miércoles, 13 de febrero de 2008

Patrimonio Inmaterial

Siempre me he declarado una admiradora ferviente del Patrimonio Inmaterial. Para quien no sepa lo que es, aquí la definición por parte de la UNESCO:

Según la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) - el patrimonio vivo - es el crisol de nuestra diversidad cultural y su conservación, una garantía de creatividad permanente. La Convención afirma que el PCI se manifiesta, en particular, en los ámbitos siguientes:
·
Tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial;
·
Artes del espectáculo (como la música tradicional, la danza y el teatro);
·
Usos sociales, rituales y actos festivos;
·
Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo;
·
Técnicas artesanales tradicionales.

La Convención de 2003 define el PCI más concretamente como los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.

La definición señala igualmente que el PCI, cuya salvaguardia pretende la Convención:
· se transmite de generación en generación;
· es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia;
· infunde a las comunidades y los grupos un sentimiento de identidad y de continuidad;
· promueve el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana;
· es compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes;
· cumple los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.


Todas estas cosas. Desde siempre me ha encantado ver en pequeños gestos diarios y costumbres increíblemente arraigadas la voz dormida de un pueblo que no ha escrito sobre esas mismas costumbres. Es como un eco, una marca, una huella que nos ha dejado esa cultura oral y casi 'sociogenética' y que nos recuerda que pertenecemos a ese pueblo, esa tribu, esa nación (sin hablar de fronteras geográficas, sino entendida como nación popular).

De vez en cuando esa tradición callada te alarga guiños curiosos. El otro día mi madre me comentaba tres de ellos que había notado en nuestra ciudad, en Segovia, y hoy comentándolos con Nightmary nos hemos dado cuenta de que son verdad.

El caso es que mi madre no se ha fijado en su existencia hasta que de repente estos hábitos se han violado por parte de gente que no pertenece a este pueblo. Y no me refiero solamente a inmigrantes de otros países, sino a turistas, o gente que ha venido desde este mismo país a vivir a la ciudad.

Todos estos guiños inmateriales tienen en común el desarrollarse en un mismo ámbito geográfico: la conocida como Calle Real de Segovia (conecta el Acueducto con la Plaza Mayor, y recibe tres nombres en sus tres tramos) un paseo peatonal que todos frecuentamos por labores administrativas, o cuando somos pequeños en forma del paseo de los domingos.

1. En la Calle Real no se corre ni se grita. Y no porque tus padres te lo hayan dicho, o te hayas ganado un coscorrón por hacerlo, sino porque simplemente no se hace. Jamás, ni cuando éramos más pequeños, nos hemos puesto a gritar o a correr por la Calle Real. Ni siquiera cuando íbamos con el cole, o cuando éramos adolescentes. El reverente respeto que siempre ha rodeado el paseo más importante del centro de la ciudad simplemente existe dentro de nosotros como ciudadanos de Segovia. No recuerdo que nadie me lo haya exigido ni que mi madre me lo haya enseñado.

2. En la Calle Real se camina siempre por el lado derecho. Quizá digáis que obedece a las leyes de circulación elementales que poseemos por inercia automovilística, pero la verdadera inercia de esta corriente humana que pasea o pasa diariamente por la Calle Real te hace casi caminar sin mirar, consciente de que nadie se te interpondrá en el camino. Y si alguien lo hace, aun con el ánimo repleto de templanza lo mirarás raro, como con un quiteusté en el borde de los labios. En el resto de calles es indiferente el lado elegido.

3. Tanto, tanto respeto y reverencia nos infunde esta calle, que aun celebrándose el bullicioso y milenario Mercado de los Jueves en la Plaza Mayor, donde los segovianos nos abastecemos de frutas y verduras cultivados en los campos tradicionalmente y llenamos los carros con acelgas que nos cuelgan de la cesta, jamás se contemplará a un segoviano bajando con el carro por la Calle Real, camino más corto y cómodo para llegar al Acueducto (ya que es peatonal). Verán ustedes a las ancianitas peleándose con el empedrado de las calles paralelas e invadiendo las graníticas aceras con su paso vacilante, incluso jugándose el tipo en la cuesta de la calle de San Juan, pero jamás las verán ni con una mísera bolsa de la compra bajando por la Calle Real. Es simplemente impensable.

No sé por qué yo obedezco a estos cánones, del mismo modo que ciegamente lo hacemos todos los habitantes de la ciudad. Pero me ha encantado descubrirlo, la verdad. Me hace encontrarme con las raíces de un pueblo al que pertenezco, que me ha criado en tierra y trigo, en granito y agua. Espero encontrar alguna cosilla más cada día, que me acerque a mi hermosa Segovia del modo en que me acercan estos guiños arcaicos que resuenan como nanas de vacceos.

Findûriel, buscando Patrimonios Inmateriales y Arquitectura Popular.

Por cierto: FELICIDADES A LURTZ Y ELENA por la llegada de su hijo Arturo. Tan Artúrico que es monísimo. ¡¡Ese nene repolludo!!

3 comentarios:

Silmaril dijo...

Ostras, prima, tienes razón con lo de la Calle Real, yo no recuerdo haber corrido ni gritado NUNCA allí y sí subir siempre por la derecha ... De la última no puedo dar testimonio directo, porque creo que nunca he vivido un Mercado de Jueves o, si lo he vivido, era demasiado pequeña para recordarlo ahora ... Y tampoco recuerdo que nadie me dijera haz ésto o no hagas lo otro ... Fíjate en qué cosas repara uno después de tanto tiempo ...

Selerkála dijo...

Jo, me has dado que pensar...En el Pozo Artesiano de mi pueblo, Cella, también hacemos cosas de esas...Por ejemplo, lo visitamos, por regla general, en sentido contrario al movimiento de las agujas del reloj...Seguro que hay más PCI que descubrir en mi pueblecillo...Ya pensaré.

Miphil!

Telchar dijo...

Gracias Findûriel por ésta perlas de tradición popular. Por desgracia en éstos tiempos que corren se están perdiendo gran parte de éste tipo de tradiciones, y no sólo es una lástima, sino una gran pérdida, porque se pierde algo de nuestra esencia y de nuestra cultura. En mi caso poco puedo aportar de tradiciones, al ser un mallorquín de primera generación ("foraster" como dirían aquí) no he podido empaparme de la mayoría de tradiciones de Mallorca ni de Murcia (La Unión para ser exactos), de donde son mis padres, por lo que aprender no sólo las propias de mi hogar y de mis ancestros, sino las de otros sitios, es para mí una auténtica gozada.