viernes, 11 de enero de 2008

Inflamarae

Puede que sea el viento que casi me arranca de la acera esta mañana. Puede que sea el frío que se me ha instalado en los tobillos. Pero ahora siento el calor más dentro y más cerca que nunca.

Me sorprendí agradeciendo los pillidos de los arrendajos. Creí por un momento que estaba hecha de ceniza, que era una pavesa flotando lejos y arriba por el calor de las brasas. Pensé que aquella lluvia permearía en mis manos de lana y olores, y me traspasaría como si estuviese hecha de espuma.

Me arremoliné en la sala de espera con el resto de enfermos, pero no me puso nerviosa el tiempo que me hicieron aguardar. Sólo con cerrar los ojos estaba a muchos kilómetros de mi guarida, en un mundo en blanco al que aún no sé ponerle colores, olores, latidos, sonidos. Pero sí calor. Sí tacto, sí aliento, sí sabor.

Los afluentes con paciencia se unen a mi corriente primigenia. Cuando no era más que hielo fundido, creía que nunca llegaría a los meandros. Después me precipité, primero en chorrancas, después en cascadas, que me voltearon el estómago y me hicieron ligera y leve por un instante. Y aunque ahora la corriente se remanse y dé curvas, las gotas no se olvidan de aquellos rápidos.

Pronto llegaré al mar.

Pronto.

Quiero su mordisco de sal en mis heridas. Quiero disolverme, salarme, zambullirme en sus profundidades y deslizarme en su superficie. Quiero nadar mientras se me deshace la piel, la piel de agua, de hielo, de pavesas.

Pronto.

2 comentarios:

Narquelië dijo...

un texto precioso ¿lo has escrito tú?

Altáriel dijo...

Wooooooooooooooooooooooooo...


:O:O:O:O:O:O:O:O