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Posted by Findûriel in , , , , , | 24.5.17 5 comments
Este artículo es una traducción del original, escrito por JPB en la web The One Ring.net el 7 de enero de 2013, y que podéis leer aquí. El artículo me pareció muy interesante aunque hay puntos en los que no comulgo con el autor. He decidido mantenerlo íntegro y no elidir las partes en las que no estoy de acuerdo, porque creo que merece ser leído en su totalidad.

Conclusiones y reflexiones, siempre en un tono cordial, serán bienvenidas en  la sección de comentarios.


A menudo, cuando encontramos un largo debate sobre las películas de El hobbit, alguien pregunta “¿Y qué pasa con los otros libros? ¿Qué pasa con el material de El silmarillion, o los Cuentos perdidos? ¿Se van a adaptar a la gran pantalla?”.

La respuesta a esta pregunta es bien simple. En estos momentos el ejecutor de la licencia de las obras de J.R.R. Tolkien, su hijo Christopher Tolkien, ha rechazado tomar en consideración cualquier licencia sobre la obra de su padre para futuras adaptaciones cinematográficas.
Muchos fans se sienten bastante frustrados por el estado de este asunto. Saben que hay material muy interesante que se puede encontrar en dichas fuentes no autorizadas para adaptar, como por ejemplo la conocida La búsqueda de Erebor. Ese breve texto basta para arrojar luz sobre las motivaciones y decisiones de personajes clave en las películas (para los curiosos, La búsqueda de Erebor puede encontrarse abreviado en los Cuentos inconclusos, y en un formato más completo en la edición revisada de El hobbit anotado, de Douglas Anderson). 
Nada de este material está disponible para el equipo de producción de Peter Jackson. De hecho, deben ser bastante cuidadosos para evitar cualquier referencia a estos textos, pues podrían ser acusados de utilizar material sobre el que no tienen derechos de acceso. Podríamos apuntar al comentario de Gandalf en el guion sobre los nombres de los Magos Azules como un guiño a este ‘conocimiento prohibido’: en la película, Gandalf dice que sus nombres 'escapan a su memoria' (sic), cuando Tolkien conocía la respuesta, y nos la ofrece en los Cuentos inconclusos (Alatar y Pallando).

Los aficionados a las películas quieren ver las mejores películas de El hobbit posibles, y sienten que este material intocable podría haber sido muy valioso para la producción. Incluso desearían ser espectadores algún día de una adaptación a la pantalla grande de todo o parte de El silmarillion. A sus ojos, todo esto podría ocurrir si Christopher Tolkien simplemente cediera y vendiese los derechos.
Por supuesto, nada es dicho y hecho en el mundo de la propiedad intelectual y leyes de copyright. Christopher es el ejecutor literario, y su decisión es la que impera. No tenemos derecho legal a quejarnos.

Como fans, de todas formas, ¡no nos conformamos! Queremos saber si Christopher ha tomado la decisión correcta, queremos saber si la decisión correcta debe ser una sola e inapelable, e incluso queremos dar voz a nuestra opinión sobre si creemos que Christopher tiene el derecho moral de decidir (incluso si, de nuevo recordamos, tiene todo el derecho legal).

Preguntémonos primero: ¿Es Christopher la persona adecuada para decidir el destino del trabajo de su padre? ¿Tomó su padre la decisión correcta nombrándolo ejecutor de sus derechos?



Sin lugar a dudas, la respuesta es sí. Con la posible excepción de Rayner Unwin, quien hizo posible la publicación de The Hobbit, apoyó el trabajo de Tolkien y mantuvo una firme amistad con él hasta su muerte, no ha habido ningún fan mayor de las obras de Tolkien. Conocemos el nombre de su hijo principalmente porque nos ha proporcionado más páginas de trabajo y obras de su padre que nadie. Los fans no tendrían La búsqueda de Erebor o El silmarillion como textos que les gustaría ver en pantalla, para empezar, si no fuera por los esfuerzos de Christopher para conseguir que estos trabajos póstumos fuesen publicados. También gracias a él tenemos los Cuentos inconclusos, autorizó la publicación de las cartas de su padre, nos dio los doce volúmenes de la Historia de la Tierra Media, Los hijos de Húrin, y tantas otras cosas. Es imposible minusvalorar la importancia de las contribuciones de Christopher al mundo de Tolkien. Así que J.R.R. Tolkien claramente eligió al ejecutor literario correcto, no podría haber deseado un senescal mejor para su obra.

