lunes, 27 de enero de 2014

Disneyland París, día 4 - À tout à l'heure!

El último día que pasamos en Disney fue, en cierto modo, un proceso de recogida, de recomposición, de comodidad y de falta de pretensiones. Nos despertamos a las siete y media, y ya habíamos hecho 'la maleta de los regalos', 'la de la ropa' y 'la de un poco todo', sólo a falta de los pijamas y los últimos flecos. Había sitio por si queríamos comprar algún regalo o capricho más.
Bajamos a desayunar con tranquilidad, sin cámara y en completo relax. Minnie nos saludó y abrazó en el salón, con sus zapatitos amarillos de tacón. Tras el desayuno, fuimos a por nuestras cosas a la habitación, dejamos las maletas en consigna del Club, y caminamos con calma hacia los parques.
La verdad es que nunca me han dolido las piernas tanto como me dolieron la tarde anterior, así que íbamos con tranquilidad, y con ánimo de respirar con más parsimonia nuestras últimas horas en Disney.

Hice un poco de recuento mental de las cosas que aún no había fotografiado, y fui tachando mentalmente las casillas de 'pendiente'.
Volvimos al Buzz en las Horas Mágicas, y entramos en un suspiro. Fijáos sin había poca gente, que pude pararme a hacer fotos sin problema.


Buzz explicando la amenaza de las tropas de Zurg

La pizarra de Telesketch es la caña
 Un autómata bien chulo, con unos movimientos muy naturales y sin nada de ruido mecánico. Señalamos el hidden Mickey del planetilla del mural, y nos lo pasamos pipa disparándole a las Z. Tripliqué por tercera vez mi puntuación, pero lo malo es que Guillem también triplicaba, así que no le pude ganar. Sucio comanche.
Nuestras intenciones de volver a montar (y fotografiar) en el Star Tours se vieron empañadas por los 40 minutazos de cola, aun con FastPass. Nos contentamos con comprar una camiseta exclusiva de Disneyland París de la Jedi Academy y, cuando pagamos, nos enteramos de que la chica era española. Concretamente, de Segovia, ¡sacre bleu!

Caminamos de vuelta hacia Fantasyland para cumplir uno de mis sueños: montar en el Carrousel du Lancelot. Bueno, cualquier carrusel que admita adultos es una oportunidad de hacerme feliz.


Una de las fotos que me quedaban pendientes

La Fontaine de Cendrillon, otra pendiente :)
El carrusel va suavito, suavito. Es una gozada volver a montar en un caballito que sube y baja, rodeada de todas esas casas de cuento, los olores dulces de las pastelerías, la suave niebla acariciándote el rostro, los colores y las luces bordando el aire... regresar de nuevo a esas inocentes diversiones de la más tierna infancia.
Hicimos alguna que otra concesión a nuestra alegría, cantando La carga de los Rohirrim mientras 'cabalgábamos', bailando por las calles con la música ambiental, parándonos a mirar una lámpara en forma de calabaza o buscando los mejores rincones para descubrir secretos. Estar en Disney es eso, pender en el encanto continuamente. Cuando le comentamos a la empleada segoviana lo bien que nos habían tratado en todos lados, ella nos contestó 'Claro... ¡es que esto es Disney!'.

Como aún era pronto, aprovechamos para volver a la guarida del dragón e intentar nuevas fotos hechas con más tranquilidad.





Paseando, decidimos entonces volver a los estudios para ver las tiendas, porque el primer día no habíamos entrado a casi ninguna. Además, estaba segura de que Guillem se había quedado con ganas de comprar una figura en especial, así que entramos al estudio 1 y se la compró. Fuimos despidiéndonos quedo, quedito de los parques de vuelta al hotel, donde recogimos las maletas (después de una espera un poco larga) y tomamos el bus hacia Orly.

Nos bajamos en la terminal correcta por casualidad, y sufrimos un poco la desorganización de Air Europa para nuestro vuelo. Cuando hubimos facturado maleta grande+paquete de Guillem, nos sentamos en una Paul y me comí un magnífico Montagnard del que mi chico heredó el tomate. Uno de los mejores bocadillos que he comido nunca. 
El vuelo fue corto... la verdad es que nos dormimos. Y a la vuelta nos esperaba una Mallorca nocturna con una temperatura agradable y una casa calentita con edredón de plumas belga (adoro ese edredón).



Así que, en definitiva, este viaje 'curativo' nos ha venido de perlas. Nos hemos divertido, hemos bailado, hemos gritado, nos hemos emocionado y nos hemos sentido, en todo momento, atendidos y contentos. Me he traído una tonelada de fotos de vuelta, así como un peluche, una muñeca, una figura y una preciosa bola de nieve de Cenicienta.


Ya hace compañía a las dos Ever After en la vitrina


¿Volveríamos? Sin dudarlo. Con algo más de experiencia, con ganas de ver lo que nos perdimos por mantenimiento, y también atreviéndonos a montar el viaje por nuestra cuenta.

Disneyland París, como ellos mismos te deseaban al despedirse, fueron 'días mágicos'. Y no le decimos adiós a la magia, sino 'hasta luego'.

Hasta la próxima, Disneyland París.

5 comentarios:

Estelwen Ancálimë dijo...

Estupenda crónica. Me has dado unas ganas de ir... y eso que ya he estado dos veces, pero fua hace tanto tiempo que seguro que hay un montón de cosas nuevas ^^

Por cierto, siento curiosidad, ¿qué lleva un bocadillo Montagnard?

Findûriel dijo...

Pues... el Montagnard lleva:
- Pan de harina integral, con semillas de adormidera.
- Rodajas de tomate
- Lechuga batavia
- Terrina de oliva
- Capicola (que es un embutido italiano parecido al prosciutto)
- Queso comté DOP

Delicioso.

Estelwen Ancálimë dijo...

Menos por el embutido, tiene buena pinta :-)
¿La terrina de oliva es lo mismo que la tapenade, el paté ese de olivas negras?
Por cierto, estoy desconcertada; jamás oí hablar de la capicola O_o

Findûriel dijo...

La terrina que yo tomé era de olivas pardas, muy rica.
Quizá conozcas la capicola como capocollo o coppa, la palabra 'capicola' se usa sobre todo fuera de Italia.

Sword-woman Ríona Bandraoi dijo...

Tengo a esa Merida, es genial :)