viernes, 25 de enero de 2008

Crónica de un viaje mallorquí (Tercera etapa II: Pollença)

Tras la necrópolis, y haciéndole caso a nuestros estómagos un tanto rugientes, nos dirigimos al precioso pueblo de Pollença. Por el camino Telchar, Natalia y Boromir me ponen al tanto de historias de este pueblo. Realmente todo el camino en coche de la excursión han estado relatándome cosas de los lugares por los que pasábamos. Que si entre esas dos montañas se dice que las brujas tendían una cadena para bailar encima por la noche (tela la distancia, ¡ya tenían ganas de hacer funambulismo entre dos montañas!); que si en aquel alto tuvimos el último reducto de resistencia contra los musulmanes y que los dos últimos defensores fueron asados a la parrilla (la primera torrada mallorquina XD); que si en Pollença una vez al año se corta un gran pino y... no, no, eso lo cuento más adelante.

Los restos de un molino junto a la carretera

Aparcamos junto al puente romano de Pollença. Lo pongo en cursivas, porque según Aina (que es de allí) y según Daedhel (recordatorio: historiador) no es muy fiable la denominación de romano para este puente. Lo primero, porque es bastante asimétrico.

El Pont de Pollença

Cruzamos el puente de tres ojos, que nos ofrece una clara vista de sus sillares de arenisca. Nada, los romanos y yo de toda la vida, ya ves, vengo de debajo del Acueducto, bromeo. El lecho del torrente está seco, pero su caudal debía ser importante, dado el ojo de desagüe que presenta en el centro.

Detrás de nosotros, un campito de almendros. Como os dije el primer día, en flor. Los que fotografié en esta instantánea (izq) no estaban demasiado poblados, pero os hacéis una idea.

Otro de los árboles que se cultiva profusamente en la isla, como ya os comenté, es el olivo. En Pollença tienen este hermoso tronco antiguo (der), que en realidad parecen tres troncos entrelazados en su crecimiento. La corteza de olivo es el tronco más hermoso y misterioso (junto con el de nogal), el que quizá más historia puede contarnos. No por nada los romanos dominaron el mundo conocido dado, en parte, a la oliva...

Y, claro está, después de cruzar el puente y allí junto a los arbolitos floridos (me señalaron un camino por el que aún está pendiente que hagan una de sus smiálicas excursiones montaraces) hacía falta algo de espíritu tolkiendili. Y allá fue Daedhel, inspirado por lo bucólico del paisaje y por las tiernas florecillas que le tendió Aina... y luego dirán que no los llamemos comeflores y trepaárboles...


















Daedhel y Aina... comeflores soy, mañana y hoy...



Aina nos conduce por las calles del pueblo. Lo primero que notamos es que el gallo (gallet) es el símbolo de Pollença: lo vemos en señales, carteles, fuentes, estatuas, nombres de establecimientos, escudos nobiliarios, placas... en fin, por todos lados.

Las calles son una auténtica preciosidad, con sus casitas bajas y el característico olor a leña ardiendo. También vemos la primera cruz del viacrucis. Hay una pequeña pendiente en las calles que atravesamos, hasta que llegamos a los pies del calvari. Y qué calvari...

365 escalones, nada menos... esto sí que son fieles :)

Bajando a la Plaça Vella nos topamos con el famoso pino (el pi de Ternelles) del que me habían hablado en el coche. Aina nos cuenta que todos los años los jóvenes van al monte, y cortan este gran pino. Se talla al final de la calle de Ternelles, y los jóvenes suben entonces hasta donde reposa el pino y hacen una comida. Después de esta tradicional comida (acompañada de la música de xeremíes) donde ya han tomado fuerzas para la davallada del Pi, lo suben en un carro (cuyas rodadas aún pudimos ver en nuestro paseo) y lo bajan empujando hasta la Plaça Vella, donde lo alzan ayudados de unas argollas encastradas en los edificios. El de este año mide más de 20m (izq).