Ahora que hemos dejado claro que Christopher es un verdadero fan, ¿podemos confiar en que conociera los deseos de su padre sobre el tema? Al fin y al cabo, muchos hijos no mantienen una relación estrecha con su padre, ¿es el caso de Christopher?



Las cartas de Tolkien nos muestran que padre e hijo mantuvieron una relación muy estrecha a lo largo de su estancia terrenal compartida. Christopher amaba los escritos de su padre. Cuando era niño se sentaba muchas veces con su padre, quien le leía sus escritos. Durante su vida militar, leyó y comentó capítulos de la obra (por entonces en proceso de escritura) El señor de los anillos. Hizo muchas versiones de nuestro amado mapa de la Tierra Media. Podemos ver cómo apreciaba la obra de su padre, y cómo lo apoyaba. Es prácticamente imposible que no sea consciente de si su padre quería o no que sus obras terminaran adaptadas a cine. Christopher podría no estar honrando esos deseos, pero es muy difícil creer que no sepa nada sobre lo que su padre pensaba del tema, o que no fuese tema de conversación cuando estaba vivo.

Lo hemos dejado claro, así que ahora… ¿tenemos alguna prueba independiente de qué es lo que quería su padre que se hiciese con sus obras?

Desafortunadamente no tenemos mucho material disponible que dé respuesta a esta pregunta. En la carta 202 de Cartas, de J.R.R. Tolkien, editado en 1981, Tolkien asevera: “Stanley U[nwin] y yo hemos llegado a un acuerdo acerca de nuestra política: Arte o Dinero contante y sonante. Ambos términos muy provechosos, a decir verdad; o el veto absoluto del autor de rasgos o alteraciones objetables”. Este texto nos muestra un punto de vista equilibrado: ama sus obras, pero es consciente de que son una herramienta que podría derivar en beneficios económicos, y parece dispuesto a usarla. Sin embargo, la carta 207 nos muestra un atisbo de arrepentimiento que podría devenir de esta comercialización: “Siento mucho la extremada tontería e incompetencia de Z[immerman] y su total falta de respeto por el original (…) Pero necesito, y pronto lo necesitaré con urgencia, por cierto, dinero (…) de modo que trataré de contenerme y evitar toda ofensa evitable.”


Ahora mismo nos hallamos en una cierta incertidumbre. Tolkien está dispuesto a permitir que su obra sea filmada, pero quizá sólo consideró hacerlo porque necesitaba desesperadamente dinero. Así que no podemos sacar una conclusión satisfactoria. Nos encontramos de nuevo al principio, aún preguntándonos si Christopher está haciendo lo correcto.

Bueno, veamos por fin lo que él mismo tiene que decir, ¿qué tiene que decir Christopher sobre el mundo de las adaptaciones de Tolkien?




En una entrevista ofrecida a Le Monde el 9 de julio de 2012 (aquí), deja claro su punto de vista sobre el tema. Habló sobre las películas en sí mismas, pero nos parece más acertado para nuestro propósito reflejar una cita general sobre el legado de la comercialización:
“Tolkien se ha convertido en un monstruo, devorado por su propia popularidad y absorbido hacia la absurdez de nuestros tiempos. El abismo entre la belleza y seriedad de su obra, y aquello en lo que se ha convertido, me abruma. La comercialización ha reducido el impacto estético y filosófico de la creación a la nada. Sólo hay una solución para mí: retirar la mirada.”
No tiene pelos en la lengua e, incluso para algunos, muchos de hecho (incluyéndome a mí mismo), fue demasiado lejos con sus palabras. En un intento de hacer un retrato a un solo color, creando una visión consistente, pierde toda su sutileza y, con ella, algo de validez. Nunca habría descubierto el mundo de Tolkien sin que ese monstruo se hubiese cruzado en mi camino en el expositor de una librería durante unas vacaciones. Esta web [refiriéndose a The One Ring.net], que en sus inicios vio la luz como comentarista de las producciones cinematográficas, tiene su espacio para debatir sobre la obra de Tolkien, y ha creado una comunidad para comentar sus obras que no habría existido sin ese monstruo cultural.

Así que, ¿dónde nos deja esto? Después de todo, seguimos como al principio, preguntándonos si Christopher hace lo correcto. Muchos de nosotros quieren más Tolkien en cine. No vamos a tener más, porque Christopher no lo permite, y no estamos seguros de lo que Tolkien mismo hubiera hecho. Christopher tiene todo el derecho legal a no hacerlo, es una decisión legítima, conoce los deseos de su padre mejor que nadie pero ¿podemos y debemos apoyar su decisión?

