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Posted by Findûriel in , , , , | 9.11.21 No comments


Charla sobre Tolkien el próximo viernes 26 en Palma..
Posted by Findûriel in , | 15.5.13 10 comments
Este mediodía, mientras tomaba mi almuerzo pre-comida temprana, me ha dado por pensar en la comida mallorquina que he probado hasta el momento. Y como ha habido grandes descubrimientos (y algunas decepciones), me he decidido a escribir un artículo sobre algunas cosas que me han gustado, o que me han dejado fría, o no me han gustado, de la gastronomía mallorquina hasta el momento.

Tómese este artículo simplemente como una referencia personal. Sé que los mallorquines se hincharán como pavos cuando lean lo que me gustó, y que se inflarán como globos cuando lean lo que no. De sus bocas saldrá un "Eso es que no has probado XXX de verdad" o "Eso es que no has probado mi XXX".
Porque, amigos, una verdad casi impepinable en los mallorquines es que todos (o casi) viven en un pueblo, o vienen de un pueblo, o tienen casa del pueblo, o tienen familia en el pueblo, que hacen alimentos artesanos y tienen huertos propios. Es normal, dado lo limitado del espacio y lo numeroso de su población. Porque, amigos, aunque se viva en Palma, las ciudades (como decía mi genial abuelo Pepe) están en medio del campo.
En fin, que no los escuchen. Que sí he probado, que sí he catado y me he esforzado por buscar el je ne sais quoi a todo lo que los acogedores mallorquines me han ofrecido (siempre y cuando no tuviera alergia al alimento en cuestión, por supuesto).

Y como el movimiento se demuestra andando, allá va mi pequeña aportación para forasteros y futuros viajeros. Vaya por delante que aún no he probado muchos platos de la gastronomía mallorquina. No le he hincado el diente a las sopas mallorquinas, ni he paladeado el arroz brut, ni la caldereta de marisco, ni los famosos pescados de roca de la zona donde vivo.


Delicioso

TOMÀTIGA DE RAMELLET


Comencemos por lo que me ha inspirado para el artículo. Quién me iba a decir a mí que terminaría comiendo tomate crudo... bueno, en cierto modo. Porque sa tomàtiga de ramellet poco tiene que ver con los tomates que había probado hasta la fecha. Conste que los había probado de todos los pelos y formas, desde el típico y soso tomate encerado de supermercado hasta tomates caseros cultivados a la antigua, pasando incluso por los tomates volcán que tanta fama tienen. Y nada. Asquito que me da el tomate crudo.
Y no es que me lo coma así, mordiendo (sigue sin gustarme hincarle el diente), pero me chifla hasta límites absurdos tomarlo en pà amb oli. Fregar uno de estos tomates sobre pà moreno tostado, con su piel tersa y su interior carmesí, ver cómo se deshace en los dedos la pulpa sabrosa y densa, y ese olor a campo seco y soleado, son sensaciones difíciles de expresar con palabras. Amigos, hay que vivirlo.
Sa tomàtiga de ramellet crece en campos de secano, por ello mismo recibe mucho sol y su sabor no es para nada ácido. Recibe el nombre tanto del modo en que crece como del modo en que se almacena. Suele crecer en ramilletes de cinco tomates, y se suele almacenar atándolo en largos racimos de cuerda, al fresco, sin frigorífico. Si el sitio es oscuro, fresco y seco, suele durar mucho tiempo sin corromperse.
Los de ahora son pequeñitos y peleones, en otras ocasiones se pueden comprar más grandes y con medio suele sobrar para fregar bien fregadas dos rebanadas pequeñas de pan moreno. El precio es bastante alto si tienes que comprarlos, pero lo merece.

PÀ MORENO


Otro de los alimentos que han inspirado la entrada... sí, estaba almorzando pà amb oli. Es mi nuevo vicio.
Una de las cosas que más me chocaba al llegar es que absolutamente todos los bocadillos que esta gente ingiere llevan tomate (en alguna forma, en rodajas o fregado, preferiblemente esto segundo). Al probar el pan autóctono me di cuenta del porqué, ¡casi me ahogo!. Denso, duro, con una corteza contundente y no quebradiza, con un cuerpo que hace difícil pasarlo por el gañote.
Después del añusgue inicial, y tras variados pà amb oli subsiguientes, le tomé verdadera devoción al pà moreno. Un pan contundente, pero un pan de verdad. Con su pequeño punto de acidez, pero con su presencia dulce y su miga densa sin ser elástica, casi no consumimos otro pan en casa.
Estos panes se elaboran con una variedad local de trigo, el trigo xeixa. Es un trigo antiguo, lo que quiere decir que no ha sufrido importantes variaciones desde su introducción, hace siglos, en la isla. El grano es pequeño y, por ello, su cultivo es poco rentable (requiere mucho esfuerzo recolectar, desgranar y moler para recoger poco fruto), por lo que la producción de pà moreno es bastante limitada. Pero como vivo en un pueblo pequeño, tengo la gran suerte de poder comerlo casi a diario. Resulta asombrosamente fácil de digerir, no es pesado (eso sí, te comes dos rebanadas y punto, que con su densidad es suficiente) y se nota en su sabor la fuerza de los hornos de leña.
No dejéis de probar un buen pà amb oli con pà moreno si tenéis la ocasión.

