domingo, 7 de octubre de 2012

Otoño llegó, marrón y amarillo...

Una canción que cantábamos de pequeños en parvulitos... recuerdo que en esta época hacíamos bolitas de papel de cebolla, en marrones y naranjas, y pegábamos con cola blanca las escamas crujientes de una naranja, o las olas susurrantes de una hoja caduca.

Siempre ha sido mi estación favorita, por muchas cosas.

Las castañas asadas con las que nos calentamos las manos, las hojas secas (me encanta pisar hojas secas), los bosques húmedos mientras buscamos setas, el olor de la tierra mojada y los verdes vivos entre la bruma.


Torrent des Pareis, tajando el paisaje

La noche que llega suavemente, el frescor de la mañana, las primeras chimeneas que se encienden e inundan el aire con los aromas de la salvia y el pino. La lentitud, la pereza, el adormecimiento de la naturaleza a nuestro alrededor. Los primeros jerseys suavecitos y cálidos, sentarse a bordar junto a la ventana, o a leer al lado de la cocina.


Hace un par de fines de semana nos fuimos a Palma, al castillo de Bellver, a un evento muy especial. La gente de ABABS (Asociación balear de amigos de las Bandas Sonoras), donde tenemos un par de amigos, organizaban el primer concierto monográfico de Bandas Sonoras. La Sinfónica de Palma, dirigida por Arturo Díez Boskovich (que nos estrenó dos de sus composiciones en bandas sonoras) hizo un espléndido homenaje a John Williams con un recorrido magistral por algunas de sus piezas más conocidas.
Mágico por el lugar, la música, la compañía, el clima... fue una noche más que memorable.


El paseo nocturno por Palma, después de la reunión de smial del sábado de la semana pasada, reveló un buen puñado de curiosidades. Oficios antiguos, placas de la Judería, ensaladas deliciosas, postres en conflicto...


Sigo echando de menos a los animales de mi casa en Segovia. Los gaturros de la calle me consuelan un poco esa ausencia, así como los ocasionales encuentros con los perros y gatos de mis amigos.


Últimamente ocupo casi todo mi tiempo libre en descansar. Aún no terminamos la temporada, pero aunque se supone que 'esto baja en octubre', no está siendo así. Seguimos con el mismo nivel de exigencias y el mismo volumen de trabajo. Y con menos personal. Así que estamos necesitados de bastante relax cuando por fin llegamos a casa.


Uno de los mejores días, sin duda, desde que estoy en la isla. El domingo pasado Aina nos preparó una excursión calmadita y hermosa por las montañas. Vivo rodeada de ellas, pero de vez en cuando subir arriba me inunda, si cabe, de aún más paz. Aprovechando la visita de mi prima y su novio subimos, bien apretaditos en el coche de Aina, por la Sierra de la Tramuntana. Yo ya la conocí cuando aún no era Patrimonio de la Humanidad, y creo que valoré su belleza como uno de los parajes naturales más hermosos que he tenido la suerte de pisar.
Paramos en Ses Barques mientras esuchábamos frikadas con instrumentos de sardana, y nos pusimos como sopas. En el Gorg Blau nos hicimos unas fotos con la columna pretalayótica, aprovechando que la lluvia escampaba. Observamos la majestuosidad del Torrent des Pareis y las montañas que lo circundan, desde uno de los miradores más impresionantes de la isla. Comimos en Lluc, por fin probé la porcella. Apadrinamos unas tejas y visitamos la iglesia, vimos la talla de la Vírgen y la capilla de los beatos.


Me encontré por allí, inesperadamente, a mi paisano San Alonso Rodríguez. Una de las cosas que haré cuando terminemos la temporada será seguirle el rastro por la isla. También nos dimos un buen paseo por el museo del monasterio, donde encontré una hermosa keara de cerámica. Y terminamos en Lloseta, recogiendo la cazadora de mi prima y 'fent un pensament' bastante largo.


Y así es como transcurren las cosas en este lomo de quelonio, despacito, como el andar de un caracol montañés. Esperando, siempre esperando, de nuevo, a la primavera. Y en la espera está la vida.

Findûriel

2 comentarios:

Selerkála dijo...

Qué sitio más completito para vivir. Aisss, cuéntanos más, preciosa mía. :)

Estelwen Ancálimë dijo...

¡Qué bonitooo! Estás consiguiendo hacerme ver las cosas buenas del otoño, que para mí siempre ha sido la estación que menos me gusta (el invierno al menos tiene la Navidad). Mi favorita siempre ha sido la primavera, con sus fallas, su Semana Santa, sus lluvias, sus flores y su verdor naciendo de nuevo al mundo, anunciando cada vez más la llegada del verano.

Por lo demás, me encanta ver lo feliz que eres en Mallorca. Juanjo y yo queremos visitaros en cuanto el trabajo (y la economía, que tras Venecia anda algo tocada) nos lo permitan.

Y dos apuntes sobre las fotos: Silmarill sale GUAPÍSIMA y me he enamorado de ese caracol. Adoro ls caracoles (sí, caracoles/babosas, ratas y perros, mis tres animales preferidos, ya sé que soy un poco rara) ^^U