sábado, 18 de enero de 2014

Disneyland París, día 2 - La magia del cine

Me perdonaréis que la crónica de hoy sea breve, pero ya son las doce y media pasadas y mañana queremos aprovechar las Horas Mágicas, entrar dos horas antes al parque, lo que significa que nos levantamos a las siete...

Hoy hemos dedicado gran parte del día a los Estudios Disney. Mucho staff castellanoparlante (la chica que nos ha hecho una encuesta en la entrada era de Burgos), frío al comienzo pero sol radiante después, algunas sorpresas y, en general, un día muy agradable y emocionante.

Hemos bajado a desayunar y, cual no sería nuestra sorpresa, cuando nos han dicho que no podíamos desayunar en el salón de abajo (para el que había una buena cola...). Resulta que nuestra VIPestancia incluye desayuno en el lounge a la hora que deseemos de la mañana.
Un salón tematizado, con trinos de pajaritos, música suave, poquísima gente, bollería fresca, salmón ahumado y tabla de quesos. Nos han conducido a la mesa con toda amabilidad. Además, los personajes que estaban fuera haciéndose fotos con los niños en un pequeño decorado, han entrado como valor añadido al lounge y han recorrido todas las mesas haciéndose fotos con los asistentes. Yo tengo una con Minnie :)
Esto del VIP como que mola...


Parte de la barra del buffet del lounge. Precioso.
 Después ya nos habíamos bajado los bártulos para ir directamente a los estudios. Hemos elegido primero los Estudios porque su horario es más reducido, porque queríamos comer en el Restaurant Des Stars (el de Ratatouille) y porque esperábamos tener un poco de tiempo por la tarde para gastar en el parque. Y ha sido todo un acierto.
La entrada era preciosa, atravesando una zona comercial muy heterogénea, y en el primer patio nos hemos encontrado rodeados por el cine Disney. Lo primero que hemos visto es la estatua de Walt con Mickey. En el patio de los tornos ya habíamos visto al Mickey de Fantasía con sus escobas limpiadoras.


Hemos decidido pasar de los estudios más orientados a los pequeñines (como el Stitch Live! o el programa que se hace en vivo para Disney Channel) y hemos vagado en dirección este. Como teníamos bien planeadas las horas de estudios, cabalgatas y espectáculos, nos quedaba algo de tiempo para descubrir atracciones.
Hemos comenzado con las alfombras voladoras de Aladdin, una atracción bastante nostálgica y suave. Después nos hemos subido al Crush RollerCoaster. Ahí se ha demostrado que, aunque subieran niños de diez años, ¡la velocidad no es para mí! He bajado temblando y mareada, soy un maldito caso para estas cosas. Guillem se ha reído un rato de mis chillidos, y no lo culpo.

Estatua de Buzz que hablaba cuando pasabas cerca
 La zona siguiente era la de Toy Story, y las atracciones no las hemos probado. La de los paracaídas no nos hacía gracia, el bólido-uve me revolvería las tripas, y los bólidos y Slinky eran para nenes pequeños. Ha estado gracioso pasear por allí, e incluso he encontrado a mi personaje favorito de las películas: Rex, el tiranosaurio que no da miedo.

Al final, hemos disfrutado de Cinemagique (con sorpresas que no os contaré, porque hay que verlo, en serio) y su repaso a la historia del cine, con Animagique y la historia de la animación (incluso hemos doblado una escena de 'El rey león' guiados por Úrsula), con Armageddon y sus efectos especiales, y con la cabalgata de Stars 'n' Cars, de la que tengo un montonazo de fotos.


Esta va para mi primo Ferdi, que me pidió a Donald
Recién terminado esto, aprovechamos las posiciones estratégicas que habíamos adoptado en la cabalgata para tener ventaja en la entrada de 'Luces, cámara... ¡acción!', el show de los especialistas de cine. Muy espectacular, y muy graciosos los trucos que utilizan en los rodajes (como un coche cuya carrocería está al revés, para hacer escenas de alta velocidad marcha atrás, o un coche que conducen desde un lateral, en una estructura externa).
Curioso que hubiera una alarmante superpoblación de papás que habían llevado a unos niños demasiado pequeños a un espectáculo de explosiones, frenazos y fuego. Los pobres andaban asustadísimos y, los papás, tan panchos.

Terminando a las tres y media, teníamos reserva en el Restaurant Des Stars. Y, para nuestra desgracia, ha sido una completa decepción. La variedad de platos es muy rala y escasa (aunque el ratatouille estaba muy bueno), los trabajadores curraban con desgana, y no hemos podido ver a Remy porque no lo han sacado. La primera y única decepción del parque.

Comiendo ratatouille en el restaurante de Rèmy


Merecen una mención especial los personajes Disney que nos hemos encontrado. Unos profesionales como la copa de un pino, sin salirse jamás de la tematización y con una paciencia infinita, un gran BRAVO para ellos.