COCA DE TREMPÓ


El nombre de 'coca' se da a dos preparaciones distintas, aunque comunes por hacerse ambas en el horno. La coca de trempó es una masa fina salada, horneada con verduras (principalmente pimientos, tomate y cebolla, que son los que forman el trempó). Lo mejor de este alimento es que en todas las fiestas a las que he acudido, y a las que había que llevar comida, alguien ha llevado una y me he puesto las botas.
Aún no probé la de verdura, ni (seguramente) las muchas variedades que hay por ahí rondando. Por el momento, mi favorita es la de trempó de mi suegra.

COCA D'ALBERCOCS



Esta coca, en este caso, es dulce. Es un bizcocho sumamente esponjoso donde el ingrediente estrella es el albaricoque. Como la mayoría de dulces de la isla, lleva manteca, pero eso no le da contundencia, sino ligereza. Aún no he probado a hacerlo, pero me gustaría.
De las cocas dulces es, sin duda, la que más me ha gustado. Por encima de las ensaimadas.

Ni fú, ni fá

FRIT MALLORQUÍ


Es bastante común entre los mallorquines que, a la mínima insinuación de 'este plato se parece a uno que hacemos en mi tierra que...' salten inmediatamente (y con el dedo en alto) con '¡pero no es lo mismo! ¡Este es diferente!', haciéndote sentir que Mallorca debe estar en un punto intermedio entre España y Raticulín, un lugar donde todo es propio y nada se parece a algo que hayas probado en cualquier otro lugar.

De nuevo, aclaro: no he probado toooodos los frit que puede haber (casi uno por ocasión), sino que he probado, varias veces (caseros y de restaurante), el 'frit estándard' y el frit de sang. Y, qué queréis que os diga, se me asemeja demasiado a la asadura/bofada de mi tierra como para considerarlo especial. Me gusta, como me gusta el de mi tierra.
Aunque me gusta mil veces más el de mi madre.


ENSAIMADA


Bien, ahora hablamos de la considerada joya de la repostería mallorquina (al menos, mediáticamente). Las ensaimadas están muy ricas, es cierto, y me gusta comerlas de vez en cuando. Cuando comes una, diez, doce, cien... ya se convierten en algo más o menos rutinario, y pierden su encanto. Las he probado incluso caseras, y el gran defecto que creo tienen es... lo repetitivo. Ensaimada en esta fiesta, ensaimada en la siguiente. ¿Cumpleaños? ensaimada, ¿salimos a tomar un chocolate? ensaimada, ¿te invitan a desayunar? ensaimada. Además la grasa, el sebo en las partes menos 'infladas', la hacen en cierto modo pesada.
Hay variedad de ensaimadas, la hay de crema, de chocolate, rellena de nata (mi favorita) o de cabello de ángel... pero añoras tras dos cumpleaños y tres cenas con amigos que a alguno se le ocurra traer una coca d'albercocs o, al menos, un robiol o dos...
También puede influir el hecho de que echo demasiado de menos las porras.

Lo siento pero... no

SOBRASADA, CAMAIOT Y BUTIFARRÓ


Con la Iglesia hemos topado, que diría (erróneamente citado) Don Quijote.
La sobrasada que mucha gente conoce no tiene nada que ver con la sobrasada que se come en las Baleares. Muchas veces se tiene como 'sobrasada' la pasta de carne y pimentón sin gracia que se unta en las tostadas, por obra y gracia de cuatro mentecatos de la empresa alimentaria, y que nada tiene que ver con la sobrasada, ni siquiera con la cruda que se unta aquí.

La sobrasada realmente es un embutido, así, de cuerpo entero, más o menos curada dependiendo del gusto. Aunque nunca llega a curar como otros embutidos de climas más secos.
Todas las sobrasadas que he probado, de todas las maneras, me han resultado insípidas, o rasposas, o amargas. Lo siento, y las he probado caseras, de diferentes manos y estadíos de curación. Y no me gustan. La he probado untada, a lonchas, asada... y siempre me resulta sosa y sin gracia.

Con el camaiot me pasa tres cuartas de la misma. Se me asemeja demasiado a la cabeza de jabalí, embutido que, ya de por sí, no me gusta. Y el butifarró... me da siempre la sensación y la textura de estar comiendo una especie de morcilla grasienta sin cocer.
A favor, para que no quede tan mal sabor, diré que la llonganissa no me desagrada, sobre todo si es de pebre negre.

Ah, he golpeado en todo lo alto y lo sé. Espero que los mallorquines no se me ofendan y, en cambio, traten de demostrarme que me equivoco ofreciéndome más variedade. Quién sabe, a lo mejor en un futuro encuentro una que me guste.