Sometámonos a un experimento, en cierto modo difícil, para intentar averiguar por qué Christopher podría haber tomado la decisión que ha tomado, y veremos si podemos empatizar con él y, desde allí, apoyarlo. Para hacer esto, sólo podemos atender a sus palabras y acciones; no conocemos sus intenciones. Sus palabras nos muestran que está preocupado porque la cultura popular “ha reducido el impacto estético y filosófico de la creación a la nada”, y sus acciones nos muestran que ha dedicado su vida a publicar la palabra escrita de su padre para el mundo.

Está claro que Christopher piensa que la obra de su padre transmite algo vital. Quiere que experimentemos de primera mano cuán inspiradoras son sus palabras. Creo que, desde su punto de vista y, basándose en su experiencia a lo largo de las décadas, cuanto más filtradas estén sus obras a través de la lente imperfecta de la adaptación, y más masticadas resulten por el molino de la cultura popular, más alejado estará su mensaje de la pureza de su fuente original. Para Christopher es una pena, se ve obligado a “apartar la mirada.” Cuando la gente encuentra a Tolkien sólo a través de las películas, u obras de teatro, o juegos de rol, u otras adaptaciones, se están perdiendo disfrutar del valor genuino de las obras de su padre. Christopher ha dedicado gran parte de su vida a combatir este problema. Citando a Galadriel, “A través de las edades del mundo hemos combatido la larga derrota.” Eso es lo que creo que Christopher está haciendo (combatiendo lo que él ve como la larga derrota) cada vez que tiene ocasión, no sólo publicando tanta obra de su padre como puede, sino previniendo la futura erosión de la palabra escrita de su padre simplemente no dando permiso para futuras adaptaciones. Todo esto es especulativo por mi parte, pero me parece razonable pensarlo.


Al final, no lo sé con certeza, pero sí creo que Christopher simplemente quiere que los demás lean lo que su padre escribió.


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Mantener la mayor parte de lo escrito fuera de los cines significa que, si quieres leer sobre los orígenes de Gandalf, tienes que buscar en las estanterías, no darle al avance rápido del DVD.  Si quieres averiguar quién era Morgoth, y por qué la mayor parte de la Tierra Media se consideraba su Anillo, tendrás que ir a la biblioteca local y hojear los volúmenes de la Historia de la Tierra Media, no pasar al siguiente capítulo en Netflix. Y con ese pequeño esfuerzo, nacido de tu deseo de saber más, te transformarás de simple 'espectador' en alguien que descubre la verdadera felicidad y profundidad de conocimiento del mundo de Tolkien, experiencia que sólo la lectura puede proporcionar. Quizá llegará un día en el futuro cuando Tolkien sea materia regulada en las aulas, pero hoy no es ese día.
Hoy, el que haya algunas partes del mundo de Tolkien más allá del alcance de cualquier adaptación, ayuda a que haya razones para recurrir a la lectura. Christopher ostenta el poder de forzarnos a recurrir a los libros y, aunque me gustaría ver más Tolkien en el cine, puedo empatizar con él. Además, como amo tanto las obras, apoyo su decisión (en gran medida, porque sí creo que La búsqueda de Erebor podría haber sido adaptada). Espero que, después de haber leído todo esto, podáis apoyar su decisión también.


Ambos, película y libro, han causado mucha felicidad. Creo que debemos celebrar la existencia de ambas. Gracias, Peter Jackson, por crear las películas, presentando a tantas personas la obra de Tolkien. Y gracias, Christopher Tolkien, por asegurarte de que tengamos muchas razones para volver a los libros, donde una alegría aún mayor nos aguarda.

– JPB
Posted by Findûriel in | 4.2.11 6 comments
Hace tiempo que vengo observando a cierto tipo de personas, gente que tiene algo que los hace similares. Se niegan a colocar tildes en cada texto que escriben.


Digo yo, no es complicado pulsar la tecla que hay al lado de la eñe de vez en cuando para colocar la comita sobre la letra. Se tarda una irrisoria cantidad de tiempo en hacer, un pequeño instante, menos de medio segundo en pulsar esa tecla... pero parece tan complicado que, venga, vamos a obviarlo y a pasarnos las reglas de la escritura por el arco del triunfo.
He escuchado excusas que sobrepasan lo peregrino, que te hacen preguntarte si esas personas creen que somos tontos. Que si pierdo tiempo de escritura, que si no es tan importante, que si de todos modos se entiende...

Por favor...