Así que, alrededor de las cuatro y media, nos hemos encaminado por fin a Disneyland. Con pasos cortos, porque nos emocionaba mucho llegar y no queríamos apresurar las cosas. El camino ha sido precioso, la entrada espectacular, y los pelos de punta cuando hemos visto, a lo lejos, el castillo de la Bella Durmiente.

El reloj y la veleta de la entrada del parque

Sí, de lejos... Había unas cuerdas puestas en la calle, ¡y resulta que la cabalgata de carrozas estaba a punto de empezar! Hemos cogido unos sitios de lujo para hacer fotos (en plena curva) y nos hemos preparado para soñar.
Todo sea dicho, no estábamos preparados para esa emoción tan intensa que ha comenzado con Flora, Fauna y Fantasía y ha culminado con Campanilla. En serio, ha sido precioso. Tengo toneladas de fotos, espero poder hacer una buena selección para enseñároslas algún día. En ese momento es cuando nos hemos acordado de todo el dolor que hemos sufrido el año pasado, y de lo afortunados que somos por poder disfrutar juntos de un viaje como este. Ha sido un momento difícil, pero muy necesario.


Como muestra, un botón. Aquí tenéis de todo: personajes, carroza y el castillo al fondo :)
Después de la ilusión de la cabalgata, nos hemos dado cuenta de que nos quedaba bastante tiempo para buscar alguna atracción en la que gastar esos cuatro FastPasses que os comenté en la entrada anterior. Porque... ¡hay tan pocas colas que no necesitábamos gastarlos!
Hemos decidido dejar el parque 'sin tocar' para mañana. No hemos entrado en ninguna tienda, y ni siquiera nos hemos acercado al castillo. Casi sin mirar los alrededores, para sentir esas cosquillitas mañana, hemos ido directamente a Discoveryland, a dos sitios que nos hacían especial tilín: la atracción de Buzz Lightyear Laser Blast y el Star Tours (mañana lo exploraremos más en profundidad).

Hemos hecho cola en la de Buzz, pero nos ha gustado tanto que hemos repetido después con un FastPass. Guillem me ha dado dos palizas en la puntuación, pero nunca es tarde para pedir una revancha...

En el Star Tours no he hecho ninguna foto, pero seguramente volvamos y las haga. Más que nada porque, para llegar al simulador de vuelo, se pasa primero por delante de R2D2 y C3PO que hablan en francés. Ha sido harto curioso escuchar 'Que la force eté avec vous' y lo de la 'vitesse de la lumière' (velocidad de la luz). Unas risas filológicas.

Ha sido entonces el turno de Disney Dreams, el espectáculo de luces, proyecciones, música agua y fuegos artificiales sobre el castillo de la Bella Durmiente.



Momentos antes, con el típico 'padre seta' que te sale delante de repente.

Una auténtica maravilla difícil de explicar. Una sombra traviesa y viajera que nos lleva por las películas de Disney que mejor conocemos, con momentos realmente memorables, como el castillo convertido en Nôtre Dame, o en una gaita escocesa.

Luego al hotel, a ponernos más calcetines, y a cenar al Mickey Café. Un ajetreo de gente, sí, pero merece muchísimo la pena por la cena con los personajes. El personal ha sido amabilísimo, la comida deliciosa, y los personajes han sido lo más entrañable, cariñoso y divertido que os podáis imaginar. Mickey me ha pegado un susto de muerte, Pluto ha derramado el agua de la mesa contigua, Gepetto se ha hecho algo de autobombo con nuestros planos y programas (vamos, casi que nos obliga a ver el espectáculo de Pinocho), Minnie se portaba de un modo adorable, Tigger pedía achuchones y Goofy se ha puesto, en un momento muy gracioso, a ayudar a los camareros a barrer. 

Pluto y sus bigotones
Es un verdadero placer, y un lujo, estar rodeados de tanta gente que nos sonríe, nons cuida, nos ayuda y nos conmueve.

Y ¡hale! Que mañana me tengo que levantar pronto. Ya os contaré más cosas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

:___)

la verdad es que es increíble la emoción que se siente en Disneyland, aunque tan sólo estés paseando por las calles. Ya te digo que yo estuve muy al principio y había muchísimas menos atracciones, y nnguna era especiamente espectacular (en plan Space mountain o así) y no obstante íbamos maraviladas de un sitio a otro. Jo! me estás dando unas ganas terribles de volver.

Olatz

Tomo dijo...

¡Wala! ¡no sabía que estabas en Disneyland París! tengo una conocida que trabaja allí.

Pasadlo genial y disfrutadlo a tope, es super mágico. ¿Tienen atracciones de Frozen? me encantaría verlo, la película me encantó.

¡Un besote!

Selerkála dijo...

Halaaaa, yo quiero iiiiiir.

Me alegra que os esté sirviendo de terapia, me encanta todo lo que cuentas y casi me emociono imaginándome por allí. Cuántas cosas chulas hay por ver...aisss.
¡Y que pena lo de Remi! joer.

.