COMIDA VIEJUNA


Lo de que Mallorca se ha estancado en los años 60-70, cuando el boom de las alemanas en topless, no sólo se nota en el aparato turístico-hotelero ni en la oferta que se empeñan en repetir, aunque ya esté añeja. También en los restaurantes.
No es extraño que, al tomar una carta, tengan una intensa sensación de déjà vu, y piensen yo ya he estado en este restaurante, ¿no?. A estos recalcitrantes dinosaurios de la gastronomía, con permiso de Mikel Iturriaga (que es a quien leí el término primero) los llamaremos 'comida viejuna'.

Así, es más que común que en prácticamente todos los restaurantes encuentre usted viandas tales como la Tarta Banoffe, el Escalope Cordon Blue (sí, escrito así, amigos) o las socorridas salsas de pimienta y roquefort everywhere. Cuando una lo ve en todas las tascas, terrazas, restaurantes y bares, ya casi que le asalta el tufillo de las pelis de Landa.
Eso sí, no les pida usted un bocadillo de calamares. No comprenden el conceto.

A modo de postdata...

Para evitar rematar con mal sabor de boca, quedémonos con un fantástico dato de la comida mallorquina: las bases, los fondos, los principios. Todo gran plato mallorquín comienza con una base sólida y sabrosa, destacando entre todos estos fondos los caldos, el llamado brou.
Un guiso, una sopa, un arroz que no se comienza con un buen caldo tiene todas las papeletas para fracasar. Aunque el marisco sea de primera, los embutidos denominación de origen o la pasta sea fresca, si no tiene un buen caldo de donde chupar, no hay tu tía. Y eso lo tiene Mallorca, y en abundancia. Desde el arroz con marisco (el de mi suegra, superior) hasta la sopa de Nadal (exquisita, sabrosa, potente) pasando por los bullits, no son nada sin un buen brou.
Los mallorquines de eso saben mucho y bien.
Posted by Findûriel in , , , , , | 29.3.13 2 comments
Ya terminó la mereth. Sigo considerando prodigioso que nos podamos juntar de este modo, que seamos capaces de organizar un encuentro para difundir y estudiar a Tolkien que dure tres días, y que las cosas salgan tan bien.

Aún creo que es pronto, al menos para mí, para escribir sobre ella. Las obligaciones laborales me tienen bastante absorbida. Pero sí quería compartir con vosotros el texto que leímos entre todos en la clausura de la mereth. Un texto en el que, creo, todos los asistentes se sintieron identificados. Un texto que busca dar otro empujoncito a los que aún trabajan en los fines de la STE, y tentar a aquellos que dejaron de hacerlo (por razones peregrinas) o aún no han comenzado.

"¿Cómo convertirnos en eternos?

¿Cómo hacer que la pieza que nos toca cantar, en nuestro papel en el Ainulindalë, se escuche alto, claro, fuerte y hermoso?

La vida puede dividirse en momentos. Momentos que dejan una huella tan profunda y tan distintiva que un simple olor, una frase, una canción o un movimiento nos los traen, vívidos, a la memoria. Son retazos de nuestra canción, compases perdidos que sólo en conjunto tienen sentido. Y no sólo para nosotros, sino para todos aquellos que han vivido nuestras mismas experiencias, o que conocen a la misma gente.


Como cuando presenciamos por primera vez una lectura de cuentos. Sentados en el suelo, quizá con amigos, quizá solos y aventureros, acercándonos a un mundo que nos conmueve y asusta al mismo tiempo. De noche, con la luz de las velas refulgiendo en el lector que, con el rostro encendido, nos llevaba en volandas a un lugar desconocido por primera vez. Nos descubría un nuevo libro, o nos emocionaba con un pasaje conocido.

Aquella vez que te pasaste la Cena de Gala haciendo el payaso, riéndote de cualquier cosa e inventando nuevos juegos de palabras con los que hacer reír a los demás. Fundaste en un segundo un chorrismial, o compusiste una canción entre carcajadas, bocados de carne y canciones que hacían peligrar la cubertería.


La vidriera que cuenta nuestra historia no sólo se compone de cristales de colores juntados al azar. Muchos de ellos se superponen para formar armonías más complejas. Otros tintinean suavemente cuando les roza la brisa. Los de más allá, ciertos días del año, dibujan arabescos en el suelo que sólo los niños curiosos saben descubrir.

Repetimos canciones y ritmos que alguien nos legó, como las personas sabias que crean las tradiciones. Brindamos hacia el oeste, con un cuerno en la mano, un tenedor en la otra, mirando a la croqueta, nombrando reyes enanos y pronunciando palabras en élfico, por Tolkien y los amigos ausentes. Trabajamos para que los que llegan, con el ánimo hambriento y los ojos brillantes, aprendan y disfruten.


Cuando al fin nuestra niña se duerme, nos descubrimos intentando jugar con las palabras para seguir contándole, de forma que pueda entenderlo, el cuento de un personaje pequeñito de pies peludos que un día decidió salir a correr aventuras.
Y se dejó el pañuelo en casa, aunque encontró una espada, y un anillo, y aprendió mucho. Y después vendrán los jinetes negros, cuando tenga edad para poder mirar a sus negruras con valentía infantil.


