lunes, 19 de septiembre de 2011

Pulling teeth

El ritmo que llevo no es normal. En un mes, me van a hacer más de una docena de procesos dentales. Después de años intentándolo, por fin mi boca va a ser lo que debería.

En unos días, volveré a sonreír con todos los dientes. No, no es que me falte ninguna pieza... sólo que tengo dos dientes oscuros, marrón-grisáceo, resultado de un choque frontal con la mole de mi hermano a los ¿siete? años, cuando me llevaba el viento de lo escuchimizada que estaba.
Yo perdí la mitad de dos dientes, definitivos y nuevecitos, contra la acera. Nos quebramos más cosas, mi hermano tuvo microfractura del cráneo y yo me partí el húmero izquierdo en tallo verde. Casi nada.

El caso es que medio incisivo central y medio lateral se fueron a criar gravilla. Años de infecciones, flemones, fiebres, varios dentistas, y mucho esfuerzo económico por parte de mis padres me han llevado donde estoy ahora, a unos dientes de composite de color inciertamente amarillo parduzco y el comienzo de una nueva aventura.

Así que aquí me hallo, tras décadas de sonrisas cedidas a los labios, y de vergüenzas tapadas tras la mano. Años de gentes curiosas y observaciones hirientes, nacidas de la ignorancia. Y es algo pequeño, algo leve... pero algo importante. Recuperaré mis dientes, y daré un paso más hacia mi yo retrospectivo estrechando lazos con mi yo futuro.

Primer paso: endodoncia. Bueno, no exactamente...

Mis dientines malditos ya no tenían nervios, con lo que la palabra 'endodoncia' se queda larga. En este caso, ha sido más bien una puesta a punto de las cavidades pulpares y su posterior rellenado con pasta.
Menudo cambio desde que yo era peque... el foco maldito de las dos asas no hace daño a la vista. Los tornos llevan incorporados un suministro de agua, con lo que ya no huele a cuerno quemado cuando te debastan con ellos. No hay dichoso tubito del agua ni (en muchos casos) dichoso tubito de aspirar, ahora te colocan una membrana de látex que deja a la vista SÓLO los dientes en los que se va a operar, sujeta con unas molduras metálicas, así que se acabó el sabor a anestesia/sangre/medicamentos/pasta endodóncica o de empastar y también decimos adiós a la boca llena de agua o sangre (o ambas).
También es verdad que, siendo adulta, te enteras más de todo lo que te hacen (de hecho, yo siempre me intereso bastante en todos los tratamientos a los que me someto por mi salud e intento comprenderlos todos en la medida de lo posible) y lo aguantas mejor, aunque lo de hoy ha sido bastante traumático/nostálgico/terrible.

Hacía décadas que no me anestesiaban esa zona de la boca. Y siempre he tenido pesadillas en las que se me caían, exclusivamente, ESOS dientes. Así que cada vez que me los han rozado con instrumental, he temblado de pies a cabeza. Soy consciente de que he temblado durante toda la intervención de hoy.
El doctor endodoncista ha sido un encanto. Me ha explicado que los algodones empapados en líquido que la dentista me ponía en el hueco del nervio cuando era pequeña, usando unas limitas y unas agujitas muy pequeñas, eran para procurar que las raíces de los incisivos se cerraran. Me ha explicado que el pequeño lo había conseguido, pero el grande no... por eso iba a ponerme en la parte más alta hormigón.

Hormigón.

Lo he flipado, pero mucho. Me ha puesto una gotita de hormigón de fraguado exprés en la parte más alta de la raíz. En el proceso de llegar a ella, ha sacado algodones que aún me quedaban ahí, de hecho le ha costado bastante. Tiene un aparato harto curioso que es como un sónar, me lo ponía en la cavidad y pitaba de seguido midiendo la distancia hasta el final, y luego pitaba de forma intermitente. Midiendo a menudo mediante placas la profundidad del alcance de su intervención (metiendo como guías esos pequeños arrancanervios que parecían brocas de duende) ha rematado rellenando bien la cavidad.

La muela que me intervino en endodoncia la semana pasada no me dio nada de guerra. Los dientes me están matando... no me duelen, pero como que a mi encía le pesan y le molestan. Es como si mi boca me estuviera hablando, haciéndome patente que hay algo nuevo, algo que quizá mi cansada encía no esperaba. Se siente muy parecido a cuando las muelas del juicio llaman a la puerta, sin doler, pero presionando. El mismo tipo de sensación, de presencia, de latencia, que sienten los bebés cuando demandan mordedores fríos.

Porque mis dientes están muertos, pero sus fantasmas me están matando.

4 comentarios:

Tomo dijo...

he leído el post encogida del yuyu que me ha dado. Qué miedo me dan los dentistas, y qué desagradable es que te hagan nada en la boca, uffff. Pero luego ves lo bien que te quedas y la verdad es que compensa.

Ahora, he intentado imaginarme vuestro accidente de peques pero no he podido: dientes, microfractura de cráneo, un húmero... menudo choque frontal ô_ô

Marta Serrano dijo...

Imposible que sea hormigón :P Vamos, la granulometría más pequeña aceptada para hormigón te jodería los dientes, eso seguro ;))

Más bien será un mortero fino, con fraguado express. Hazme el favor de decirle a tu dentista que hable con propiedad o me veré obligada a llevármelo a alguna obra, para que vea hormigón de verdad :P

Un besote y me alegro de que todo esté saliendo bien!
Marta

keleb-dûr dijo...

vida nueva, dentadura nueva, no vas a llegar a Sóller mellá jejejeje Estas cosas dan mucha pereza pero hay que ponerse a ello. Yo también estoy en medio del proceso y no sé si duele más la boca o el bolsillo XDDDDD ánimo!

Estelwen Ancálimë dijo...

Felicidades, si te sientes más a gusto y ganas en salud y comodidad vale la pena el sufrimiento. Como diría Lisa Simpson, ¡esto es pura dentadura! ;-P
Aunque insisto es que yo jamás te había notado nada raro en la boca, que conste. En parte porque soy un despiste con patas y en parte porque tienes una sonrisa tan bonita que, la verdad, a mí nunca se me ocurrió fijarme en si tenías algún defecto en los dientes...