viernes, 17 de enero de 2014

Disneyland París, día 1 - Gestión de la Magia

El día ha comenzado bastante pronto hoy. Aunque habíamos postergado los preparativos más aparatosos para esta mañana, todo ha ido de perlas, y hemos estado holgadamente en el aeropuerto aburriéndonos (como hace todo viajero habitual).

Ha sido curioso escuchar por primera vez en un avión las alocuciones en francés. Al salir de Mallorca hemos volado sobre nubes de borreguito, pero en Francia estaba mucho más nublado. El vuelo ha sido más corto de lo que esperaba, aunque el aterrizaje ha sido largo de morirse. Menos mal que, mientras descendíamos, un pedacito de arcoíris nos ha acompañado un buen trecho como signo de buena esperanza. Al aterrizar, el arcoíris se había estirado como un brazo que nos saludase, por encima de la torre de control.


Hemos esperado al bus fuera, con un puñado de familias con niños (éramos la única pareja sola, curioso), estábamos a sólo media hora de Disneyland. Lo malo es que en ese momento la mitad de la población parisina se ha dado cuenta de que no tenían baguettes frescas para la cena, y que les gustaba mucho el pan de Marne-La-Valée, más que el de la boulangerie de la esquina, y se han echado a la carretera.
Tanto, que ese trayecto se ha convertido en una hora y media. Con lo cual... no hemos llegado a tiempo para el Dreams.
Curioso que la gente fuera señalando 'mira, un Carrefour... mira, un concesionario... mira, una pastelería', como si saliendo de su país les pareciera raro que en Francia hubiera lo mismito que en su ciudad.

Al llegar, la recepcionista nos ha mirado la reserva y nos ha redirigido a un despacho que hay en un lateral del hall. Pensando en que nos llevarían a una de las habitaciones de bungalow (en plan 'aquí no pintáis nada') hemos entrado, temerosos.
Y al final ha resultado que la recepcionista del Club Golden Forest (que es lo que ponía sobre la puerta) nos ha dado bonos, información, miles de sonrisas, una tarjeta de clientes VIP y una habitación en el último piso al centro del edificio.
Vamos, que resulta que la cama de 2x2m, el pase para el lounge con bebidas incluídas, la merienda a las seis y la carta blanca para los turnos del desayuno lo tenemos incluído en la reserva. Fantástico y genial. Además nos ha cambiado los fastpass de hoy para mañana (ya que hemos llegado al cierre del parque) y mañana tenemos cuatro entradas rápidas así, por la cara.


Al llegar a la habitación, una tematización preciosa e impecable. Con su propio recibidor (compartido con una de las suites), tés y kettle, Nespresso, tabla de planchar, plancha, muchas toallas... en fin, ¡un lujazo!

El friso de nuestra habitación
Cuadro que decora una de las paredes de nuestra habitación. Completamente Bambi.
En los vestíbulos y el hall, al estar el hotel ambientado en los bosques y las reservas naturales, suenan pajaritos y una música muy suave de piano. El champú de las ammenities tiene orejitas de Mickey, e incluso el jabón tiene la cara del ratón estampada. Precioso.
Hasta el papel higiénico estaba sellado con una pegatina circular donde pone 'Disneyland París'. Jatetú el detalle.

Baloo y Pepito Grillo te dan consejos


Al encender la televisión por primera vez, le ha dado la bienvenida a mi novio, con su nombre y apellidos y todo, y en castellano. En los ascensores hay espejos con hojas de arce talladas, y paneles de películas de Disney. Como hemos llegado cansadillos, hemos cenado en el hotel, sin tener que hacer ninguna cola. Y comprobamos que todo suena más fino en francés, hasta unas simples patatas gratinadas, vamos, si las llamas 'pommes de terre au gratin' como que parece un plato de haute cuisine. Mención especial a las espinacas del buffet, salteadas y con crema, ¡buenísimas!

El agua de Guillem estaba ilustrada por Sempé. Me he acordado con ternura de 'Le petit Nicolas'

Pequeñas maquetas que hay en el hall, junto a los ascensores
Exceptuando con la primera recepcionista, he procurado hablar en francés con el resto del personal, y con los dependientes de las tiendas. Y parece que se me da bastante bien. Tanto, que la mujer que nos ha dado paso al restaurante, después de un par de preguntas, me ha hablado a mil por hora y no me he enterado de lo último que me ha dicho, jejeje... he tenido que volver a preguntarle.

Después hemos hecho dos cosas muy malas. Una, ir a la tienda del hotel.


Como que lo quiero todo. Sobre todo las bolas de nieve.

Y la segunda, ir al Village. De eso no tengo fotos (mañana me pondré morada) pero, además de mordernos los nudillos por no haber cenado en el Mickey Café (estaban allí Piglet, Minnie, Mickey, Pluto y Goofy, y estaba medio vacío) hemos gozado de visitar con tranquilidad unas tiendas prácticamente desiertas y con un catálogo de objetos y prendas simplemente ma-ra-vi-llo-so.

Hemos comprado la taza de París en Starbucks para la colección, y he anotado unas cuantas cosas para comprar mañana (entre otras, una muñeca de Mérida INCREÍBLE y algunos encargos que ya hemos localizado). Además de gozar, con un aire frío que cortaba, de las vistas del globo aerostático sobre el lago y bajo la luna, de la música y los sonidos del Village (susto que se ha dado Guillem con el caimán del Rainforest Cafe, jejeje) y de las puertas, cerradas por el momento, de los parques que visitaremos mañana.

Mañana habrá más fotos, y menos tiempo. Paso de contratar el roaming, y en el hotel tenemos wifi gratis en recepción, lounge y habitaciones (incluso hay cable para conectar el ordenador), así que aprovecharé las noches tardías para contaros las cosas.



Foto retocadísima para que veáis el 'Hidden Mickey' de nuestro nórdico :)


1 comentario:

Selerkála dijo...

Joeeeer, pero qué bonito y elegante todo. Y qué feliz se te lee. Eso me encanta. :)