martes, 23 de octubre de 2007

Bárbara de Braganza, una de mis reinas favoritas


Efectivamente, Doña Bárbara era muy culta, y además del portugués, hablaba, escribía y traducía perfectamente el español, el francés, el alemán, el italiano y el latín, teniendo una especial disposición para componer música, y dándosele magníficamente el bordado.

Pocos sospechaban que aquella dama tan notablemente fea, que se había convertido en esposa de Don Fernando, tuviera unas virtudes que suplían con creces su total carencia de encantos físicos. El Príncipe no había conocido a su madre, y su madrastra (Isabel de Farnesio) no hizo sino demostrarle toda su vida el más absoluto desdén y una mal disimulada hostilidad, por lo que había llegado a los quince años sin conocer lo que era el cariño de una mujer. Doña Bárbara vuelca desde el primer instante en él toda su gran capacidad amorosa, y los autores coinciden en afirmar que difícilmente puede encontrarse una pareja principesca tan estrechamente unida, y en todo compenetrada, como la que ofrecieron Don Fernando y Doña Bárbara. Una sola nube ensombrece la vida matrimonial: el tener que convencerse a medida que va transcurriendo el tiempo de que no lograrán tener hijos. La causa parece que es imputable al príncipe, pues el médico Le Mack dejó escrito que

Aun cuando existen en Fernando VI los síntomas y movimientos necesarios para dar satisfacción a una mujer, carece de algo muy esencial; de modo que hay en él muchos resplandores, pero sin llamas capaces para la generación.

Dicho con menos eufemismo: Don Fernando era capaz para la erección del miembro viril pero no para la eyaculación, lo que causaba al pobre una gran contrariedad, haciéndole sufrir.

Isabel de Farnesio no tarda en percatarse de este contratiempo; un corazón algo más noble que el de ella habría disimulado el contento que esto le producía, advirtiendo que aquella circunstancia colmaría tarde o temprano el anhelo de que algún descendiente suyo heredara el trono de España; pero la Reina no se toma la molestia de disimular, y zahiere constantemente a su nuera, evidenciando de día en día el desprecio que sentía hacia Fernando.

Doña Bárbara pasa el tiempo bordando, componiendo melodías que interpreta luego en sus habitaciones un cuarteto de cuerda al que la propia Princesa acompaña a veces en el clavecín. Otra de sus aficiones era imprimir libros, y en palacio funcionaba una pequeña imprenta.
'Paz con todos y guerra con nadie', este es el lema de los dos.

Del carácter piadoso de ambos y de su vida honestísima puede desprenderse la suposición de que la suya fue una corte muy aburrida; todo lo contrario; el amor recíproco de los soberanos era tan evidente que trascendía el trato de quienes los rodeaban, haciéndoles la vida sumamente agradable (...)

(Fernando González-Doria, Las reinas de España)

1 comentario:

keleb-dûr dijo...

Oye qué bonito!!!!

y qué poco sé de la Historia de España ¬¬