En estas argollas (der) que han servido para pasar las cuerdas que lo alzarán, se dejan fijas esas maromas. Todo el tronco está embadurnado en una gruesa capa de jabón, y para cuando el pino alcanza la verticalidad la plaza está a rebosar. Entonces llega el momento de la osadía, cuando los mozos de Pollença tratan de encaramarse al pino para alcanzar la cesta que encumbra la copa, en la que encontrarán, como no podría ser de otro modo, un gallet. Hace tiempo que es de plástico, no os preocupéis, y a quien lo consiga se lo cambian por uno de verdad. Para ayudarse en su ascenso, pueden encaramarse a las cuerdas y quitarse las prendas enjabonadas para proseguir lo menos resbaladizos que puedan.

Es esta una prueba de hombría, de gallardía, que tan sólo se celebra en este pueblo de todo el territorio mallorquín. No puedo evitar sonreírme, ya que en Castilla de siempre existe este mismo rito, los llamados mallos o mayos, ceremonia de uno de los cuales aún resiste a los impulsos globalizadores año tras año en el barrio segoviano del Cristo del Mercado. También se trae en un carro, y suele medir unos 70 pies. En la parte más alta, una cruz de la que colgaban jamones (hoy cintas simbólicas), y su superficie se frota con sebo de cerdo.

Ah, por cierto, esta callejita que véis en la foto de encima, es el último tramo que debe atravesar el pí de Ternelles. Y como el carro no cabe por ella, porque es minúscula, hay que meter el pino en la plaça a pulso, y con mucho cuidadito. Si con el carro en algunas calles hay que hacer virguerías para dar las curvas, imagináos encima hacerlo a mano como en este último tramo... Cuando lleguen a la plaça, debe ser la apoteosis...

El año que viene dejádmelo a mí... menudo soy yo...

Y como hoy sigo con la gripe a vueltas, mañana más de este domingo, que como véis dio mucho de sí... seguirán las peripecias de este grupillo en Pollença...

Findûriel.

4 comentarios:

Telchar dijo...

Voy a matizar un par de cosas, las historias y leyendas que contamos fue de camino hacia Pollença desde Palma, al principio de la tercera etapa. Para más señas contamos las leyendas de Cabrit y Bassa y unas cuantas de brujas, las cuales se desarrollan cerca del pueblo de Alaró (que algún día me animaré a comentar por mi blog, ¡¡¡no se lo pierdan!!!).

Y ríos aquí no hay, por desgracia, sólo torrentes, los cuales suelen estar secos excepto cuando llueve.

Por cierto Findûriel ya sé quien se va a encargar de promocionar cierto proyecto que tenemos entre manos y del cual tú no sabes nada ;-). Te has ganado el puesto con tus crónicas.

Findûriel dijo...

Sabía que ese primer párrafo iba a dar lugar a equívocos... naturalmente quería decir que esos relatos fueron por el camino, con la frase 'Realmente todo el camino en coche de la excursión han estado relatándome cosas'. A ver si lo edito para que quede más claro.
¿Yo? ¿promocionar el qué? Yo juro que no sé nada... ;)

Silmaril dijo...

Jo me encantan las fotos ... Y la forma en que relatas todo el viaje ... Los habitantes de la Isla Solitaria deberían nombrarte hija predilecta o socia de honor del smial o algo así, porque les estás promocionando que da gusto. Si es que seguro que a alguno/a (además de una servidora) le están entrando ganas de ir a descubrir aquellos parajes mágicos que nos estás enseñando. Espero ansiosa la continuación ...
PD: yo también soy comeflores, y qué? Eru nos hizo así. Comeflores power forever!!!!!!!!

Selerkála dijo...

Hola flor de loto!! ;P
Hacía Edades que no me conectaba, con eso de los exámenes y tal... Pero he estado viendo tu blog y ¡qué envidia! Menudo viajecito. Unos lugares preciosos...Otro destino turístico añadido a pendientes. ¡No daré a basto! jejeje!

Un abrazooo