Cogemos los bártulos, a veces más grandes que nosotros mismos, para recorrer carreteras y aeropuertos cuidando de nuestra mercancía. Llegamos, abrazamos, tensamos cuerdas, desembozamos cañas y nos convertimos en melodía. Sólo pedimos un sitio donde tumbarnos y un bocadillo para la panza, pues errantes somos de nombre y de espíritu, aunque nuestro hogar esté en cualquier sitio donde haya otro bardo.


Quedamos en el único rato libre que nos deja la vida y, en el lugar más inverosímil: en la esquina de un bar, en la clínica de un amigo, en la recepción de un hotel, en el taller mecánico del secretario… desplegamos nuestros papeles y creamos una actividad sorpresa para los asistentes a nuestro evento. Con un foco de este, las tijeras de aquel, los cables de aquella, seguramente quedará bien.

Tiramos dados, nos pringamos de pintura y dibujamos tablas inexplicables con una lógica que sólo será sostenible cuando estén completas. Calculamos el daño que haría un cucharón en el coco de un orco, y cuánta fuerza le imprimiría un pequeño hobbit cobarde. Nos pasamos la tarde encolando alas de montura alada y cosiendo estandartes. Haciendo fichas, inventando las historias que otros vivirán por nosotros, con nosotros, a causa de nosotros.


Buscamos la tela más barata de la tienda. Buscamos otra tienda donde la tela sea más barata. Miramos con ojo crítico las fundas viejas del sofá, pensando en cómo quedarían convertidas en cortinas. Nos pinchamos, interminables veces, maldecimos a la máquina, liamos el hilo, tiramos los abalorios sin querer y nos pasamos media hora recogiendo bolitas del suelo. Cuando queremos darnos cuenta, es de noche. Qué fastidio.

Hay algo que nos impulsa, algo sordo y ciego que tira de nosotros. A veces nos sentamos, y miramos nuestros libros. Y nos preguntamos por la naturaleza de esa fuerza.
A veces nos vemos obligados a parar. Debemos dedicar nuestros esfuerzos a una saga-realidad que cada vez precisa de más trabajo. Pero cuando estamos a punto de quedarnos dormidos, en el paraíso del duermevela, avanzan reyes portando seis mil lanzas y enanos van a la guerra.


Conocimos a buena gente en el camino. Amigos, colegas, incluso a nuestras parejas. Nos leímos en la distancia, nos movimos para vernos. Nos salta el corazón cuando pensamos que en la próxima mereth o en la estelcon veremos a esas personas que tanto añoramos. Tachamos los días en el calendario, con la sonrisa más ancha a medida que las casillas en blanco van desapareciendo. La semana anterior es un puro nervio, y terminamos haciendo la maleta convencidos de que nos dejamos algo.

Inolvidable fue aquella tarde en la que, después de una obra de teatro, un buen concierto, un par de conferencias intensas y una cena divertida te sentaste en el rellano de la entrada del albergue. Cubierto con una capa mucho más grande que tú, charlaste hasta el infinito, con el cabello loco y los ojos cansados, sobre cómo descubriste el primer libro o leíste por primera vez aquella novela.


Y elaborando estos sueños, cosiendo estas esperanzas, tejiendo las redes donde se cuelgan los deseos futuros y los recuerdos pasados, es como el hilo de nuestra historia se va estirando, estirando, formando bucles y atando piezas, vibrando cuando un dedo lo pulsa, sosteniendo cuando necesitas asirte a él. Ves a otros que trabajan, en silencio o en animada charla, a tu lado, en el taller del destino. Y es con ellos, y es a través de ellos, como se alcanza con la punta de los dedos la eternidad.
Con las manos que se entrelazan para caminar seguros, con los puños que colaboran para tirar de una misma cuerda. Con las historias de las cuales, casi sin darnos cuenta y casi sin hacer nada, nos hemos convertido en protagonistas.



Protagonistas de una leyenda que se repite en cada reunión, en cada mereth, en cada estelcon, en cada artículo. Y así la vida se transforma, a través de un papel más fino que la piel, en un cuento.



Un cuento que puede empezar en cualquier lugar, a cualquier hora.


Como, por ejemplo, en un folio en blanco.

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit…"
Posted by Findûriel in , , , , , | 28.1.13 No comments
(Título extraído del poema 'Els tarongers de Sóller' de Josep Lluís Pons i Gallarza)

Terminaron las navidades, con muchos nuevos descubrimientos y alguna que otra aventura. 

Releyendo la entrada anterior, me he dado cuenta de que no os mencioné que aquella era la primera misa en catalán que había escuchado en mi vida, y que fue curiosa y divertida a la vez, desde el punto de vista filológico. También fue peculiar el hecho de que gran parte de la misa fue cantada, y una cantidad notable de oraciones y lecturas fueron en latín. Escuchar el padrenuestro en latín casi que pone los pelos de punta, más por temor heredado que por miedo adquirido. Por si acaso, os comento que la única formación religiosa (que no sacra) que recibí en mi vida fue la catequesis para la Primera Comunión, jamás recibí clases de religión en el colegio ni leí La Biblia hasta que tuve edad para aproximarme a ella desde un punto de vista no confesional.
Mi primer acercamiento a La Biblia fue con catorce años, fruto de una optativa que tuve en el instituto, "Introducción a la literatura". Tuve que leer el Libro de Josué y analizarlo literariamente, ahí fue donde aprendí a localizar versículos con esa notación tan particular que tiene La Biblia.

