martes, 23 de diciembre de 2008

Valencia Calling: segunda etapa

Como me han llegado más fotos, sigo la crónica, porque se me han acumulado eventos de los que escribir resumen y comentario en los últimos meses.
La noche del primer día cenamos en un restaurante chino con Fimbrethil e Imrahil, que también muy amablemente nos acompañaron de compras para rellenar las mini neveras del apartahotel. Allí, nos emplazaron a ir a su casita el viernes por la tarde para perpetrar la canción que los amigos le regalaríamos a la felicísima pareja en su banquete de bodas, escrita por Fimbrethil sobre la base de 'Friends will be friends' de Queen.



Al día siguiente supimos que nos esperaba un día de pateo intenso, ya que nuestra intención era visitar la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Fue muy fácil llegar, ya que el bus que nos llevaba paraba enfrente del apartahotel. Dentro del bus había teles que iban informando de los monumentos que se veían en el trayecto y contaba historias por megafonía aunque no fuese un bus turístico.


Con el carnet de la UCM me salió con descuento el precio de las tres instalaciones que visitamos: L'Oceanogràfic, el Museo de Ciencias Príncipe Felipe y L'Hemisfèric. Nos habíamos preparado unos bocatas para comer dentro, y os recomiendo que así lo hagáis, aunque nos llevamos un pequeño susto al ver unos carteles en los que aparecía un bocata y unas bebidas tachados. Lo que indicaban era que no se podía comer en las instalaciones de los animales, pero sí en las zonas habilitadas con mesas y sombra, aunque no comprases la comida dentro.

El primer sitio a visitar fue L'Oceanogràfic.


Inmenso y muy limpio, con ese olorcillo a cloro que impregna todos los acuarios del mundo, estaba más lleno de cristal de lo que jamás había visto en un acuario. Un verdadero parque educativo del mar, lleno de pantallas táctiles con información sobre cada tanque, y con una variedad de especies alucinante, divididas por océanos. Por megafonía nos informaron de que el espectáculo del delfinario estaba a punto de empezar, así que fue lo primero que vimos. Aunque no me gustan los animales adiestrados, me contenté viendo los inmensos tanques en que nadaban más de una docena de delfines, divididos en tres zonas.

Muchos túneles de pecera, mucha vegetación, y lo que más ilusión me hacía ver: las Belugas. Aunque una vez entré, la verdad es que desprendían bastante desamparo porque los tanques de exposición eran muy pequeños. Las morsas no pudimos verlas porque estaban arreglando sus instalaciones, pero sí los leones marinos y focas en sus horas de alimentación. Narya y yo nos ilusionamos con las tortugas gigantes ^^



También me gustó mucho que existiera una zona de aves de humedal, con plumas muy coloridas y sonidos estridentes. Ir en estas fechas fue un acierto, porque estábamos prácticamente solos como visitantes por libre, ya que había excursiones de colegios, pero no demasiadas.

Lo siguiente que vimos fue el museo de la ciencia. Ya la parte exterior era una pasada, pero por dentro no desmerecía. Muy luminoso e inmensamente grande, con demasiadas cosas que experimentar para el poco tiempo que teníamos.