Incluso me he topado con cierto tipo de personajillo que tuvo la jeta de entrar en un grupo dedicado al estudio de la lengua y la literatura, y que se pasaba el tiempo escribiendo respuestas con letras capitales. Le preguntamos por su motivo, indicando que acorde a la netiqueta, eso era como estar gritando. Nos dijo que de ese modo no estaba obligado a detenerse a escribir las tildes.
Este personaje, que anunciaba no ser un experto en el tema, ni siquiera un iniciado, se tomaba la libertad de opinar con nosotros sobre temas que se le escapaban de las manos y sobre los que no controlaba el lenguaje especializado, haciendo mofa e incluso insultando a quienes no pensaban como su merced, y le demostraban que sus argumentos eran vanos, insulsos, faltos de base y tendenciosos. Como, por ejemplo, el tema de las tildes. Lo que este personaje desconoce es que, incluso en las letras capitales, hay que colocar tildes.

Ayer estuve pensando en la gente que se niega a mirar lejos, al fondo de los asuntos. La historia de las tildes, por ejemplo. El modo en que nos ayudan a distinguir palabras que se escriben igual, y que nos dan pistas para comprender que esas palabras vienen de diferentes formas primitivas. Perdiendo nuestra escritura, perdemos nuestra historia. La lengua sirve para expresar, nombrar, limitar y tipificar nuestra forma de ver el mundo. No creo que se puedan contar la de guerras, conflictos, discusiones, reconciliaciones, parlamentos y paces que ha provocado, a veces, una sola palabra. Y los siguen provocando: matrimonio, libertad, creencia, respeto, cultura, identidad...
No conozco el motivo por el que hemos decidido dejar de cuidar nuestro lenguaje, librarnos de un plumazo de la necesidad de pensar al escribir y convertir el acto de la literatura en simple inercia. Nos molestan, las tildes. Nos hacen perder tiempo, no tienen uso real, da igual si se te olvidan. Son estorbos que seguro, te apuesto lo que quieras, han impuesto los profesores para jodernos la vida. Si me vas a entender de todos modos. Da lo mismo si las pongo o no, pero ojo, no te relajes, que mi mensaje es profundo, guay, e incluso a veces me las doy de escritor. Aunque se me olviden las tildes. Luego voy a ver si me libro de las haches, de la diferencia entre 'g' y 'j', de las ces y las cus, de los signos de puntuar y hasta de escribir las capitales. Total, para interrogar y exclamar ya uso un signo al final y me olvido del primero...

A lo mejor este descuido voluntario, esta escapada a las reglas que no es nada rebelde sino que expresa vagancia, se debe a que tampoco nos importa tanto lo que escribimos. No le dedicamos unos minutos. Escribimos y punto. Y si a los otros no les gusta, es porque se creen muy listos, o no lo son lo suficiente. Al fin y al cabo, nos tienen envidia, eso lo saben hasta en China. Y si en fanfiction, en el wow, en clase del insti (por los dioses, hasta en la universidad) nos intentan sacar los colores por el hecho de que escribimos con tanta falta de tildes que muchas veces nuestro texto es incomprensible, es porque nos tienen entre ceja y ceja y no nos quieren dejar en paz.

Lo que quisiera saber es si acaso no hemos pensado que la lengua, poderoso ave con las alas desplegadas, ha volado a lo largo de la historia sin tener que posarse nunca, y nos ha brindado los cuentos de los que hoy disfrutamos. Nos ha cantado en nuestra primera noche en la cuna, nos ha guiñado el ojo en la montaña de libros en los que nos sumergimos, compungidos, emocionados, latentes. Nos saluda por la mañana en el tubo de pasta de dientes, y nos despide por la noche en las teclas del despertador. Con ella expresamos enfado, amor, desespero, gracia, optimismo, pesadumbre, ira, tranquilidad. Hemos recibido cartas. Hemos apretado el carboncillo en el parvulario hasta formar una oronda y aceptable vocal para ver la sonrisa de la seño. Hemos escrito dedicatorias en las carpetas de nuestros amigos, mensajes en los celulares, e-mails, estados de facebook, pillidos en twitter. Trabajamos con ella, ella nos arrulla en las canciones de la radio incluso cuando estamos en silencio.

Por favor. Evitad maltratarla, disolverla, privarla de sus cejas y sus acentos, de sus coletillas traviesas sobre las vocales. Dadle jolgorio, hacedle caso y, sobre todo, respetadla.

Es el instrumento que nos acompaña de la cuna a la tumba, toda nuestra vida. Incluso cuando estamos solos. Tomad un milisegundo para escribir una tilde.