Fuimos a Segovia para Reyes, y allí pude comer churros. Una no se da cuenta de cuánto va a echar de menos algunos platos y alimentos... hasta que le faltan. Me pude comer unos churros, a la fresca de la tarde (unos dos/tres grados bajo cero) mientras mi chico tiritaba y maldecía el frío. No pudimos ver la cabalgata, pero fue porque dedicamos el día a compras de Reyes y a la visita del belén del Ayuntamiento de Alcobendas.



 Este belén, que bebía de las tradiciones napolitanas e historicistas, estaba recreado en paisajes de la Tierra Media creados por Tolkien. Los belenistas Taller del Arte Alcobendas habían trabajado muy duramente, y el producto era fantástico: todo comenzaba en una anunciación al pie de la instalación, seguida por un agujero hobbit, y después el pueblo de Bree, repleto de comerciantes, y donde se negaban a dar posada a María y José en el Poney Pisador.




 La recreación de los Argonath y de toda la ciudad de Minas Tirith era sobresaliente, llena de detalles (como una preciosa sala de sabios, o la escultura de Minas Tirith de Weta Workshop en el centro de una de las habitaciones) y mimada hasta el extremo.
Y había dos guiños más, un molino rohirrim y el pesebre, que no era otro que una antigua edificación medio derruída de factura élfica. 






Tuvimos una suerte tremenda, ya que hablamos con los belenistas a través de un socio (presidente de la Comisión de Juegos de la STE, y que escribirá una entrevista en nuestra revista, la ESTEL, sobre el belén) y nos dejaron quedarnos más allá del cierre, encendiéndonos las luces y la música para nosotros solos, e incluso dándonos acceso a la galería superior. Nos hinchamos a hacer fotografías, algo que nunca podremos agradecerles lo suficiente.
Ellos, por su parte, no cesaban de comentarnos lo orgullosos y honrados que se sentían porque miembros de la STE hubiesen visitado el belén y apreciaran su trabajo, desde el respeto y la profesionalidad.

Como detalle, os contaré que incluyeron al propio Tolkien en el belén, una foto del Profesor de cuando formaba parte de los Lancashire Fusilers.





Se vieron obligados a poner un cartel explicativo porque algunos visitantes les increpaban, molestos, por haber puesto una 'foto de Franco' en el belén.

Este enero también hemos viajado a Valencia. Además de pasar unos días maravillosos en casa de nuestros amigos Ana y Juanjo, hemos asistido a uno de los que será, sin duda, eventos del año: el cumpleaños XL.

Nuestro amigo Santi cumplía 40 años, y para tan magna ocasión, alquiló un precioso albergue rural donde pasar el fin de semana más increíble de los últimos tiempos. Éramos un montón de personas, aquello parecía una mereth... también porque muchas eran amigos de la STE, del smial de Edhellond (una de las delegaciones en Valencia).
Hubo de todo: peleas con espadas, taller de baile celta (impartido por una profesional), juegos, cenaza de gala, paella, globoflexia con Keleb-Dûr, tertulia literaria... ¡hasta mathoms!






Y, por supuesto, hubo música. Conciertazo de los Innerlands, que le regalaron a Santi su propia versión de "Flaming Red Hair" (la canción que baila Rosa Coto en la fiesta de cumpleaños de Bilbo, en la peli de P. Jackson) y dos conciertazos por la noche, de la banda antigua de Santi y la nueva, MAPS, de la que os sugiero que os hagáis 'fanses' a la de ya.
También hubo visita de última hora a la FNAC de Valencia, con un resultado fantástico. Por fin tenemos todas las pelis de Harry Potter, hay una Tardis encima del escritorio de mi chico, tenemos un gran volumen con novelas de Sherlock Holmes y me quité el mono de Buckyballs con un cubo pequeño, monísimo y rosa.

En otro orden de cosas, la mereth que está preparando la delegación mallorquina de la STE, el smial de Tol Eressëa, va viento en popa.


El formato de mereth urbana es algo novedoso. Las actividades estarán abiertas a todo el que quiera participar, inscrito o no, y además los asistentes que sí se alojen lo harán en un youth hostel en el centro de Palma.


Podéis consultar todos los datos en su blog.


¿Os vais a perder una mereth con un trailer tan friki? Las inscripciones para pensión completa acaban el jueves, pero hay modalidad sin alojamiento e incluso inscripción sólo para la Cena de Gala.


Findûriel
PD: Courtney sigue tan guapa como siempre. Os manda saludos.

Posted by Findûriel in , , , | 29.12.12 3 comments
Llegó el final del año, el remate, y aquí las cosas son iguales pero ligeramente diferentes.

Para comenzar diré que esto de tener un smial bastante numeroso en tu propia provincia es una maravilla. Aunque más o menos activos, se puede una embarcar en proyectos interesantes que llevar adelante con mucho entusiasmo.

