jueves, 21 de abril de 2011

Santa Semana


Hablábamos por ciertas plataformas y redes sociales el otro día, un puñado de buenos amigos y yo, sobre la Semana Santa. Mi visión sobre la fiesta parece ser extraña para unos e incomprensible para los otros. Los cristianos y católicos no comprenden del todo cómo una fiesta religiosa puede llamarme tanto la atención, ya que no profeso su fe. Los ateos, ateístas, agnósticos y escépticos religiosos no comprenden del todo cómo puedo 'justificar' una fiesta como esta.

Para mí es muy sencillo, a la par que personal. Y voy a usar un símbolo divertido para explicarlo (o intentarlo).

La fiesta como acto religioso

Imaginémonos que tenemos una pieza de Trivial Pursuit. Caemos en la casilla de Arte y Literatura y respondemos bien a la pregunta, con lo que nos llevamos el quesito marrón. Para los que creen que la Semana Santa es sólo un acto religioso, el viaje se acabaría aquí (oh, espera... también tendrían el quesito naranja, 'Deporte y ocio', más que nada porque tienen fiesta esos días y se pueden dedicar a su ocio personal).
El principio religioso de la Semana Santa es el acto de fe, la muestra de la devoción, y la expresión del dolor. Los cristianos sacan a la calle sus pasos, escenificando lo que su Mesías vivió de acuerdo con sus Sagradas Escrituras, a lo largo de los días que duró la Pasión.
¿Qué tratan de hacer con esto? Tanto conmemorar el dolor que su Mesías tuvo que pasar para expiar los pecados de todos sus corderos, como celebrar su vuelta el Domingo de Resurrección y la venida del Espíritu Santo, con lo que comienzan varios de los principios ceremoniales y morales de su Iglesia, como la celebración de la eucaristía o la expansión de la palabra.

La Iglesia Católica no es que sea demasiado profusa en sus 'lutos' (trabajando con judaísmo, por poneros un ejemplo, los judíos tienen seis días de ayuno y duelo en el calendario, y jornadas completas de ascetismo, como los Yemei ben HaMetsarim), pero la semana de Pasión es quizá la más notable de estas manifestaciones.

La Semana Santa, entonces, cumple una función de expresión de la fe, el dolor, la redención y la celebración de que su Mesías anduvo entre ellos, murió por sus pecados, y resucitó.

La fiesta como historia (quesito amarillo)

La Semana Santa, y el acto de procesionar imágenes religiosas, viene de una raigambre muy antigua. Para poneros un ejemplo que conozco: la cofradía más antigua de Segovia data de 1647 (Real Cofradía de la Venerable y Santa Esclavitud del Santo Entierro - Cristo de los Gascones). Es una celebración que no precisa de más elementos que las calles, las imágenes, los procesionarios y los espectadores.
Es innegable que la religión, para bien y para mal, ha tenido un papel muy importante en la historia de nuestro país. Las formas que ha tomado la devoción nos han devuelto festividades como las Fallas, las diversas danzas rituales del país, el Canto de la Sibila, el Misteri d'Elx, El Pilar, El Rocío, los santos patrones de las ciudades, las Hogueras de San Juan, el Carnaval... Ya sean fiestas religiosas cristianas o enraizadas en costumbres anteriores a la llegada del Cristianismo, su valor ritual nos ayuda a comprender la realidad social y religiosa de las gentes que han poblado estas tierras.

Un elemento que me hace acercarme a estas fiestas, por ejemplo, es el hecho de que todo lo que vemos en ellas ha sido levantado, construido, mantenido y cuidado por nuestros antepasados. Trabajando en las iglesitas como guía, me emocionaba pensar las manos que habían levantado aquellos templos, las que habían cosido los paños de pureza, los diezmos que habían sostenido sus tesoros, y las voces que habían rezado entre sus paredes. Despreciar el elemento popular de una manifestación religiosa, a mi parecer, es despreciar el trabajo de las espaldas de nuestros antepasados, sus inteligencias, su fe, su amor y su labor.

Muchas veces la gente rechaza estos edificios y patrimonios porque sienten aversión al estamento de la Iglesia Católica. Cada uno tiene su opinión y es muy respetable criticar lo que nos parece mal... pero de ahí a globalizarlo todo en un único objeto de odio hay un paso de gigante. Y ese paso nos lleva a la infravaloración de patrimonios tangibles e intangibles, su posterior desprecio y su final destrucción. Perder historia por apetencias personales (confundiendo manifestaciones artísticas con actos religiosos lesivos para los no fieles, como se me ha dado entender) es un acto de tiranía, no muy diferente de quemar libros.