Findûriel

PD: creo que no he podido engañaros. Este texto no tiene una sola falta. Y no, tampoco tiene una sola tilde.
Posted by Findûriel in , | 16.2.09 8 comments
Por fin he llegado a la meta. Por fin completé mis estudios, después de años de sufrir por una maldita asignatura.

Al fin puedo decir con todas las letras que soy Licenciada en Filología Inglesa, Especialista en Literatura de las Islas Británicas.

La noticia, de boca de flordesombra por teléfono. La llantina, inmediata.

Y sin embargo, han sido más ajenos los que se han alegrado que propios. Los más allegados se han contentado con un 'enhorabuena' y tira para alante que se hace tarde. Exceptuando a mi querida y sacrificada Mo, a Simaril, mi querida prima del alma, que me ha tenido colgadita al teléfono, y también a Nightmary, mi best friend, que se ha puesto exultante (antes de reclamarme que le tenía que invitar a algo XD)... aquellos de los que esperaba un achuchón, unas palabras de ánimo, un viso de orgullo... nada de nada.

En fin, pasa como pasa siempre. Que una lo deja y se olvida, y le resta importancia. Pero no puedo olvidar que este es un día crucial en mi vida... ¡Licenciada en Filología Inglesa! El sueño de mi vida, hecho realidad. No habrá para mí viaje de fin de carrera, ni cena por todo lo alto, ni orla (me negué) y ya tuve ceremonia de graduación, a la que amablemente se acercaron mis amigos de Madrid para compartirla conmigo. Pero estaba incompleta.

Sé que quien más orgullo debe sentir soy yo... pero no sé, como que se me ha castrado la celebración. Y he vuelto a la rutina como si no hubiese pasado nada, cuando deberían estar recordándome cuán grande es este triunfo, como lo hizo mi prima, aquellos con quien comparto pan, aire, espacio, vida o corazón.

En fin, me voy a la camita. Mañana Eru dirá.

Y pongo Blur, en recuerdo de los momentos de solaz con Elena en los jardines de la facultad, tratando de pillar british accent.



Findûs, carrera larga sin corona de laureles.
Posted by Findûriel in , , , | 22.1.09 2 comments
Me entero hoy por boca de flordesombra, mientras disfrutaba nerviosa y feliz de uno de los legendarios desayunos de la facultad de filología, de que ha muerto uno de los mejores profesores que he conocido en mi vida.
Me he puesto a llorar como una descosida, y ella también. Es que fue muy grande. Un amante de mi gran amor, la Literatura, un amante fiel, sencillo pero profundo, culto pero principiante, con el titubeo que da enfrentarse a los versos cada día, aunque sean versos conocidos.

Jose Luis Palomares Arribas era un hombre tranquilo. En lo profundo de su voz poderosa yacía un incansable aventurero, pero también en sus ojos chispeantes se asomaba un niño curioso. Como cada vez que sonreía. Fuera cual fuese la edad que tenía, su sonrisa siempre era la de un chiquillo.


Llegaba a clase, daba los buenos días con respeto. Todos sacábamos nuestras toneladas de poesía, nuestros líos de apuntes, y nos preparábamos para la tormenta. Y el crepitar de su cuaderno nos daba la salida.
Cosa curiosa, nunca usó fotocopias ni folios para sus teorías y estudios. Siempre un cuaderno ajado, garabateado, lleno de notas e ideas que nos lanzaba, y que nosotros procurábamos atrapar para hacerlas nuestras, rumiarlas, digerirlas, asimilarlas, sentirlas al ritmo de sus palabras.
Luego nos mandaba leer. Uno a uno, párrafo a párrafo, verso a verso. Mientras nosotros leíamos, él seguía el ritmo de la lectura con los labios, una muda prédica de la poesía. Y después llegaba la traducción, donde nos dejaba expresarnos, alentando las ideas osadas, frenando aquellas que quizá se iban demasiado lejos. Se sacaba las gafas, mordía una patilla.

Nos comentaba los tres yoes de Blake como un gurú de lo desconocido. Nos impulsaba a través de mares bravos y góticos pasadizos, yendo a nuestro frente con un farol de sabiduría, pero dejando que fuéramos nosotros los que abriéramos las puertas. Era importante que tal escritor comiera comida precocinada, pues en sus versos se olía el plástico y el calor artificial. Ese otro no gustaba de ver la luz del día, por eso los colores de su ruiseñor eran chillones y extraños. Ah, ahí tenemos a Stanley entrando por la puerta, llega el machote. Risas generalizadas, ojos de atención plena, mientras elaboraba hermosas filigranas con las patillas de sus gafas al aire.