El que nos ha ocupado en Navidades ha sido, indiscutiblemente, el estreno de "El hobbit: Un viaje inesperado". Asistimos al estreno el mismo día 14, en la última sesión del día, y todos sacamos algo que comentar del visionado. Es una pena que en Mallorca no haya llegado ninguna copia en V.O., ni tampoco se haya proyectado en 48fps, para poder verla tal y como se rodó. Pero sí comento que merece mucho la pena verla en 3D, aun con la sajada de precio, ya que se nota muchísimo que originariamente fue creada en ese sistema de imagen.

Los días 22 y 23 colaboramos en las Multijornadas Multifandom de Parabellum. Esta cafetería que se diversifica a través del warhammer, los juegos de cartas y los de tablero, es propiedad de unos amigos nuestros, y ha sido una maravilla poder invadirlos con nuestras propuestas. Hemos colaborado con gente tan interesante como nuestros amigos de Mallorca Fandom, una asociación de aficionados y profesionales de la fantasía y la ciencia ficción, o con la Asociación balear de amigos de las Bandas Sonoras (ABABS) que aprovecharon para descubrirnos todas las bandas sonoras que se han escrito sobre adaptaciones televisivas y cinematográficas de la obra de Tolkien.

Nosotros llevamos una mesa redonda, donde Xavier Real y yo hablamos de "El hobbit". La articulamos en dos partes pero colaboramos también entre nosotros, hablando primero sobre la génesis e historia de la novela (los Snergs, los hob-holes, los hobtrasgos, los exámenes en blanco...) y su repercusión en la cultura popular (literatura, arte, cine, música...). Esta segunda parte corrió a mi cargo y creo que se divirtieron bastante, con Xavi aprendieron un montón.

Tuvimos cena, quizshow (Guillem y yo nos llevamos el primer premio, compartido, el premio a la "mayor sagacidad"), música en vivo, danzas medievales, warhammer, presentación de libros... en fin, unas jornadas la mar de completas.


Sobre las fiestas en sí, ya hemos pasado Nochebuena y Navidad. La Nochebuena fue un poco bipolar, fue triste por ser la primera que paso lejos de mi familia, pero la verdad es que fue agradable pasarla en casa de mis cuñados.
Comenzamos cocinando algo que aportar a la cena, aunque luego nos encontráramos la mesa bien repleta. Hice unas empanadillas al horno (empiezan a ser ya marca de la casa) en dos variantes y, aunque hice más de treinta, ni una se volvió a casa. Fuimos a maitines, mi chico por devoción y yo por curiosidad. La Misa del Gallo en el pueblo de mi chico se celebra a las siete y media de la tarde, cosa que me pareció harto extraña, ya que siempre la vi en mi tierra a las doce de la noche. Me contaron un puñado de motivos, pero ninguno me convence por completo.

Al entrar, la iglesia estaba decorada con cientos de neules.


Y, ¿qué son les neules? Pues son unos círculos recortados en papel, muchos de ellos decorados en recorte con motivos religiosos o de la vida cotidiana. Parecía que en la iglesia estuviese nevando, o cayendo maná. Todos se hacen a mano, y los más elaborados se guardan de año en año en los canteros, para poder utilizarlos al siguiente.


 

Les neules están íntimamente relacionados con el Cant de la Sibil·la, manifestación folklórica y religiosa mallorquina que fue declarada recientemente Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Se cuenta que, con la espada que porta la Sibil·la, cortaba las cuerdas que sujetan les neules al finalizar el canto. Estas neules estaban hechas de obleas, y los fieles asistentes podían entonces comérselas. Se piensa que, como se armaba tal revuelo en la iglesia por coger las obleas, se terminaron haciendo de papel.


El Cant de la Sibil·la era otra de las razones por las que quería asistir a la Misa del Gallo este año. Los documentos más antiguos sobre su celebración se remontan al siglo décimo. La Sibil·la, profetisa perteneciente a la mitología clásica, fue cristianizada en esta tradición. La vemos acudiendo al palacio de Herodes, donde pretende profetizar el fin del mundo. Como teme que Herodes la hiera o la mande matar en el proceso, se muestra temerosa al principio, con lo que el propio rey le ofrece su espada. Con la espada en alto, frente al rostro, se protege durante todo el canto.

"Al jorn del Judici / parrà el qui haurà feyt servici..."



Normalmente lo interpreta un niño de una escolanía, o una mujer sola. En el caso del pueblo de mi chico, el Port de Sóller, lo interpretaron una mujer y un hombre, con insertos musicales al órgano. Me gustó bastante, pero en años sucesivos quisiera escuchar el de Sóller o incluso el de Lluc.
Algo que me chocó bastante es que la gente aplaudiera después. En mi tierra no se aplaude en las iglesias.

Luego nos fuimos a cenar con la familia de mi chico. Una cena normal, divertida, tranquila y a la vez llena de anécdotas. Quedó clara la devoción de los mallorquines por la carne y el queso, y estuvimos viendo en Ib3 algunas piezas clásicas y típicas, como el propio Cant de la Sibil·la de la Catedral de Palma.