La fiesta como diversidad (quesito azul)

Del norte al sur, del este al oeste, la diversidad en manifestaciones de la Semana Santa es digna de admirar. Los tambores de Aragón, el silencio de Castilla, los cantos de Andalucía, los empalaos extremeños, los marineros murcianos, la Ronda leonesa, el encuentro zamorano... quince Semanas Santas de nuestro país son consideradas de Interés Turistico Internacional.
La fe se ha vivido, a lo largo de la historia, de modos diversos en todo el territorio nacional. Sus manifestaciones culturales, por consiguiente, han sido muy diferentes según el lugar de celebración, las culturas que allí poblaban en el momento de la evangelización, la historia posterior del lugar, y la vinculación de sus habitantes con elementos de la tierra (el mar, los lagos, el bosque...).

Esto también nos enseña las múltiples variantes culturales, visiones del mundo y modos de vivir los rituales (religiosos y seglarizados) de las diversas regiones. Nos aleja de la globalización cultural, de la uniformidad, de la estandarización. De los hombres grises, en suma.

La Semana Santa como atractivo (quesito rosa)

Del mismo modo en que existe el turismo gastronómico, cultural, heliotrópico o de Naturaleza, también existe el turismo religioso. Se sea creyente o no, los rituales forman parte (como hemos visto antes) de la historia, la sociedad, el folklore y la orografía. Del mismo modo en que viajamos para ver la Alhambra, o la Seo de Zaragoza, las playas de Mallorca; para comer el lechazo salmantino, beber horchata valenciana, comer adobo andaluz o beber whisky irlandés, hay personas que viajan para contemplar ritos y rituales religiosos. También, entre las personas no religiosas, podría entenderse éste como turismo cultural.
¿Y un historiador del Arte? Estará encantado de contemplar las tallas de los mejores maestros del barroco, e incluso te explicará cómo ese cristo está articulado, cómo no toda la madera servía para estas tallas, la pintura que debía usarse para que aguantaran la intemperie, la estructura de las andas...

[Sobre el término 'Turismo' empleado en este fragmento, repito (creo que por enésima vez) que en el término no hablo ni de hostelería ni de restauración (ni siquiera de souvenirs).]

Y... ¿qué pasa con el quesito verde?

El quesito verde es el correspondiente a 'Ciencia y naturaleza'. Obviamente, la Semana Santa no tiene nada que ver con la naturaleza pero... ¿con la ciencia?
Pero, ¿acaso no son ciencia la Sociología, la Historiografía, la Antropología social y sus estudios etnográficos, la Folklorística, o incluso las Ciencias de la Religión?

Ordenando las estanterías

Con todo este rollo, quisiera concluir a modo de resumen personal sobre mi experiencia y mis opiniones sobre la Semana Santa, que:

- La Semana Santa es una expresión religiosa, la representación de un acontecimiento evangelizado. Merece mi respeto en tanto en cuanto respeto las creencias de los demás.

- La Semana Santa es una expresión histórica. Desde las tallas hasta los rituales internos, pasando por la conexión con los pueblos que forman parte de la historia del lugar, sus condiciones vitales y su visión filosófica del rito.

- La Semana Santa es una expresión social, identitaria, comunitaria y arraigada a la cultura. Más allá de sus dimensiones religiosas, pertenece a un pueblo, y nos habla de nuestra identidad seamos o no religiosos, como pertenecientes a una realidad geográfica, histórica y cultural.

- La Semana Santa es un bien a proteger. Hay gente que lo considera un estorbo, porque ocupa calles y dificulta el movimiento urbano. Como ya dije en una red social, la vía pública se invade en actos culturales y tradicionales (como la Semana Santa) como Fallas, las fiestas de las ciudades, los encierros, las verbenas... o en las manifestaciones, los botellones, las concentraciones, el día del Orgullo Gay, incluso los actos publicitarios. Lo hacen las terrazas de los bares, las excursiones masivas de turistas, las bodas, las reboladas, las ferias del libro, las ferias 'medievales', las medias maratones o vueltas ciclistas, o los grupos de gente que van a una cena de gala. No todos son privados, no todos pagan por celebrarse.