Yo siempre lo recordaré, siempre, porque se esconde tras cada verso de aquellos mundos fantásticos o realistas que nos descubría. Se esconde también tras notas de Beatles y Rolling Stones, tras las piedras de Kerouac, y tras la voz titubeante de Ginsberg. Se esconde detrás de Urizen, en las páginas de crítica de Wilde, en el bosque sagrado de T.S. Eliot.

Y después de recordar mil y una historias, nos hemos puesto a reír entre las lágrimas.

Así se habrá ido, con una pequeña reverencia y tarareando entre dientes Lucy in the Sky with Diamonds, apretando contra su costado uno de sus cuadernos locos, mientras el aire se llena de colores y sonidos de tambor, y de guitarra, y de fanfarrias, y de rock&roll.

Y nosotros nos quedamos un poco más solos.


Sí, esa canción de nuevo. Para él.

(pequeña biografía aquí)
Posted by Findûriel in , , | 30.12.07 3 comments
Cavilando sobre los diferentes belenes que componen la tradicional ruta de Segovia, me he topado con las figuras en movimiento de la tienda de marcos Salcedo. Son bastante peculiares, sobre todo la partida de tute en la que uno de los jugadores echa y levanta sin cesar la diminuta sota de copas.

El año pasado alguien arrancó una señal de prohibido el paso de la calle contigua y rompió el escaparate, en un gesto de cobarde vandalismo. Bromeando sobre aquellas figuras, que por suerte no sufrieron daño, he recordado que aquel jugador imparable estaba haciendo renuncio.

Hacer renuncio es, ni más ni menos, echar una carta a la jugada y reservarse otra que debería ir en su lugar contraviniendo las reglas. El pastor estaba fallando una tirada de pintas (oros) sacrificando la sota de copas... mientras se guardaba en la mano una carta de oros que legalmente debía haber echado (y perdido).

El recuerdo de esas palabras también me ha traido a la mente otras expresiones que usábamos de pequeños, o que aún usamos a la hora de jugar... ah, los juegos...

Además del consabido renuncio, de pequeños también teníamos el Arrenuncio, que se usaba para delatar a algún tramposo, normalmente a grandes voces. Si alguien se saltaba las reglas, se lo señalaba y se gritaba '¡arrenuncio!' con toda la fuerza de los pulmones. Después vendrían las disquisiciones, prebendas, el nosotros no jugamos así y el ya no te ajunto.

Curiosa palabra el ajunto... creo que ajuntar se usa en toda la geografía. Como yo no le ajunto, no lo ajuntes. Y así se solían hacer los grupos en el cole. Etimológicamente seguro que tiene que ver con 'adjuntar', 'juntar', 'adyacer' y todas esas raíces que denotan proximidad.

Cuando en un juego alguien cometía trampas a veces sin quererlo, también podría gritarse con menos mala baba y más juego limpio aquello de '¡Ha roto la olla!', expresión utilizada sobre todo en juegos de reglas complicadas como el rescate, el San Juan o el Bate.

Una de las expresiones más usadas por mis hermanos era el famosísimo Pastopas. No es el nombre de ningún ogro devorainfantes, como parecen resonar sus ecos. El pastopas se gritaba cuando, en un juego de gua (bolas) o de chapas alguien golpeaba con el pie o la mano (queriendo o sin querer) la bola o chapa, haciendo que la tirada no sea como deseaba el tirador. Normalmente se aducía que el pastopas era como pedir falta en el fútbol profesional, algunas veces se hacía para despistar o para intentar repetir una tirada floja. Entonces concurrían de nuevo las disquisiciones, rebatos y ajuntos.

Cuando las bolas se quedaban demasiado juntas, impidiendo que los jugadores operasen con ellas en el juego del gua, se decía que era Choco, y se anulaba la partida. También el gua vive el fenómeno de jugar al tragón, que consistía en lanzar desde arriba hasta el agujero (el llamado gua, del que recibía el nombre el juego) cual jugadores de baloncesto con bolones de hierro, procurando que la bola no se saliese al rebotar en el fondo del hoyo. Juegos sin duda ecológicos, tras los que uno acababa con los dedos morados, pero más contento que unas pascuas, haciendo amigos y usando simplemente unos rodamientos de acero.
Glorioso el gua que había debajo de mi casa, desde aquí un recuerdo. Ahora hay un jardincillo, y no queda ni rastro del arenal en cuyo agujero a veces cabía el brazo hasta el codo.

