lunes, 19 de marzo de 2007

Narciso del Parnaso

Toca de nuevo una de mis estrellas fugaces. Hace años que colecciono efemérides (como todas mis colecciones: no ocupa lugar, es inagotable y, lo más importante, completamente inútil). En una de ellas leo hoy: Ha estallado la Revolución. Delahaye y Rimbaud vociferan por las calles: "¡Hemos vencido al orden!" La madre de Rimbaud, desesperada, se avergüenza de que su hijo se niegue a trabajar. (1871)

No es labor del día de hoy hablar de Rimbaud, ya lo haré en fechas más propicias. Me hace gracia que, al contrario que otros escritores (por ejemplo Tolkien) que estudiaban con orgullo y presunción el significado de sus apellidos, Rimbaud se enorgullecía de que el suyo significase "maleante, bellaco" e incluso "negro".

Del mismo modo que me hizo gracia aquello de que Mathilde le preguntara asqueada a Verlaine "¿Por qué Rimbaud tiene piojos?" "Ah, si..." contestó éste, sonriendo "los utiliza para arrojárselos a los curas por la calle"

Bueno, esta estrella fugaz es para mi poema favorito de Rimbaud, llamado "Venus Anadiomena". Representa todo lo que para mí significa rebelión contra las formas establecidas, contra los cánones, y el gozo que se experimenta en lo macabro. El original en francés es aún más hermoso.

Como de un ataúd de hojadelata verde,
emerge una cabeza de cabellos pringosos
y oscuros de mujer de una bañera vieja,
brutal y lentamente, con déficit bastante
malremendados; luego, el cuello graso
y gris, las paletillas que resaltan,
la corta espalda que entra y luego sale;
la redondez del lomo parece tomar vuelo;
y aparece la grasa bajo la piel a lonchas;
el espinazo está rojizo, y todo da un olor
extrañamente horrible; saltan a la vista
singularidades que hay que ver con lupa...
Aparecen grabadas dos palabras
en los riñones: Clara Venus;
(Y se remueve el cuerpo mientras se alza la grupa
horriblemente bella, ulcerada en el ano.)