jueves, 27 de marzo de 2008

Ocho

Bueno, realmente hablamos del ocho combinado con el cero. Porque buceando en las discografías predilectas, no podemos negarle una diminuta pincelada de genialidad a aquella década a la que nunca miro con interés, que fue la de los ochenta. Ya estaba demasiado ocupada comiendo ceras de Manley y odiando los pantalones piratas que me ponía mi madre como para además fijarme en la música (que me parecía mediocre, y la inmensa mayoría me lo sigue pareciendo) que se oía en Rockopop o El Kiosko.

Pero, oh, para redimir una década de petardeo están ellos, los únicos, los sublimes Pixies. Ningún grupo aparte de ellos (y quizá los Vaselines) tienen dentro una crueldad tan naïf, una contracultura tan simple pero a la vez tan llena de matices, una rudeza tan inocente... Si es que con sólo escucharlos me transportan a un puro dolor adolescente (en el sentido literal de la palabra, en el de adolecer) en que las espirales dominan los dibujos.
Desde aquella pieza de genio que fue Surfer Rosa, una de mis canciones favoritas de los Pixies: Broken Face. El vídeo es de la reunión de la banda en tiempos actuales, y aunque la voz de Frank Black no aguanta como antes, es un placer oírlos again.

There was this boy who had two
Children with his sisters
They were his daughters
They were his favourite lovers

I got no lips, I got no tongue
Where there were eyes there's only space
I got no lips, I got no tongue

I got a broken face, uh-hu, uh-hu
I got a broken face...

Sirva esto como ocho, aunque no puedo dejar de recordar temas como Where is my mind?, Gigantic, el inolvidable Debaser o la hipnótica Alec Eiffel.

¡¡Larga vida a los Pixies!!
Findûriel, this monkey's gone to heaven...