Pero sin duda la palabra que más cautiva nuestros ánimos filológicos con el candor de la infancia sea Fuliminado. Este híbrido, a caballo entre compuesto y blending entre 'fulminado' y 'eliminado', golpeaba como un rayo y minaba la moral del objetivo, que debía abandonar el juego. Aún me fascina cómo esta palabra ha pasado de generación en generación resistiéndose a ser encorsetada por gramática o diccionario alguno, perviviendo en los niños ociosos del ayer y el hoy.

Findûriel, que bailaba el peón a manitas, nunca a picón, porque no quería que se lo cacharan. Que para algo se lo pintaba de acuarelas, caray... Aunque como el mío era una peona de punta garbanzo, tampoco podía usar la lanza...
Posted by Findûriel in , , | 9.8.07 2 comments
"Alguien se rió. Era la clase de risa...

En términos generales, era p'ch'zarni'chiwkow. Esta palabra mahacagargantas se utilizaba muy raramente en el Disco, a no ser que lo hicieran lingüistas de exhibición muy bien pagados, excepto por supuesto en la tribu de los K'turni, quienes la habían inventado. No tenía ningún sinónimo, aunque la palabra cumjuli squernt ("lo que se siente al descubrir que el anterior ocupante del retrete ha usado todo el papel") proporciona una idea general de su significado. La traducción más aproximada es la siguiente:

el ruidito desagradable de una espada al ser desenvainada justo detrás de ti cuando pensabas que ya habías terminado con todos tus enemigos.

... aunque los k'turniparlantes aseguran que no recoge todo el sentido de sudor frío, corazón detenido y entrañas enroscadas del original.

Era esa clase de risa."

Terry Pratchett, Ritos Iguales. ¡Quiero una camiseta con la palabra squernt!
Posted by Findûriel in , | 12.5.07 7 comments
Me encanta recopilar textos que hablan de los verdaderos nombres de las cosas... Aquí van algunos que seguro reconocéis...

Julieta: - ¡Solo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres el mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro tu nombre! ¿Qué hay en tu nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora ¡Romeo, rechaza tu nombre; y, a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mí toda entera!
Romeo: -Te cojo la palabra. Llámame sólo "amor mío", y seré nuevamente bautizado ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!

- Hm, no está mal - dijo Bárbol -. Podemos hacerlo. Así que habitáis en agujeros, ¿eh? Parece muy bien y adecuado. ¿Quién os llama hobbits, de todos modos? No parece una palabra élfica. Los elfos crearon todas las palabras antiguas; ellos empezaron.
- Nadie nos llama hobbits. Nosotros nos llamamos así a nosotros mismos - dijo Pippin.
- Hm, hm. Un momento. No tan deprisa. ¿Os llamáis hobbits a vosotros mismos? Pero no tenéis que decírselo a cualquiera. Pronto estaréis divulgando vuestros verdaderos nombres si no tenéis cuidado.
- Eso no nos preocupa ― dijo Merry ―. En verdad yo soy un Brandigamo, Meriadoc
Brandigamo, aunque casi todos me llaman Merry.
― Y yo soy Peregrin Tuk, pero generalmente me llaman Pippin, o aun Pip.
― Hm, sois realmente gente apresurada ― dijo Bárbol ―. Vuestra confianza me honra, pero no tenéis que ser tan francos al principio (...) En cuanto a mí, no os diré cómo me llamo, no por ahora, al menos. (...) Ante todo me llevaría mucho tiempo; mi nombre crece constantemente; de modo que mi nombre es como una historia. Los nombres verdaderos os cuentan la historia de quienes los llevan, en mi lenguaje, el viejo éntico, como podría decirse. Es un lenguaje encantador, pero lleva mucho tiempo decir algo en él, pues nunca decimos nada, excepto cuando merece la pena pasar mucho tiempo hablando y escuchando.


― ¿Puedo preguntarte una cosa más? ― dijo Atreyu, reanudando la conversación. Ella asintió sonriendo ― ¿Por qué sólo puedes curarte si recibes un nuevo nombre?
― Sólo su verdadero nombre hace reales a todos los seres y todas las cosas ― dijo ella ― Un nombre falso lo convierte todo en irreal. Eso es lo que hace la mentira.

― Quizá el salvador no sepa el nombre que debe darte.
― Sí que lo sabe ― respondió ella.
Los dos se quedaron otra vez silenciosos.

