Posted by Findûriel in , , | 30.12.07 3 comments
Cavilando sobre los diferentes belenes que componen la tradicional ruta de Segovia, me he topado con las figuras en movimiento de la tienda de marcos Salcedo. Son bastante peculiares, sobre todo la partida de tute en la que uno de los jugadores echa y levanta sin cesar la diminuta sota de copas.

El año pasado alguien arrancó una señal de prohibido el paso de la calle contigua y rompió el escaparate, en un gesto de cobarde vandalismo. Bromeando sobre aquellas figuras, que por suerte no sufrieron daño, he recordado que aquel jugador imparable estaba haciendo renuncio.

Hacer renuncio es, ni más ni menos, echar una carta a la jugada y reservarse otra que debería ir en su lugar contraviniendo las reglas. El pastor estaba fallando una tirada de pintas (oros) sacrificando la sota de copas... mientras se guardaba en la mano una carta de oros que legalmente debía haber echado (y perdido).

El recuerdo de esas palabras también me ha traido a la mente otras expresiones que usábamos de pequeños, o que aún usamos a la hora de jugar... ah, los juegos...

Además del consabido renuncio, de pequeños también teníamos el Arrenuncio, que se usaba para delatar a algún tramposo, normalmente a grandes voces. Si alguien se saltaba las reglas, se lo señalaba y se gritaba '¡arrenuncio!' con toda la fuerza de los pulmones. Después vendrían las disquisiciones, prebendas, el nosotros no jugamos así y el ya no te ajunto.

Curiosa palabra el ajunto... creo que ajuntar se usa en toda la geografía. Como yo no le ajunto, no lo ajuntes. Y así se solían hacer los grupos en el cole. Etimológicamente seguro que tiene que ver con 'adjuntar', 'juntar', 'adyacer' y todas esas raíces que denotan proximidad.

Cuando en un juego alguien cometía trampas a veces sin quererlo, también podría gritarse con menos mala baba y más juego limpio aquello de '¡Ha roto la olla!', expresión utilizada sobre todo en juegos de reglas complicadas como el rescate, el San Juan o el Bate.

Una de las expresiones más usadas por mis hermanos era el famosísimo Pastopas. No es el nombre de ningún ogro devorainfantes, como parecen resonar sus ecos. El pastopas se gritaba cuando, en un juego de gua (bolas) o de chapas alguien golpeaba con el pie o la mano (queriendo o sin querer) la bola o chapa, haciendo que la tirada no sea como deseaba el tirador. Normalmente se aducía que el pastopas era como pedir falta en el fútbol profesional, algunas veces se hacía para despistar o para intentar repetir una tirada floja. Entonces concurrían de nuevo las disquisiciones, rebatos y ajuntos.

Cuando las bolas se quedaban demasiado juntas, impidiendo que los jugadores operasen con ellas en el juego del gua, se decía que era Choco, y se anulaba la partida. También el gua vive el fenómeno de jugar al tragón, que consistía en lanzar desde arriba hasta el agujero (el llamado gua, del que recibía el nombre el juego) cual jugadores de baloncesto con bolones de hierro, procurando que la bola no se saliese al rebotar en el fondo del hoyo. Juegos sin duda ecológicos, tras los que uno acababa con los dedos morados, pero más contento que unas pascuas, haciendo amigos y usando simplemente unos rodamientos de acero.
Glorioso el gua que había debajo de mi casa, desde aquí un recuerdo. Ahora hay un jardincillo, y no queda ni rastro del arenal en cuyo agujero a veces cabía el brazo hasta el codo.

Pero sin duda la palabra que más cautiva nuestros ánimos filológicos con el candor de la infancia sea Fuliminado. Este híbrido, a caballo entre compuesto y blending entre 'fulminado' y 'eliminado', golpeaba como un rayo y minaba la moral del objetivo, que debía abandonar el juego. Aún me fascina cómo esta palabra ha pasado de generación en generación resistiéndose a ser encorsetada por gramática o diccionario alguno, perviviendo en los niños ociosos del ayer y el hoy.

Findûriel, que bailaba el peón a manitas, nunca a picón, porque no quería que se lo cacharan. Que para algo se lo pintaba de acuarelas, caray... Aunque como el mío era una peona de punta garbanzo, tampoco podía usar la lanza...

3 comentarios:

Marta dijo...

Leyéndote, además de haberme retrotraído gratamente a la infancia, me he dado cuenta de diferencias sutiles entre las "dos castillas"... aunque nosotros también jugábamos al gua, no lo hacíamos con bolas sino con canicas, creo que nunca dije eso de pastopas ;)

Un besote

Selerkála dijo...

Jo, que recuerdos...
Aquí coincidimos en lo del Gua, y sobre todo en el "ajunto"...¡Anda que no se habrá oído veces eso en las calles de mi pueblo! "¡Ya no t'ajunto!" Eso si, mientras se decía habia que cruzarse de brazos y poner cara de "enfurruñado", que siempre hacía más efecto, ¡Jajajajaja!

Feliz 2008 de antemano para todos ;P

Besos!!

Cebadilla dijo...

Ajunto... me encanta esa palabra. La he dicho toda mi vida, y la sigo usando y siempre la diré, hehe

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