precioso, los polígonos que forma el artesonado son impresionantes, pero lo que más impacta quizá es que ese techo, a diferencia de la mayoría de los techos artesonados octogonales, es que está a la altura de un techo normal. Casi parece que puedes alargar la mano y tocarlo... Aquí lo tenéis, a la izquierda una foto de la parte central del techo. El cordón Franciscano está presente en todos los motivos del artesonado. ¿Veis esos escudos que parece que están borrados, o en rojo? Representan las llagas de San Francisco.
En las paredes, dos curiosidades: unas figuras que aparecieron pintadas, como garabatos, de un gato y un hombre; y el resto de un Grotesque italiano junto a la puerta.

Además de estas maravillas "para las que hay que pillar tortícolis", tenemos multitud de cuadros de hagiografía, el retablo flamenco más multitudinario del mundo (¡contiene más de 120 figuras, todas talladas en madera y casi en una sola pieza! Foto a la derecha), algunos retablos de arcilla, objetos de despacho, una colección de cantorales gigantescos y en un estado de conservación impecable, un refectorio repleto de frescos y en perfecto estado, relicarios, figuras, cruces pintadas... En fin, una auténtica joya que, por desgracia, casi nadie visita.

¿Que cuánto cuesta la visita guiada? Dos euros, así de sencillo. ¿Que dónde está? Al comienzo del Acueducto, en la Carretera de La Granja. No dejéis de preguntar por él cuando paséis por Segovia, porque la verdad es que es un verdadero crimen perdérselo.