En Navidad descubrí que, además de encargarse de los arreglos florales de la iglesia, mi suegra también poseía una pequeña colección de neules que había colgados en casa. Normalmente se come lechona (cerdo asado) el día de Navidad, contrastando con nuestro cordero pascual o recental, pero en casa de mi suegra tienen la tradición trocada y la lechona es para Año Nuevo. Comimos opíparamente, de nuevo, y nos llevamos a los sobrinos al cine. Como no había podido desayunar esa mañana chocolate con churros, que es lo que desayunamos en mi tierra siempre, me consolé con un Laccao con fartons. Otra vez será.

En Nochevieja tenemos planes con los amigos y, en Año Nuevo, comida con la familia. Luego nos vamos a mi tierra, a ver la Cabalgata y a propiciar, de nuevo, las risas familiares a mi costa cuando, una vez más (y siempre) me toquen los premios de todos los Roscones de Reyes.
Posted by Findûriel in , , , | 30.10.12 4 comments
Hace una semana fue mi cumpleaños. El primer cumpleaños que paso en la isla. El fin de semana fue como cualquier otro, con cena con los amigos y reunión de smial. Andaba bastante pachuchilla por la morriña por mi familia, y porque vi que no iba a ser nada especial, aunque los cumpleaños siempre lo sean... recibí un regalazo por parte de mi prima hecho por una amiga artesana amiga mía, de manos de oro y bayas de plata. Podéis ver su blog y curiosear en sus criaturas a la venta, aquí.

¡Mini Findûs!

Al final resultó muy especial por tres sorpresas que me esperaban agazapadas detrás de la esquina. La primera, por parte de mis compañeras de trabajo (y el cocinero), que me sacaron una tarta con velitas y todo después de la comida. La segunda, mis padres, que se presentaron en la puerta de casa de repente, desde Segovia, para compartir conmigo desde el día de mi cumpleaños hasta la noche de San Frutos. Me hicieron volver a casa en mente y alma, los días que más lo necesitaba, y disfruté con ellos esos días de lo cotidiano y lo extraordinario.

La tercera sorpresa fue... realmente inesperada, y profundamente hermosa. Sin casi darme tiempo desde la llegada de mis padres, que ya me tenía en shock, mi novio entró por la puerta llevando en las manos una jaula.

El mismo novio que se aparta cuando cualquier animal se le acerca. Sea un chihuahua, un gato o un pájaro. El mismo que no está acostumbrado ni siquiera al canto de un canario. El que se aparta con miedo, con rechazo, de un perrito que se acerca a olerlo.

Me traía a Courtney.


Hace años tuve una cobaya, a la que quise mucho. Se llamaba Judy. Murió a los tres años de tenerla. Judy era una cobaya excelente, aunque con malos hábitos que arrastraba de un maltrato en su casa anterior. Básicamente, vivía en un garaje porque a la mamá de su dueña 'no le gustaban las ratas'.
Mostraba comportamiento obsesivo, déficit de atención, y unos problemas dietéticos bastante severos. Creo que el tiempo que pasó conmigo fue todo lo feliz que pudo, reconocía mi voz y me llamaba cuando llegaba a casa. Se dormía en mi regazo enseguida.

Courtney es mucho más pequeña, y todo un enigma, un folio en blanco preparado para ser escrito pero con las instrucciones ocultas en tinta invisible. Tiene dos meses, y es una cobaya texel, estoy deseando ver el aspecto que tiene su ingobernable melena cuando crezca un poco. Me cabe en el hueco de las dos manos, pero es un alma inquieta y bastante rebelde.

Con ella he comenzado con paciencia y además con buenos hábitos. Come heno y pienso, principalmente, y estoy introduciendo verduras poco a poco. En grupos de dos, para poder saber qué le gusta y, además, si algo le sienta mal. Por ahora devora el pimiento verde y el pepino, roe el calabacín, y no le hace demasiado caso a los canónigos, la rúcula o el pimiento rojo. Mañana probaremos las espinacas, y volveremos a intentarlo con la zanahoria. Los días de la fruta serán el miércoles y el domingo, dado que sólo puede tomarla dos veces a la semana por su alto contenido en azúcar.

Le gusta mucho acurrucarse en la capucha de mi pijama, y esconderse en el trapito que le he puesto en la jaula a modo de hamaca (aunque sólo se lo pongo por la noche, para que no esté todo el rato oculta y socialice). También le gusta que la suelte en algún parque improvisado, la manzana (¡cómo la devora!) y el heno fresco. Se deja coger con facilidad, y no muerde. Sólo me mordisquea el jersey cuando la tengo encima y quiere que la devuelva a la jaula, normalmente lo pide para hacer sus necesidades.

Ya nos pide atención de vez en cuando, deja de estar tan asustada (aunque le gusta mucho correr y esconderse, instinto natural de presa) e incluso tolera que estemos cerca cuando come. Me espera por la mañana y por la noche para que le ponga sus ensaladas, y se vuelve loca por el heno fresco. Ayer, incluso, hizo su primer popcorning, y me alegró un día bastante cansado.