Creo, sinceramente, que una talla relumbrando a la luz de las velas o un monje cantando el miserere, un niño entonando el villancico de San Frutos o una pareja que sale casada de una iglesia no ofenden a nadie, no tratan de adoctrinar a nadie y merecen respeto. Es confundir el culo con las témporas, en mi opinión. Y sí, seguiré admirando la Semana Santa, del mismo modo que no celebraré nunca San Patricio.

Findûriel, que irá a ver al yacente de Gregorio Fernández si no llueve, como todos los años. Y en un futuro espero ver danzar a los derviches, los budas escondidos en las selvas de Birmania, las campanas de los templos shinto o incluso visitar La Meca y Jerusalem.

8 comentarios:

Estelwen Ancálimë dijo...

¡Precioso e inteligentísimo artículo! Me ha gustado mucho, y estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices.
Como sabes, yo sí que soy cristiana y creyente. Sin embrago, comparto contigo un profundo respeto e interés por las demás religiones. Así que yo entienmdo bastante bien tu postura :-)
Estoy profundamente interesada por el judaísmo, como ya sabes, y siento el mismo respesto reverencial por el Dalai Lama que por el Papa. Me encantan todas las manifestaciones religiosas, sean cuales sean, siempre que no impliquen desprecio o falta de respeto pot los demás.

Por cierto, ¿sabes cuál es la manifestación religiosa más curiosa de la que he oido hablar? La niña diosa de Nepal. Mi madre la vio en un viaje que hizo el año antes de nacer yo, y era una de mis historias favoritas durante la infancia. En Katmandú, los sacerdotes de la diosa Taleju escogen a una niña, a la que se llama kumari, la cual se supone que ha sido elegida por la diosa para encarnarse. Es tratada como una divinidad hasta que tiene la primea menstruación; como una diosa no puede sangrar, es signo de que la niña se ha convertido en moratl y la diosa ha abandonado su cuerpo, encarnándose en una nueva niña a la que de nuevo hay que buscar. De hecho, me están entrando ganas de hacer una entrada sobre el tema... ^^

Alt dijo...

En La Meca no te van a dejar entrar.

Besos!

PD: No comento más del tema porque mi opinión viene en siete volúmenes y el último todavía no está revisado. Es broma, sí está revisado. Pero siguen siendo siete volúmenes.

Findûriel dijo...

En La Meca sí, lo que a lo mejor no me dejan es acercarme a la Kaaba.
Mujer, google aguanta tochos. Yo pensé que, como creyente, tu opinión estaría bastante clara...

Estelwen Ancálimë dijo...

¿Cómo no te van a dejar acercarte a la Kaaba? ¿Por mujer, o por no ser musulmana?

Findûriel dijo...

No lo sé, desconozco si no me dejarían acercarme. Si hubiera prohibición, supongo que por no ser musulmana, más que por no ser mujer. Lo he inferido de lo que dice Altáriel.

Alt dijo...

"Debes saber que el acceso a las ciudades de La Meca y de Medina está prohibido a los que no son musulmanes."

de http://www.easyviajar.com/arabia-saudi/practico

En Wikipedia también está, y probablemente una búsqueda en google arroje muchas más referencias, pero a mí me lo ha dicho un jordano. ¿Pero qué os pensáis que es Arabia Saudí?

Y lo que dices de mi opinión... Pues no es como debes de pensarlo tú, está claro.

Alt dijo...

Para ir haciendo una idea de la vida en Arabia Saudí:

http://es.wikipedia.org/wiki/Libertad_religiosa_en_Arabia_Saudita

Las mujeres no pueden conducir, tienen que llevar siempre velo, siguen peleando por poder trabajar, van siempre unos pasos detrás del marido, y no pueden salir solas a la calle. Pueden entrar solas, en cambio, a los supermercados. Si entran a un supermercado con su marido/ padre/ hermano, éste tiene que ir detrás, pero jamás podrá ir solo, porque se piensa que puede ir para ligar (como para tener un soltero que comprar papel higiénico de emergencia allí). Y así un largo etcétera. Y da igual de dónde seas. Si fuera una sueca rubia de ojos azules y piel como la nieve sola por la calle, sin velo o conduciendo, se vería en apuros.

Findûriel dijo...

Lo de la vida de las mujeres de Arabia Saudí lo sabía. No sabía de la prohibición de entrar a la ciudad a los no musulmanes.
De todos modos, sigo diciendo lo mismo. En un futuro, espero poder visitar la Meca (igual que los budas de Birmania, que los visitaré cuando el país deje de estar subyugado por una dictadura militar)