sábado, 24 de abril de 2010

¿Por qué estamos aquí?

Escribí este mini relato ayer en un ratito, entre cliente y cliente, para enviárselo a un amigo que está de mereth. Terminó siendo leído, como yo deseaba, por otro gran amigo.

Espero que os guste, y que os diga alguna cosa.

(nota: no tiene mayúsculas aposta)

¿por qué estamos aquí?

sí, claro, nos lo encontramos sin querer. vinimos por casualidad. o no, quizá lo buscamos, quizá estuvimos mirando si había algo que nos valiera.
a lo mejor alguien nos habló de este sitio antes, y nos picó la curiosidad.

y entonces entramos, y todo estaba lleno de luz, de colores, de risas, de cantos y de manjares. ah, sobre todo de manjares.

nos pusimos morados. literalmente. no, más bien literariamente, eso, literariamente. comimos primero a pellizquitos, degustando un poco de aquí y otro poco de allá. algunos de los alimentos nos hicieron grandes, otros nos encogieron hasta que los demás parecían templos, panteones, rascacielos.
más tarde comenzamos a engullir, y a la vez también tratábamos de compensar el banquete. dejábamos caer una galleta en la fuente de ponche, o poníamos un pan a calentar en el horno. se nos ocurrió hacer una tarta para ponerla en el expositor y que todos pudieran probarla. también creamos mezclas, maridajes, experimentos.

un rato después comenzamos a sentirnos llenos. y nos movimos con más lentitud, disfrutando quizá con más deleite de cada bocado. buscando su aroma antes de paladearlo, recreándonos en los matices de su textura y en lo delicado de su presentación.
pero aunque nos guste tanto el banquete, de repente las cosas nos dejan de saber tan buenas. quizá porque esa tarta tiene forma de nenúfar, y te recuerda a aquella vez que casi te ahogas siendo un crío. o quizá porque antes de acercarte a la bandeja de queso has reconocido a un personaje que en el pasado habló a hurtadillas de tus crèpes suzette como un refrito de otra receta.

y empiezas a dejar de comer.

la sala de banquetes hoy parece vacía cuando empujas la puerta. tampoco puedes encontrar la luz. pero tienes hambre, así que buscas a tientas y pruebas algo. la delicia te inunda la lengua, y sabes que es exactamente lo que necesitabas. calienta y refresca, enerva y alivia. fantástico.

echabas tanto de menos estos manjares que aun a oscuras te saben a gloria. saliste de esta habitación buscando otras salas, y te atrapó el trabajo, la familia, la devoción, los mundos paralelos, el cansancio, la enfermedad, o quizá los nenúfares y tus crèpes. pero saboreando, degustando, paladeando, se te viene encima la nostalgia, y te brota una tímida lágrima en el borde del párpado.

y alguien trae una vela. y otra persona un candil. y encuentras más gente comiendo en lo oscuro, sin un susurro, sin un suspiro, y todos con la emoción temblando en el lacrimal. y de nuevo vuelve la luz, quizá más tímida y menos brillante de como la recordabas al entrar por vez primera, pero la luz de un hogar, y del conocimiento del que tenías tanto hambre en tu mundo de ruedas. por él te dejaste llevar por los pasillos, de vuelta. él te trajo de nuevo al gran salón.

te miras las manos. ya casi no queda nada de la preciosa tarta de nenúfar que estabas comiendo, a tientas, en lo oscuro. y te das cuenta, con tristeza, de que la comida siempre ha sido igual, la luz siempre ha sido la misma. y ahora no sabes por qué te marchaste.

bienvenido de vuelta a casa. las mesas están repletas.


El banquete de bodas, de Tintoretto

2 comentarios:

Elessar dijo...

Me dice unas cuantas cosas...

Por cierto, mientras voy aprendiendo como hacer que mis actualizaciones de blog las avise el facebook, te aviso que desde ayer tienes una dedicatoria en el mío ;)

Un besote

Elessar dijo...

Como llevo intentando comentarte días (a ver si el arreglo funciona xD), el texto me dice bastantes cosas y genera bastantes pensamientos.

Pero me los reservo para cuando te vea, espero que sea más pronto que tarde ^^