martes, 30 de octubre de 2012

Courtney is a punk rocker

Hace una semana fue mi cumpleaños. El primer cumpleaños que paso en la isla. El fin de semana fue como cualquier otro, con cena con los amigos y reunión de smial. Andaba bastante pachuchilla por la morriña por mi familia, y porque vi que no iba a ser nada especial, aunque los cumpleaños siempre lo sean... recibí un regalazo por parte de mi prima hecho por una amiga artesana amiga mía, de manos de oro y bayas de plata. Podéis ver su blog y curiosear en sus criaturas a la venta, aquí.

¡Mini Findûs!

Al final resultó muy especial por tres sorpresas que me esperaban agazapadas detrás de la esquina. La primera, por parte de mis compañeras de trabajo (y el cocinero), que me sacaron una tarta con velitas y todo después de la comida. La segunda, mis padres, que se presentaron en la puerta de casa de repente, desde Segovia, para compartir conmigo desde el día de mi cumpleaños hasta la noche de San Frutos. Me hicieron volver a casa en mente y alma, los días que más lo necesitaba, y disfruté con ellos esos días de lo cotidiano y lo extraordinario.

La tercera sorpresa fue... realmente inesperada, y profundamente hermosa. Sin casi darme tiempo desde la llegada de mis padres, que ya me tenía en shock, mi novio entró por la puerta llevando en las manos una jaula.

El mismo novio que se aparta cuando cualquier animal se le acerca. Sea un chihuahua, un gato o un pájaro. El mismo que no está acostumbrado ni siquiera al canto de un canario. El que se aparta con miedo, con rechazo, de un perrito que se acerca a olerlo.

Me traía a Courtney.


Hace años tuve una cobaya, a la que quise mucho. Se llamaba Judy. Murió a los tres años de tenerla. Judy era una cobaya excelente, aunque con malos hábitos que arrastraba de un maltrato en su casa anterior. Básicamente, vivía en un garaje porque a la mamá de su dueña 'no le gustaban las ratas'.
Mostraba comportamiento obsesivo, déficit de atención, y unos problemas dietéticos bastante severos. Creo que el tiempo que pasó conmigo fue todo lo feliz que pudo, reconocía mi voz y me llamaba cuando llegaba a casa. Se dormía en mi regazo enseguida.

Courtney es mucho más pequeña, y todo un enigma, un folio en blanco preparado para ser escrito pero con las instrucciones ocultas en tinta invisible. Tiene dos meses, y es una cobaya texel, estoy deseando ver el aspecto que tiene su ingobernable melena cuando crezca un poco. Me cabe en el hueco de las dos manos, pero es un alma inquieta y bastante rebelde.

Con ella he comenzado con paciencia y además con buenos hábitos. Come heno y pienso, principalmente, y estoy introduciendo verduras poco a poco. En grupos de dos, para poder saber qué le gusta y, además, si algo le sienta mal. Por ahora devora el pimiento verde y el pepino, roe el calabacín, y no le hace demasiado caso a los canónigos, la rúcula o el pimiento rojo. Mañana probaremos las espinacas, y volveremos a intentarlo con la zanahoria. Los días de la fruta serán el miércoles y el domingo, dado que sólo puede tomarla dos veces a la semana por su alto contenido en azúcar.

Le gusta mucho acurrucarse en la capucha de mi pijama, y esconderse en el trapito que le he puesto en la jaula a modo de hamaca (aunque sólo se lo pongo por la noche, para que no esté todo el rato oculta y socialice). También le gusta que la suelte en algún parque improvisado, la manzana (¡cómo la devora!) y el heno fresco. Se deja coger con facilidad, y no muerde. Sólo me mordisquea el jersey cuando la tengo encima y quiere que la devuelva a la jaula, normalmente lo pide para hacer sus necesidades.

Ya nos pide atención de vez en cuando, deja de estar tan asustada (aunque le gusta mucho correr y esconderse, instinto natural de presa) e incluso tolera que estemos cerca cuando come. Me espera por la mañana y por la noche para que le ponga sus ensaladas, y se vuelve loca por el heno fresco. Ayer, incluso, hizo su primer popcorning, y me alegró un día bastante cansado.

Es maravilloso tener de nuevo una mascota en casa, creo que paliará mucho la ausencia de Chester y Cuco. No paro de pensar en cosas que fabricarle, comida que comprarle o cositas que conseguirle (una henera exterior, un champú en seco, un túnel de heno...). Pero lo mejor de todo no es eso.


Lo mejor de todo es estar tumbada en el sofá, con ella en mi pecho medio dormida, y que surja de la nada la amable mano de mi novio y le dedique unos mimos. Lo mejor es escucharlo hablar por la mañana, mientras se pone los zapatos en la sala antes de ir a trabajar, y que le esté diciendo cosas a ella. Lo mejor es que se acerque, curioso, a ver cada nueva travesura o avance que le cuento sobre Courtney.
Lo mejor es poder compartirlo con él. Con la persona que no siente un apego especial por las mascotas, con la persona que no necesita ese especial afecto y consuelo que nuestros animales nos prestan. Con él, que lo hace por mí, y que lo hace con sinceridad, sin forzarlo, sin sentirse obligado.

Mientras, aprendemos cosas de la enana cada día, mientras nos demuestra sin cesar que es como sus bigotes: ingobernable.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

tiene una cara cachondísima ¡me encanta!

keleb-dûr

Estelwen Ancálimë dijo...

Los ojos de Courtney parecen casi humanos. Es preciosa.
Me pregunto qué tal se llevaría con mi rati-familia... :-)

Lorena García dijo...

Enhorabuena por el nuevo miembro de la familia, es preciosa :) Aprovecho para comunicarte que te he nominado a los Liebster Awards: http://bosquedetrazos.blogspot.com.es/2012/11/liebster-awards.html

Selerkála dijo...

Me siento completamente identificada con la última parte de la historia. Me pasó exáctamente lo mismo cuando Phoebe, mi querida gatunanta, llegó a casa. Victor, tan reacio él a tener animales en casa, es un amiguísimo de la gatica, y ella de él. Juegan, se miman el uno al otro...Y pese a que yo soy su mami, su compañera de juegos, y su mejor amiga (hasta confidencias como ir conmigo al baño, no sea que me pierda), me encanta, ¡"se me enamora el alma!" al ver cómo Victor la mima, juguetea, pregunta si está dormidita, la observa con cara sonriente....Me alegra saber que los animales, con su extremo cariño, pueden ablandar corazones que un día parecían de piedra al respecto.

Un besazo.