― Todo apunta ― prosiguió el orador, cuando los murmullos se hubieron acallado ― a que la niña Momo ha sido ayudada a escapar de nuestra detención. Todos saben de quién estoy hablando. Se trata de aquel maestro Hora.
Al oír este nombre, la mayor parte de los hombres grises se encogió como si los hubiesen pegado, otros se levantaron y empezaron a gritar, a la vez, como energúmenos.
― ¡Por favor, señores! ― gritó el cuarto orador con los brazos extendidos ―. Les ruego encarecidamente que se dominen. Sé perfectamente, como todos ustedes, que la mención de ese nombre no es del todo decente. Yo mismo he tenido que vencerme, pero tenemos que ver las cosas con claridad. Si aquel... 'Alguien' ayudó a Momo, tendrá sus razones.

Digan mi nombre una, dos, tres veces... ¡Llámenme ahora! Haré lo que quieran... ¡Me comeré un perro! ¡Auuuuuuuuuuuuu!

— Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no sepas su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...
— ¿Quién?
— Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.
— ¿Por qué no?
— Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...

Hagrid tragó, pero no le salía la voz.
— ¿Quiere escribirlo? — sugirió Harry.
— No... no sé cómo se escribe. Está bien... Voldemort. —Hagrid se estremeció—. No me lo hagas repetir.


Del mismo modo, siempre terminamos hablando con nuestros amigos de por qué nos llamamos como nos llamamos, o incluso, qué significa nuestro nombre...
Findûriel. Parafraseando al ex-profesor de Níniel: "Si tienes un nick, es que juegas al rol"
Posted by Findûriel in | 7.5.07 5 comments
Bueno, es una pregunta que muchas veces te haces al estudiar un idioma en profundidad... ¿Cuál es tu palabra favorita? Por cierto, la RAE estaba haciendo una encuesta sobre la palabra más hermosa del castellano, y hace poco ganaba amor. A mí no me parece una palabra hermosa en absoluto, es una palabra del montón. Una cosa es que el significado te guste, y otra que el significante lo represente adecuadamente.

En inglés me pasa más o menos lo mismo que a cualquiera cuando le preguntan cuál es su palabra favorita en castellano. Sólo que hay una, entre todas las que se aprietan en las páginas del Cobuild, que me encandila, me hechiza. Y esa palabra es FAIR.

La palabra fair tiene numerosos y variados significados, aunque muchos de ellos apuntan a la idea de armonía, justicia, igualdad, decencia, claridad expositiva...

También como adjetivo, la palabra fair define una hermosura sutil, un encanto mágico, una pureza en rasgos que deja traslucir la belleza de espíritu.

Quizá sea la conjunción de estos factores la que haga de la palabra fair un ensueño de glorias, orgullos y honores del modo más caballeresco que se pueda imaginar; aunque también la haga depositaria de magia, encanto, idílico semblante e ideas fantásticas.


Allá va su etimología...

Inglés Antiguo fæger "hermoso, placentero," del Germánico Antiguo *fagraz (comparar con Nor.Ant. fagr, Alto Alem.Ant. fagar "bello," Got. fagrs "encajar"), del Indoeuropeo *fag-. El significado en lo que a tiempo meteorológico se refiere (c.1205) mantiene el sentido original (opuesto a foul). Sentido de "Luz compleja"(1551) que refleja los gustos en belleza; sentido de "libre de prejuicios" (c.1340) evolución de otro significado primitivo "moralmente puro, inmaculado" (c.1175). Los significados deportivos (fair ball, fair catch etc.) comenzaron en 1856. Fair play (juego limpio) es de 1595; fair and square (alto y claro) es de 1604. Fair-haired en el sentido figurado de "mimado, favorito" se usa desde 1909. Fairly en el sentido de "bastante" se usa desde 1805, antiguamente significaba "totalmente." Fairway (1584) originalmente significaba "canal navegable de un río;" el significado en el mundo del golf es de 1910. El primer registro de fair-weather friends es de 1736...


Bueno, para rematar, un par de versos con fair en las entrañas...

From helm to sea they saw him leap, as arrow from the string,
And dive into the water deep, as mew upon the wing.
The wind was in his flowing hair, the foam about him shone;
Afar they saw him strong and fair, go riding like a swan.
But from the West has come no word, and on the Hither Shore
No tidings Elven-folk have heard of Amroth nevermore...

(J.R.R. Tolkien, Lay of Nimrodel)

Y vosotros... ¿tenéis alguna palabra favorita? (algún día os hablaré de BanAna)

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