domingo, 11 de marzo de 2007

Pólogo al epílogo

Nada me emociona más en estos últimos días que las palabras de Hatsu en su "Diario de Ayeres":

"Y sin ti recomenzo este cuaderno. Hace un momento había calor en tu seno cerca del mío, y ahora ya has marchado a tu lugar, lejos del mío, donde tus ojos descubrirán nuevas bellezas (lejos de los míos) y tus pies hollarán nuevas sendas (más allá de mis límites)
La enfermedad me consume, y yo busco mi esencia en su lecho. Haces débil tu cuerpo, cubres de espasmos lo bello y anegas en náusea lo nutritivo.
Comienzo un diario maldito, condenado a morir desde su nacimiento, como todas las cosas hermosas, como todas las cosas horribles. Recibe sin derecho a réplica mis palabras sucias, mis suspiros con mácula, mis polvorientas obscenidades. Y tú lo leerás, callado y sumido en luz que parpadea, donde yo no pueda alcanzarte, donde tú no puedas replicar.
Devorarás mil palabras salidas de mis dientes rotos, paridas por mi lengua temblorosa y mi aliento mortal. Hechas en tinta, pervertidas en pantalla.
Y nacerán estrellas rojas como atardeceres, engullendo mundos, robando suspiros a amantes perfectos".

Esta es la primera entrada de este pequeño blog. Blanco es ahora, sucio queda tras las hermosas palabras de Hatsu. Ojalá yo pudiera decir las cosas como ella lo hace, pero si fuera así, quizá no estaría hoy aquí. Ella ya no está.
Buenas noches, nadanautas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ole Monigliani.
Eres increible y apasionante hace q una q no cree, q no ve sea capaz de creer, de ver; me apasionas ,de verdad, admiro tu capacidad de crear a vase de palabras un sentido y sentimiento.
no cambies

INÉS