Es maravilloso tener de nuevo una mascota en casa, creo que paliará mucho la ausencia de Chester y Cuco. No paro de pensar en cosas que fabricarle, comida que comprarle o cositas que conseguirle (una henera exterior, un champú en seco, un túnel de heno...). Pero lo mejor de todo no es eso.


Lo mejor de todo es estar tumbada en el sofá, con ella en mi pecho medio dormida, y que surja de la nada la amable mano de mi novio y le dedique unos mimos. Lo mejor es escucharlo hablar por la mañana, mientras se pone los zapatos en la sala antes de ir a trabajar, y que le esté diciendo cosas a ella. Lo mejor es que se acerque, curioso, a ver cada nueva travesura o avance que le cuento sobre Courtney.
Lo mejor es poder compartirlo con él. Con la persona que no siente un apego especial por las mascotas, con la persona que no necesita ese especial afecto y consuelo que nuestros animales nos prestan. Con él, que lo hace por mí, y que lo hace con sinceridad, sin forzarlo, sin sentirse obligado.

Mientras, aprendemos cosas de la enana cada día, mientras nos demuestra sin cesar que es como sus bigotes: ingobernable.



Posted by Findûriel in , | 7.10.12 2 comments
Una canción que cantábamos de pequeños en parvulitos... recuerdo que en esta época hacíamos bolitas de papel de cebolla, en marrones y naranjas, y pegábamos con cola blanca las escamas crujientes de una naranja, o las olas susurrantes de una hoja caduca.

Siempre ha sido mi estación favorita, por muchas cosas.

Las castañas asadas con las que nos calentamos las manos, las hojas secas (me encanta pisar hojas secas), los bosques húmedos mientras buscamos setas, el olor de la tierra mojada y los verdes vivos entre la bruma.


Torrent des Pareis, tajando el paisaje

La noche que llega suavemente, el frescor de la mañana, las primeras chimeneas que se encienden e inundan el aire con los aromas de la salvia y el pino. La lentitud, la pereza, el adormecimiento de la naturaleza a nuestro alrededor. Los primeros jerseys suavecitos y cálidos, sentarse a bordar junto a la ventana, o a leer al lado de la cocina.


Hace un par de fines de semana nos fuimos a Palma, al castillo de Bellver, a un evento muy especial. La gente de ABABS (Asociación balear de amigos de las Bandas Sonoras), donde tenemos un par de amigos, organizaban el primer concierto monográfico de Bandas Sonoras. La Sinfónica de Palma, dirigida por Arturo Díez Boskovich (que nos estrenó dos de sus composiciones en bandas sonoras) hizo un espléndido homenaje a John Williams con un recorrido magistral por algunas de sus piezas más conocidas.
Mágico por el lugar, la música, la compañía, el clima... fue una noche más que memorable.


El paseo nocturno por Palma, después de la reunión de smial del sábado de la semana pasada, reveló un buen puñado de curiosidades. Oficios antiguos, placas de la Judería, ensaladas deliciosas, postres en conflicto...


Sigo echando de menos a los animales de mi casa en Segovia. Los gaturros de la calle me consuelan un poco esa ausencia, así como los ocasionales encuentros con los perros y gatos de mis amigos.


Últimamente ocupo casi todo mi tiempo libre en descansar. Aún no terminamos la temporada, pero aunque se supone que 'esto baja en octubre', no está siendo así. Seguimos con el mismo nivel de exigencias y el mismo volumen de trabajo. Y con menos personal. Así que estamos necesitados de bastante relax cuando por fin llegamos a casa.


Uno de los mejores días, sin duda, desde que estoy en la isla. El domingo pasado Aina nos preparó una excursión calmadita y hermosa por las montañas. Vivo rodeada de ellas, pero de vez en cuando subir arriba me inunda, si cabe, de aún más paz. Aprovechando la visita de mi prima y su novio subimos, bien apretaditos en el coche de Aina, por la Sierra de la Tramuntana. Yo ya la conocí cuando aún no era Patrimonio de la Humanidad, y creo que valoré su belleza como uno de los parajes naturales más hermosos que he tenido la suerte de pisar.
Paramos en Ses Barques mientras esuchábamos frikadas con instrumentos de sardana, y nos pusimos como sopas. En el Gorg Blau nos hicimos unas fotos con la columna pretalayótica, aprovechando que la lluvia escampaba. Observamos la majestuosidad del Torrent des Pareis y las montañas que lo circundan, desde uno de los miradores más impresionantes de la isla. Comimos en Lluc, por fin probé la porcella. Apadrinamos unas tejas y visitamos la iglesia, vimos la talla de la Vírgen y la capilla de los beatos.


Me encontré por allí, inesperadamente, a mi paisano San Alonso Rodríguez. Una de las cosas que haré cuando terminemos la temporada será seguirle el rastro por la isla. También nos dimos un buen paseo por el museo del monasterio, donde encontré una hermosa keara de cerámica. Y terminamos en Lloseta, recogiendo la cazadora de mi prima y 'fent un pensament' bastante largo.


Y así es como transcurren las cosas en este lomo de quelonio, despacito, como el andar de un caracol montañés. Esperando, siempre esperando, de nuevo, a la primavera. Y en la espera está la vida.

Findûriel

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